ES

Es, tu piel de seda
el verso último que queda
cuando ahítos de placer
esperamos a que amanezca.
Es, tu entrada misma
el rayo de sol que asoma
cuando enchido de amor
percibo tu dulce aroma.
Es poema y es verdad
cada espacio  recorrido
Es belleza de mujer madura
Tu esencia vital,  tu único latido.
Es fuerza de marea viva, es agua clara de manantial.
Es rugido de tormenta,  es pan que me alimenta.
Es sentido en esta absurda vida.
Es pregunta y es porqué. 
Es respuesta a este vacío.
Es mi único motivo.

ANA FERNÁNDEZ DÍAZ

CONTIGO APRENDÍ

Un domingo más, frente al tradicional vermú, me siento y reflexiono. Hoy lo hago pensando en mi madre

Recuerdo a mi madre cocinando en la vieja cocina de leña que había en mi casa cuando era una niña. Mi madre y la cocina van unidas siempre. Por eso uno de los deseos más recurrentes de mi madre durante este encierro es volver a comer todos juntos en su casa.

También va unido a la imagen de mi madre el trabajo duro, toda su vida ha sido una trabajadora infatigable. Lo sigue siendo aunque ya no esté en activo.

Mi madre trabajó en el campo cuando vivíamos en el pueblo. Allí la recuerdo con la espalda quemada por el sol recogiendo hierba durante los meses de verano o con los pies pingando en pleno invierno.

De ella aprendí que la hospitalidad es una obligación moral. También aprendí la honradez, la honestidad, el hacer lo que hay que hacer, la humildad, la tolerancia, el amor propio y muchas cosas más.

Aprendí que ser madre no es controlar y acaparar la vida de los hijos, sino dejarles la libertad para equivocarse y se ha tenido que contener mucho porque nos hemos equivocado una buena cantidad de veces. Aprendí que hay que estar siempre para los hijos aunque la hayan liado parda.

Aprendí también el valor de la familia, el optimismo, el disfrutar de la vida. Me enseñó a cocinar, a planchar, a lavar; lo intentó con la costura pero ahí no fui buena alumna, lo reconozco.

Mi madre es mejor abuela que madre y eso sí que es difícil porque como madre es perfecta.

Me enseñó que nunca es tarde para coger la maleta y cambiar de vida si la vida que tienes no te gusta.

Mi madre tiene un corazón muy grande aunque ahora necesite ayuda para latir.

Mi madre no tiene defectos. Es perfecta. Y la adoro.

Para ella va esta entrada de hoy.

Felicidades mamá.

Ana Fernández Díaz

LA HORA DEL SUEÑO

Llega la hora del sueño,
atraviesa el silencio un recuerdo,
se detiene ante mi y lo arrullo en mi seno;
lo miro de frente.
Quiero atraparlo y se va lentamente;
un olor, un sabor, un instante vivido.
Evoca mi mente también un sonido
una voz que me llama insistente.
Me despierto en estado semiinconsciente.
Ya no está, ya se ha ido.
Sigo en vigilia esperando el siguiente.

Ana Fernández Díaz

SIGO

El castillo de naipes caído,
la dama de corazones
rota en pedazos al suelo;
Solo queda en pie una carta,
esta, desde la que te escribo:
que aunque no quiera, sigo.
Con tambaleantes pasos

y el corazón encogido,

sin castillo, sin rey, sin destino,
sin mañana, pero sigo.
Y no quiero,
porque seguir es esfuerzo

doble, penoso, cansino.
Y este tiempo detenido,
incrementa este vacío.
No quiero seguir,
pero sigo.

Ana Fernández Díaz

LA MIRADA

Esta tarde, a punto hemos estado de decretar el estado de sitio en esta casa. Internet se ha caído y eso, con una adolescente en casa puede suponer una tragedia de dimensiones insospechadas.

El caso es que esta circunstancia, me ha llevado a retomar una lectura que tenía por ahí a medias. Se trata de “La comunicación no verbal” de Flora Davis. Casualmente, el capítulo que tocaba trata sobre el lenguaje de los ojos. De todos es sabido la importancia de las miradas en las relaciones interpersonales, pero llama la atención que también ocurra con algunos animales. Davis alude a algún estudio en el que se observan las reacciones de los primates en algunos experimentos con humanos, cómo estos adoptan unos comportamientos u otros dependiendo de la forma en que el humano les mira; de frente a veces, en las que se muestran iracundos; confiados y tranquilos cuando se presenta ante ellos con los ojos cerrados e incluso mostrando actitud deprimida y triste cuando el humano los mira desde otra habitación desde la que no le pueden ver. Parece ser que son extremadamente sensibles a las miradas. Entre otros muchos estudios, hay uno sobre la dilatación de las pupilas en distintas situaciones, sobre todo en el marco de conversaciones entre jóvenes que no se conocen, otros que se sienten atraídos, o cuando se encuentran ante una figura de autoridad.
Las pupilas se dilatan cuando nos gusta alguien, cuando resolvemos un problema aritmético, cuando vemos algo que nos gusta mucho; pero también cuando escuchamos una pieza musical que nos agrada o probamos una comida deliciosa. La pupila nos delata en múltiples ocasiones y lo que más me sorprende es que afirma la autora que tal vez por eso, las parejas hacen el amor a oscuras para evitar así el único contacto, el visual que es el que más tiende a profundizar en la intimidad sexual. Aquí tengo que discrepar con ella. Si evitamos profundizar en la intimidad, no se puede llamar a eso hacer el amor. No recuerdo haber hecho el amor con la luz apagada; para ser honestos, en este momento no recuerdo ya hacerlo, pero cuando lo he hecho, no ha sido con la luz apagada. ¿Habrá algo más bonito que mirar a los ojos en ese momento en total comunión? Lo dudo. Y pienso que en este tiempo en que habitamos, lo que más se echa de menos es precisamente el contacto visual cercano. Vemos a la gente de lejos, sin profundizar, a veces ocultos tras una mascarilla, sin pararnos a mirar a los ojos fijamente. Las miradas han pasado a ser tan lejanas como las distancias que nos separan.
Espero y deseo que seamos lo bastante inteligentes para aprender mucho de todo esto y también que seamos capaces de volver a mirarnos de cerca, muy de cerca, a los ojos.

ESTE ENCIERRO

Rebuscando dentro de la nada,
como un mendigo en un cubo de basura,
un resto que alimente ese fondo vacío,

en otro tiempo lleno de ternura;
Vacío de nutritivas palabras
enriquecedoras veladas,
ahora mas bien vanas.
Las agujas silenciosas
girando implacables este encierro.
El anhelo por volver a respirar la libertad
y un nuevo sueño.

Ana Fernández Díaz

EL JODIDO NÚMERO PRIMO

Yo soy el centro de todo

no un vértice al que llegar cuando ya no tienes otro camino que andar.

Yo soy el plano sobre el que transitar

plagado de puntos en línea hacia la eternidad.

Yo soy la raya del medio, a veces continua y a veces salteada.

Soy conjunto de blancos y negros, pero todos muy claros.

Soy infinita en afectos, en miedos y en sueños.

Y por una fracción de segundo, soñé que era par.

Fue solo un sueño.

Era prima.

Ana Fernández

DESPERTÓ

Y el amanecer del nuevo día la sorprendió

en una cama ajena que no conocía

escrutando alrededor algún vestigio de vida.

Silencio

Calor

Inmóvil debido a la presión

que otro cuerpo sobre el suyo ejercía

otros brazos rodeando los suyos

atrapada en sus manos

percibiendo su aliento.

Silencio.

Calor

Olor

A pasión de la noche anterior

al sudor del esfuerzo por llegar hasta allí

a cama repleta de sueños y besos.

Sonrió

Susurró un Te quiero

Dulce sueño

Ana Fernández Díaz

LA SOLEDAD

Esta bella soledad,

femenina singular impregna el momento haciéndolo intenso.

Va llenando los huecos vacíos con versos.

Ella acaricia mis manos , mis dedos cansados.

Puebla esta estancia y la llena de buenos recuerdos.

He aprendido a quererla y a echarla de menos.

Esta soledad elegida me acompaña y me inspira.

El paso del tiempo conspira entretanto, aunque ya no me da miedo mirarle a los ojos porque esta soledad cuida mis pasos, me recreo en su olor, en la esencia que deja cuando en la multitud no la encuentro a mi lado.

Y me siento feliz sabiendo que me sigue sin descanso.

ANA FERNÁNDEZ DÍAZ

REGALO DE REYES

Para Melchor, Gaspar y Baltasar por su inestimable contribución a esta humilde escritora.

La yema de su dedo, la pluma

La piel como campo de espigas,

el lienzo.

La tinta que fluye pigmenta

y rubrica su nombre sobre ella.

Las letras rodean sus cuerpos.

Geometría literaria a un tiempo.

Ana Fernández Díaz

Gracias …