SINERGIAS

Durante este confinamiento al que hemos estado sometidos, algunas personas emplearon su tiempo de encierro de múltiples formas diferentes: cocina, limpieza, bricolaje, repostería, etc. Confieso que he hecho incursiones en algunas de ellas, sino en todas y todas, me han aburrido soberanamente.

Tirando de mis facetas artísticas, decidí retomar la pintura, con la que había experimentado tangencialmente años atrás. Sorprendentemente no se me olvidó lo poco que sabía y he añadido nuevos conocimientos gracias a la omnipresente internet.

Aparejada a la actividad artística, he recibido noticias de valiosas amistades, algunas de las cuales me han inspirado para este pequeño experimento que hoy os muestro.

Por una parte, una amiga muy querida a la que admiro muchísimo como escritora y como persona, dejó en mis manos un audio con una preciosa voz interpretando uno de sus textos con una música de fondo.

Por otra parte, un amigo muy querido al que admiro muchísimo como persona y como escritor, decidió crear un blog en wordpress y en una de nuestras charlas durante la creación de su espacio, mencionó la idea de recitar poemas de otros con su cálida voz radiofónica.

Os recomiendo que visitéis sus respectivos espacios web porque son canela fina.

Todo esto y el tiempo libre que abundaba durante la cuarentena me llevó a valorar la idea de hacer mi propio vídeo poema; una idea que rondaba mi cabeza desde que recité algunos en público, pero que no había llevado a término todavía.

Como mis conocimientos tecnológicos son bastante escasos, nuevamente eché mano de mi querido Pedro que realizó toda la parte técnica, soportando mis cambios de opinión con estoica paciencia.

En su blog podéis encontrar el poema con una versión distinta de la pieza musical que lo acompaña y recitado por su voz, que suena infinitamente mejor que la mía.

Gracias Pedro

Espero que os guste

Ana Fernández Díaz

CONTIGO APRENDÍ

Un domingo más, frente al tradicional vermú, me siento y reflexiono. Hoy lo hago pensando en mi madre

Recuerdo a mi madre cocinando en la vieja cocina de leña que había en mi casa cuando era una niña. Mi madre y la cocina van unidas siempre. Por eso uno de los deseos más recurrentes de mi madre durante este encierro es volver a comer todos juntos en su casa.

También va unido a la imagen de mi madre el trabajo duro, toda su vida ha sido una trabajadora infatigable. Lo sigue siendo aunque ya no esté en activo.

Mi madre trabajó en el campo cuando vivíamos en el pueblo. Allí la recuerdo con la espalda quemada por el sol recogiendo hierba durante los meses de verano o con los pies pingando en pleno invierno.

De ella aprendí que la hospitalidad es una obligación moral. También aprendí la honradez, la honestidad, el hacer lo que hay que hacer, la humildad, la tolerancia, el amor propio y muchas cosas más.

Aprendí que ser madre no es controlar y acaparar la vida de los hijos, sino dejarles la libertad para equivocarse y se ha tenido que contener mucho porque nos hemos equivocado una buena cantidad de veces. Aprendí que hay que estar siempre para los hijos aunque la hayan liado parda.

Aprendí también el valor de la familia, el optimismo, el disfrutar de la vida. Me enseñó a cocinar, a planchar, a lavar; lo intentó con la costura pero ahí no fui buena alumna, lo reconozco.

Mi madre es mejor abuela que madre y eso sí que es difícil porque como madre es perfecta.

Me enseñó que nunca es tarde para coger la maleta y cambiar de vida si la vida que tienes no te gusta.

Mi madre tiene un corazón muy grande aunque ahora necesite ayuda para latir.

Mi madre no tiene defectos. Es perfecta. Y la adoro.

Para ella va esta entrada de hoy.

Felicidades mamá.

Ana Fernández Díaz

UN DOMINGO MÁS

Llega un domingo más y un domingo menos. Una vez más me visto para el vermú y mientras observo la calle, no está llena de niños aunque algunos pasan caminando de la mano de alguno de sus progenitores, mi mente me lleva a todas aquellas cosas que echo de menos en este encierro que vivimos.

Desde muy pequeña he sentido pasión por el baile. Las fiestas de «prao» aquí en Asturias han sido una tradición que viví desde mi infancia. En todas aquellas a las que me llevaban mis padres primero y a las que seguí yendo de más mayor, me acercaba a la orquesta y bailaba sin tregua. Aprendí a bailar entonces y siempre que escucho una cumbia, bachata, merengue, pasodoble o cualquier otro ritmo, mis pies se escapan a bailar. El único que todavía se me resiste es el tango, en parte por su complejidad y en parte porque no me gustaba demasiado; esto ahora ha cambiado y está entre mis favoritos.

Durante años, esta pasión se escondía latente dentro de mi, pero la vida me lo trajo de nuevo este pasado año y por fin me apunté a clase de baile. De la mano de Alejandra Tassis, empecé a conocer más profundamente los pasos básicos y la técnica adecuada.

Este parón en nuestras vidas ha hecho que también el baile se quedará ahí estancado pero no olvidado.

Volveremos a bailar y a disfrutar. Este freno ha sido capaz de sentarnos a pensar en todo aquello que realmente nos hace feliz.

Seguro que cada uno de vosotros estáis pensando en este momento en alguna de esas cosas que os hacían tan felices y hoy echáis de menos. Es el momento de ir anotando en la libreta para cuando podamos recuperar nuestras vidas.

Feliz Domingo

Ana Fernández Díaz

LA DESESPERANZA

Necesito un remedio

A este dolor que siento porque no estás conmigo

A esta incertidumbre que me acecha

A este contagio masivo de tu latente brecha

A este espacio infinito que nos une y nos separa

A esta duda que no cesa

A este no saber dónde vaga tu cabeza

Necesito algo que me ayude

A vivir esta maltrecha espera

Incierta como incierto el destino de ser dos o no ser nada

Aquí espero sentada

Como aquella estación de tren

Donde Penélope esperaba

Sentada en el andén vacío de esta sala

Escribiendo agarrada al bolso de la desesperanza.

Ana Fernández Díaz

MI MOTIVO

Estos días en los que no dejamos de cocinar, de comer, de hacer limpiezas varias, me he puesto a hacer limpieza también por aquí. Hay mucha obra que hacer, algunas cosas viejas para tirar, algunas para restaurar, colocar los cajones y colgar algún cuadro…

Entre todo eso, encontré mi primera entrada en este blog, en la que resumo mi porqué de estar aquí y de escribir; había pensado cambiarla porque ya está desfasada por las fechas, pero he decidido que no, la dejó como la escribí en un principio, así es como debe estar y así es como todo empezaba en este universo. Algunas cosas han cambiado mucho, entre ellas, que ya no tengo casi cuarenta, voy rondando los cincuenta, ya no estamos noche a noche pegados al Facebook y solo algunos mantenemos contacto, pero en este domingo de tremenda nostalgia, quiero compartirla de nuevo con vosotros porque conviene recordarse, de vez en cuando, quiénes fuimos, quiénes somos y a dónde nos dirigíamos antes de la catástrofe. No es bueno perder el rumbo y yo, había perdido mi brújula.

Junio 2012

EL REENCUENTRO

Durante toda mi infancia y parte de la adolescencia viví y estudié en un maravilloso pueblecito de la montaña asturiana. Como era un sitio pequeño, lo habitual era que tus compañeros de colegio fuesen siempre los mismos, de manera que desde los cinco años hasta los dieciséis compartías vida y experiencias con esos compañeros.

Después de eso era obligado marcharse a estudiar o trabajar fuera y la mayoría de ellos así lo hicieron, igual que yo. A algunos volví a verlos en ocasiones, a otros nunca más.

Hace un año, el destino y la vida que da muchas vueltas, decidieron que volviera a encontrar a alguno de ellos a través de una red social que todos conocemos y sin la que ya no podríamos vivir.

En Facebook encontré a Elia y a Carlos y en un café recordando los viejos tiempos pensamos que al destino, a veces, hay que ayudarle un poco. Decidimos reunir al resto de nuestros compañeros después de veintidós años en una cena a la que llamaríamos «El Reencuentro». Gracias a la colaboración de algunos más y después de mucho planificar, formamos nuestro grupo en Facebook y logramos reunirnos diecinueve de los treinta y uno que formábamos el último curso del instituto.

 El día 7 de Abril de 2012 fue una noche mágica para todos que disfrutamos como nunca. A partir de ese momento, nuestro espacio de encuentro es ese muro de compañeros, al que arribamos día tras día y en el que con cierta asiduidad, he ido publicando mis reflexiones; unas veces dedicadas a ellos y otras, a experiencias, sensaciones o rutinas cotidianas. Todos esos compañeros están en cada reflexión, alguno de manera más intensa.

De ahí surgió la idea de este blog, que nace sin ninguna pretensión más, que la de plasmar las ideas de una mujer de casi cuarenta, a la que la emoción de encontrarse con amigos a los que no veía desde hace veintidós años, le ha despertado una vena literaria que tenía escondida en algún rincón, esperando el catalizador que le hiciera salir. A mis compañeros, que han sido ese catalizador, va dedicado de principio a fin.

Gracias a todos por estar en mi vida

Ana Fernández Díaz

LA HORA DEL SUEÑO

Llega la hora del sueño,
atraviesa el silencio un recuerdo,
se detiene ante mi y lo arrullo en mi seno;
lo miro de frente.
Quiero atraparlo y se va lentamente;
un olor, un sabor, un instante vivido.
Evoca mi mente también un sonido
una voz que me llama insistente.
Me despierto en estado semiinconsciente.
Ya no está, ya se ha ido.
Sigo en vigilia esperando el siguiente.

Ana Fernández Díaz

SIGO

El castillo de naipes caído,
la dama de corazones
rota en pedazos al suelo;
Solo queda en pie una carta,
esta, desde la que te escribo:
que aunque no quiera, sigo.
Con tambaleantes pasos

y el corazón encogido,

sin castillo, sin rey, sin destino,
sin mañana, pero sigo.
Y no quiero,
porque seguir es esfuerzo

doble, penoso, cansino.
Y este tiempo detenido,
incrementa este vacío.
No quiero seguir,
pero sigo.

Ana Fernández Díaz

POEMA DE OTRA VIDA

Muda de razones para amarte, consciente de ganar esta batalla…

Muda de razones para amarte,

consciente de ganar esta batalla

contra el tiempo y la razón que me acompañan,

a ratos entregándome a la euforia,

a retazos confundida en la nostalgia.

Sin razón para encontrarme en otra historia,

sin motivos van mis huesos enterrados,

tus recuerdos ocupando mi memoria,

entre escombros del derrumbe sepultados

Ana Fernández Díaz