LA HORA DEL SUEÑO

Llega la hora del sueño,
atraviesa el silencio un recuerdo,
se detiene ante mi y lo arrullo en mi seno;
lo miro de frente.
Quiero atraparlo y se va lentamente;
un olor, un sabor, un instante vivido.
Evoca mi mente también un sonido
una voz que me llama insistente.
Me despierto en estado semiinconsciente.
Ya no está, ya se ha ido.
Sigo en vigilia esperando el siguiente.

Ana Fernández Díaz

SIGO

El castillo de naipes caído,
la dama de corazones
rota en pedazos al suelo;
Solo queda en pie una carta,
esta, desde la que te escribo:
que aunque no quiera, sigo.
Con tambaleantes pasos

y el corazón encogido,

sin castillo, sin rey, sin destino,
sin mañana, pero sigo.
Y no quiero,
porque seguir es esfuerzo

doble, penoso, cansino.
Y este tiempo detenido,
incrementa este vacío.
No quiero seguir,
pero sigo.

Ana Fernández Díaz

ESTE ENCIERRO

Rebuscando dentro de la nada,
como un mendigo en un cubo de basura,
un resto que alimente ese fondo vacío,

en otro tiempo lleno de ternura;
Vacío de nutritivas palabras
enriquecedoras veladas,
ahora mas bien vanas.
Las agujas silenciosas
girando implacables este encierro.
El anhelo por volver a respirar la libertad
y un nuevo sueño.

Ana Fernández Díaz

ALGUIEN QUE ME DIGA

Alguien que me diga, cómo se cierra una herida

que me explique cómo parar el chorro de tinta

empapando el papel y la vida;

una mano tendida que sepa cómo encontrar la salida

a este pozo de locura en que estoy hundida,

una puerta, ventana, escalera,

que me saque del mal que me aqueja

y que deje entrar aire

a estos pulmones sin sangre,

a este pecho aplastado,

a esta boca vacía;

alguien que me diga que sigo con vida.

Ana Fernández Díaz

MI VIERNES DE POESÍA

Este viernes llego un poco tarde, ya lo sé. La idea era subir un video recitando un poema en la Jam de hoy, pero no ha sido posible recitarlo por falta de tiempo, así que os dejo solo el poema y una pequeña explicación del por y para qué.

Cuando se es joven, más cerca de los treinta que de los cuarenta o incluso antes, y se sufre por amor, se piensa que ese dolor no acabará nunca. Bueno ese dolor se puede aplicar a cualquier edad, solo que después de los cuarenta, sabemos que uno se acaba recuperando y lo ve todo de un modo más sereno. Desde hace un tiempo, una persona a la que quiero, está pasando por un momento de estos que cuento. Para ella escribí este poema de hoy. Para ella y para todas aquellas personas que estáis viviendo algo parecido.

No puedo mostrarte el camino, ni devolverte los besos que diste.

No puedo estañar tus heridas, ni reembolsarte todas las caricias.

No puedo explicarte el porqué, de tantas y tantas mentiras.

No puedo ni debo engañarte, llorarás como nunca María.

Pero puedo cogerte la mano, arrullarte, mimarte si que puedo,

empeñarme en que vuelvas a SER,

insistir en que salgas adelante.

Es muy duro, lo sé, estoy contigo,

Pero todo se pasa mi niña.

Duele, quema, destroza por dentro,

es así de jodida la vida.

ANA FERNÁNDEZ DÍAZ