EL CUBO DE AGUA JAPONES

Hace unos días pude disfrutar con mi amiga de una experiencia de relax en el centro de talasoterapia de mi ciudad. Con un sin fin de piscinas, jacuzzis, chorros, y burbujas.

Pasamos por las diferentes zonas de baño, salado, dulce, cromoterapia, musicoterapia, piscina de agua salada, de agua dulce, pediluvio, que nos quedó el cuerpo molido.
Entre todas estas versiones, hay dos que merecen mención especial.
Una de ellas es un Flotarium.
“Una piscina de agua hipersalina, a 36 grados de temperatura en el que la luz es muy tenue, anulándose los estímulos visuales, y gracias a esta ausencia de estímulos externos se eliminan el 90% de las señales enviadas al cerebro, llevando a una situación de aislamiento sensorial que genera un estado profundo de relajación física  y mental”, palabras textuales con las que la describen.
Y la otra se encuentra dentro de los distintos circuitos que componen parte del recorrido. Concretamente dentro del circuito japonés.
Hay una ducha, que se llama cubo frío.
Yo pensaba que era una ducha con forma de cubo, y que el agua salía fría por todas las paredes del cubo.
Pues no.
Es exactamente lo que dice: una ducha, con un cubo de agua fría, o más gráficamente, entras en una ducha, tiras de una cuerda y haces que un cubo de agua fría se vuelque y te caiga encima.
Bueno pues esto que puede parecer una bobada, nos dio a mi amiga y a mi para reflexionar largo y tendido durante todo el resto del día.
Resulta que en el flotarium, en completa relajación, nos encontrábamos encantadas, relajadas y felices, pero cuando accionamos el cubo japonés y el agua fría nos cayó sobre la cabeza, dejándonos en estado de shock, nos dimos cuenta de que aunque hay momentos para la relajación, a nosotras en realidad lo que nos va son las emociones fuertes.
Y eso llevado a nuestra experiencia personal, describe perfectamente la manera que tenemos de vivir
No en vano dice:
Anita, a nosotras lo que nos va es el cubo frío japones.
¡Y yo no puedo estar mas de acuerdo!