COMO UNA OSTRA

Resiliencia es la capacidad para sobreponerse a traumas, periodos de dolor emocional y situaciones adversas.

Estaba leyendo sobre las perlas, estos singulares regalos de la naturaleza que usamos en joyería para convertirlas en bonitas creaciones, extremadamente apreciadas por su belleza.

Las perlas son fabricadas por un molusco, generalmente ostras, mediante un proceso natural. A finales del siglo XIX tres japoneses descubrieron el mecanismo que hacía que las ostras creasen esta maravilla y a partir de entonces, además de las perlas naturales también existen las cultivadas.

El proceso natural se produce cuando una partícula de arena, polvo o cualquier parásito, penetra en la ostra y queda atrapado dentro de ella, alojándose en el suave cuerpo de ésta, que para defenderse, comienza a cubrir esa partícula con una sustancia, carbonato de calcio, (a la que llamamos nácar), y con el paso del tiempo forma la valorada joya. La perla no es otra cosa que la acción defensiva de la ostra contra aquello que la ataca o la invade.

Lo que en un primer momento es un trauma, que hace que el animal sufra por su invasión, generando una coraza, acaba siendo una preciosa perla muy estimada por quien tiene la fortuna de encontrarla.

En la actualidad, el noventa por ciento de las perlas que se utilizan, son cultivadas, es decir, que mediante la acción del hombre, que deposita en el interior del bivalvo la partícula y propicia las condiciones adecuadas, la ostra fabrica la perla. El proceso no se realiza de manera natural pero sigue siendo el molusco quien la elabora, bien en granjas marinas o bien en lugares artificiales creados para tal fin.

El caso es que, en este animalito, he encontrado un buen ejemplo de lo que es la resiliencia, siendo atacado, invadido, por un extraño, es capaz de defenderse, mediante el nácar, que utiliza como sustancia calmante y acaba fabricando una maravilla de la naturaleza. No sé si la ostra será consciente de su hazaña, si ella sabrá apreciar la belleza de su trabajo de defensa, y a lo mejor sólo nosotros lo vemos. De igual manera, a veces no vemos la belleza de nuestras creaciones, del esfuerzo, del trabajo duro, de la lucha interior por reponernos a los reveses de la vida, que deja creaciones, en forma de personas más blancas, más puras, más brillantes, cada vez más redondas, y más bonitas.

Siempre habrá partículas invasoras, problemas, momentos duros, pero todos, por muy blanditos que seamos, tenemos la capacidad de adaptarnos a ellos, de superarlos y de salir beneficiados si podemos fabricar el preciado nácar dando mayor valor a nuestra joya interior.

Y tú, ¿quieres que la vida te pase sin pasarte nada, o prefieres fabricar perlas?

EL VIERNES DE POESÍA…

 

A veces vas buscando algo que no logras encontrar, y en medio de esa búsqueda, te topas con algo que no esperabas y que te sorprende. Te sorprende tanto o te emociona tanto, que ni siquiera recuerdas aquello que andabas buscando.

Esto me ocurrió un día mientras navegaba por la red y como acabo de explicar, el objeto buscado no apareció pero en cambio encontré este poema que esta vez no pertenece a un blog de los que sigo habitualmente sino que pertenecía a José Asunción Silva, poeta colombiano fallecido en 1896 en Bogotá que fue uno de los más importantes escritores de la primera generación de modernistas.

Estas pocas líneas, las guardé para un momento especial, y hoy os las regalo para que podáis disfrutarlas tanto como yo.

SUEÑO CONTIGO 

Tú no lo sabes…más yo he soñado

entre mis sueños color de armiño,

horas de dicha con tus amores

besos ardientes, quedos suspiros…

Cuando la tarde tiñe de oro

esos espacios que juntos vimos,

cuando mi alma su vuelo emprende

a las regiones de lo infinito,

aunque me olvides, aunque no me ames,

aunque me odies, sueño contigo!

José Asunción Silva

UNA HISTORIA DE AMOR

Seguramente la protagonista de esta historia no me leerá nunca, ni sabrá que yo he escrito algo dedicado para ella, pero yo siento la necesidad de contar su historia que me ha emocionado hoy.

Trabajar de cara al público tiene a veces mucho de desgaste emocional, teniendo que aguantar personas o situaciones que no son agradables. Pero hay veces que adoro este trabajo porque me da la oportunidad de conocer gente como, voy a llamarle María, que un día cualquiera, entra en mi tienda a comprar una joya y me deja algo mucho más valioso que su dinero, un aprendizaje de vida o una emoción enorme.

María compró unos pendientes y a cambio, sin apenas darme cuenta, me regaló su historia de amor con, voy a llamarle  José. Se conocieron con diecisiete años y se casaron con dieciocho. Me contaba María que llevaban toda la vida juntos, cincuenta y tres años en los que solo se separaron un mes cuando José  se marchó a trabajar a Bélgica, y ella le siguió después, para permanecer en ese país más de treinta años. Tuvieron hijos y nietos allí. Después regresaron.

Hace siete años, José  enfermó, y María hizo lo que mejor sabía hacer, que era cuidarle, llevaba toda la vida haciéndolo. Toda una vida luchando, trabajando, pero sobre todo cuidando uno del otro. Con esa devoción que solo tienen los amores eternos, los de nuestros abuelos. Mirando más para el otro que para uno mismo. Lo cuidó  cada día hasta hace un año que se fue.

 —Estábamos muy unidos, era el amor de mi vida, me cuenta con brillo en los ojos. A José y a mí no nos hacía falta hablar, sólo con mirarnos ya sabíamos lo que el otro quería decir. Y yo ya sabía cuando le dolía algo, o cuando necesitaba cualquier cosa.

María no quiere irse muchos días de su casa porque aún le tiene muy presente. Siente que duerme a su lado, cuando por la noche estira la pierna buscando la suya y la encuentra, le avisa cuando sale a pasear cada día y cuando regresa. Llevaba tantos años haciendo lo mismo que es una costumbre muy arraigada.

—Le siento en casa conmigo.

Escucharla contar cómo le cuidaba cuando ya estaba muy malito emociona. Cuenta que no le daba nada de guerra, que era muy buen enfermo, a pesar de la dureza de su enfermedad. Ella, que tenía que operarse de cataratas, no iba al oftalmólogo porque si la llamaban para operarse, se podían retrasar las pruebas de su marido si ella no estaba en casa para coger las citas, y sólo quería que sus pruebas, las de él, fuesen más rápido.

—¿Me dejas que te dé un abrazo María?

—¡Claro hija, que me hace mucha falta!

María y yo nos abrazamos emocionadas porque su historia  es de las que te hacen creer  en el amor para toda la vida, en las buenas personas, en la admiración y el respeto.

Mi homenaje hoy es para María y para José, y para todas las Marías y todos los Josés que nos demuestran lo que significa amar incondicionalmente a otra persona. Dedicar una vida entera al amor de tu vida y compartir con él hasta el último suspiro.

 

 

EL VIERNES DE POESÍA CON HENAR

El poema de hoy viene de la mano de una mujer a la que adoro y admiro. Es irreverente, traviesa, macarra, impulsiva, vehemente, violenta, pendenciera, pero también pasional, sensual,  atractiva, erótica, lujuriosa….Lo tiene todo. Aunque lo que más me gusta de ella es su manera de escribir.

En su blog Pensando en la oscuridad, encontraréis relatos sangrientos, colaboraciones, poemas, acrósticos. Es una mina de talento con explosivos contenidos.

Con tanto donde escoger es difícil decidirse, pero este soneto es una delicia y yo me quedé también atrapada entre sus rejas.

SIN CONFESIÓN, SIN TESTIGOS, UN DELITO 

Porque conocía historias de excesos,
de vicios en la oscura madrugada,
entre dos barrotes quedó arrestada,
como versos en un soneto, presos.

Como perra que gruñe por sus huesos,
o agita la cola al ser visitada,
creyó merecer ser sacrificada.
¡Que le corten la cabeza a sus besos!

Solo era un pensamiento clandestino,
consecuencia de las contradicciones
halladas en el deshecho camino.

Se liberó con el tiempo u otro sino.
Escribió para amansar emociones.
Creyó haber salido del torbellino.

HENAR DE ANDRÉS

 

AQUÍ Y AHORA

“Los niños no tienen ni pasado ni futuro, …, disfrutan el presente”

JEAN DE LA BRUYÈRE, Les caractères

Tener excelentes amigos tiene muchas más ventajas que inconvenientes. Una de esas ventajas es que te hacen regalos estupendos que te ayudan a ser mejor persona.

Mi amiga Ana me regaló uno de esos libros de los que hablo, y en la primera página ya, me encuentro con una frase que me sirve para la reflexión de hoy.

Durante la infancia, el tiempo pasa lento,  en llegar las vacaciones, tarda en pasar cada trimestre, tarda en llegar Navidad, tarda en llegar el cumpleaños, tardamos en crecer, en hacernos adultos, la mayoría de edad se hace eterna. Sin embargo la conciencia de que ese tiempo pasa lento, se hace patente en ocasiones muy puntuales, el resto del tiempo vivimos el presente con dedicación plena. No nos importa el pasado ni el futuro. Sólo el aquí y ahora.

Crecemos y empiezan las preocupaciones por el futuro. Los estudios, el trabajo, la pareja. Siempre pensando en lo que tiene que venir. Es el primer momento en que dejamos de vivir el presente para enfocarnos en lo que vendrá.

Maduramos y se añade un nuevo actor a la tragedia de vivir, el pasado.  A la vez que seguimos con las preocupaciones de lo que vendrá, de los hijos, de la casa, empezamos a lamentar lo que se fue y no vuelve, la nostalgia de lo que pudo haber sido y no fue, de lo que no hicimos, de lo que no dijimos, de lo que hicimos y nos pesa. Nuevamente nos olvidamos del presente, y esta vez miramos adelante y atrás en lugar de disfrutar del aquí y ahora.

Esto se hace mucho más intenso con la crisis de los cuarenta, que nos recuerda que estamos a mitad de camino y es aquí cuando entra el vértigo de vivir. A mi me ha ocurrido así al menos. Es la terrible sensación de que lo que no hemos hecho, ya no podremos hacerlo, de que vamos tarde para según qué cosas. Esto genera una terrible ansiedad que a veces nos lleva a realizar verdaderas locuras pensando que es ahora o nunca. A algunas personas, esta sensación las lleva a profundas depresiones.

Cuando esta  crisis va moderando su intensidad, nos empezamos a dar cuenta de que no es tan terrible como pensamos. A medida que he ido leyendo artículos y opiniones sobre esta etapa de cambio, he ido dándome cuenta de que a todos nos ocurre algo parecido. Una vez que se va superando la parte más dura de ella, llega el aprendizaje. Siempre hay tiempo para cultivarse, para explorar, para amar, para estudiar, para realizarnos, sentirnos útiles.

Aprender a aceptar que la vida es el camino a recorrer, no la meta. Aprender a vivir el aquí y ahora, porque no sirve de nada lamentar lo que ya pasó, ni apenarnos por lo que nos queda, sea mucho o poco, que eso si que nunca lo sabremos. Cobra más  sentido que nunca la frase “vivir el presente”. Conscientes de que todo puede acabar en un momento.

También aprendes que cada día, tus personas queridas, estarán a tu lado por lo que eres, y no por lo que tienes. Por lo que significas para ellas, no por lo que les puedes dar. Das valor a lo que realmente lo tiene, que casi nunca es lo que puedes comprar con dinero, y dejas de llorar por lo que no pudo ser porque el tiempo pasado no vuelve.

Es hora de sentirnos niños y volver al momento presente. Sin recordar el pasado, ni ansiar el futuro. Aquí y ahora.

EL VIERNES DE POESÍA CON M.J. BERISTAIN

Hace muy poquito tiempo que descubrí el blog de María Jesús Beristain. Lo encontré por casualidad en una conocida red social y ha sido un gran regalo.

Apuntes de salitre contiene arte, fotografías, poemas, relatos, música, dentro de un marco estéticamente perfecto.

En la categoría  de poemas hay auténticas joyas como esta que hoy os traigo, una vez más, hablando del amor y del olvido.

Os recomiendo visitarla

CAMINO DE LUNAS LLENAS   

Buscar un volcán ávido -tu boca-
haciendo un alto en el camino,
nunca lo entendieron ni el horizonte
ni la masacre de minutos
que fuí enhebrando despaciosamente
con dolor de arcilla en el aliento.

Menos mal que el viento
ha hecho estragos y ha trazado
un camino de lunas llenas
con las huellas de tu ausencia
-un pasatiempo-
por la piel dilatada del crepúsculo.

Ah!, mira que fui trenzando cerezas lentas
a la corteza rumorosa de los álamos desnudos
para emborracharme de resina
y enamorarme del olvido…


M.J.B.

 

 

8 DE MARZO

Día de la mujer trabajadora.

Vaya por delante que a mi no me gusta celebrar este día, igual que no me gusta celebrar otros días que defienden derechos que yo considero innatos y que el simple hecho de celebrar hace que no se normalice.

Bueno pues esta mañana durante un debate con mi querido amigo Óscar acerca del feminismo, el machismo y las distintas maneras de definir la igualdad, resulta que llegamos a un punto en que voy al diccionario de la RAE para averiguar cuántas mujeres componen esta institución.

Mi sorpresa es mayúscula cuando en el apartado La presencia de la mujer en la RAE descubro que, si bien en 1784 María Isidra de Guzmán y de la Cerda fue admitida como Académica honoraria, a lo largo de toda su historia, las mujeres han sido rechazadas como miembros de tal institución.

Sesenta y nueve años después, Gertrudis de Avellaneda solicitó su ingreso y esto tuvo como consecuencia un largo debate que culminó con la prohibición de las mujeres de participar como académicas de número. Prohibición que se mantuvo hasta principios del siglo XX.

En 1912 rechazaron a Emilia Pardo Bazán, en 1928 y 1930 a Concha Espina, en 1928 admiten la candidatura de Blanca de lo Ríos pero no sale elegida, igual que ocurre con María Moliner en 1972. Casi trescientos años después de su fundación, en 1978, una mujer, Carmen Conde,  ejerce por primera vez el cargo de Académica de nombre en el sillón con la letra K.

Esto en una institución que se dedica a la regulación lingüística de los territorios que componen el mundo hispanohablante.

Será que durante esos trescientos años las mujeres no tenían nada que decir…

Largo camino recorrido.

Hoy no hay reflexión. Cada uno que haga la suya propia.

Ah, se me olvidaba, de los cuarenta y seis miembros que la componen, las mujeres ocupan ocho sillas!

 

 

 

EL VIERNES DE POESÍA CON AWILDA

 

El fin de semana pasado tuve en mis manos un libro, Seda, de Alesandro Baricco.

Esta novela nos enseña lo que es el amor verdadero, sin pedir nada a cambio, el amor desinteresado, puro, el darse por completo sólo por la felicidad del otro.

Y el poema de hoy me ha recordado esta novela. Me ha parecido tan bonito que no me he podido resistir a compartirlo con vosotros.

Yo también quiero ser lluvia en tu pradera, y verte florecer en primavera.

Os recomiendo visitar el blog de Awilda porque es un lujo para los sentidos.

VERTE FLORECER

Ví tu tierra algo sedienta…
Y te imaginé pradera,
Saliendo allí muchas flores
Enamorando a cualquiera.

Y sólo quise regarla
Esperando que pasara,
La sequedad de tu tierra
Y con mi agua mojarla.

Ese es el  riesgo que corre,
Quien riega hasta que florezca,
Que alguien corte y se robe,
Las flores tan pronto crezcan.

Y no me importó, ya sabes
Yo quería que así fuera
Que como vuelan las aves,
Fueras flor en primavera.

Quizás sólo he sido lluvia
Que te ha mojado o refresca
Quizás si el cielo se nubla
Se sientan gotas muy cerca.

Pero así te quiero… todo,
Completo, verde, con flores
Como  pradera a colores
En donde sólo había lodo.

Y si tus flores de hoy
Decides que no sean mías,
Tranquilo, yo no me voy,
Soy como lluvia tardía.

No he decido regarte,
Por lo que tú a mí me dieras
Sólo he decidido amarte,
Para ver tu primavera.

Ver el sol en tu montaña
Ver su Luz en tus mejillas
Ver tus flores de mañana
Ver que con mi amor, tu brillas.

Me encanta ver tu pradera…. ♥