LA MIRADA

Esta tarde, a punto hemos estado de decretar el estado de sitio en esta casa. Internet se ha caído y eso, con una adolescente en casa puede suponer una tragedia de dimensiones insospechadas.

El caso es que esta circunstancia, me ha llevado a retomar una lectura que tenía por ahí a medias. Se trata de “La comunicación no verbal” de Flora Davis. Casualmente, el capítulo que tocaba trata sobre el lenguaje de los ojos. De todos es sabido la importancia de las miradas en las relaciones interpersonales, pero llama la atención que también ocurra con algunos animales. Davis alude a algún estudio en el que se observan las reacciones de los primates en algunos experimentos con humanos, cómo estos adoptan unos comportamientos u otros dependiendo de la forma en que el humano les mira; de frente a veces, en las que se muestran iracundos; confiados y tranquilos cuando se presenta ante ellos con los ojos cerrados e incluso mostrando actitud deprimida y triste cuando el humano los mira desde otra habitación desde la que no le pueden ver. Parece ser que son extremadamente sensibles a las miradas. Entre otros muchos estudios, hay uno sobre la dilatación de las pupilas en distintas situaciones, sobre todo en el marco de conversaciones entre jóvenes que no se conocen, otros que se sienten atraídos, o cuando se encuentran ante una figura de autoridad.
Las pupilas se dilatan cuando nos gusta alguien, cuando resolvemos un problema aritmético, cuando vemos algo que nos gusta mucho; pero también cuando escuchamos una pieza musical que nos agrada o probamos una comida deliciosa. La pupila nos delata en múltiples ocasiones y lo que más me sorprende es que afirma la autora que tal vez por eso, las parejas hacen el amor a oscuras para evitar así el único contacto, el visual que es el que más tiende a profundizar en la intimidad sexual. Aquí tengo que discrepar con ella. Si evitamos profundizar en la intimidad, no se puede llamar a eso hacer el amor. No recuerdo haber hecho el amor con la luz apagada; para ser honestos, en este momento no recuerdo ya hacerlo, pero cuando lo he hecho, no ha sido con la luz apagada. ¿Habrá algo más bonito que mirar a los ojos en ese momento en total comunión? Lo dudo. Y pienso que en este tiempo en que habitamos, lo que más se echa de menos es precisamente el contacto visual cercano. Vemos a la gente de lejos, sin profundizar, a veces ocultos tras una mascarilla, sin pararnos a mirar a los ojos fijamente. Las miradas han pasado a ser tan lejanas como las distancias que nos separan.
Espero y deseo que seamos lo bastante inteligentes para aprender mucho de todo esto y también que seamos capaces de volver a mirarnos de cerca, muy de cerca, a los ojos.

OJOS DE MUJER

Una de las señales inequívocas de que me estoy haciendo mayor es que me veo mucho mejor sin maquillaje o con apenas un poquito que resalte lo bueno, que con la cara cubierta intentando tapar lo menos bueno.

Otra de las señales es que empiezo a ver a las otras mujeres con admiración, y me gusta mirarlas a los ojos e intentar descubrir lo que llevan dentro.

Los ojos de las mujeres maduras encierran tesoros escondidos que para aquel o aquella que sepa mirar fijamente pueden resultar treméndamente valiosos, esclarecedores, atractivos, sugerentes, profundos, reveladores y muchas cosas mas.

Pero es necesario mirar y ver.

Hay ojos de mirada pícara, alegres, sonrientes, que encierran deseos de crecer, de aprender, ojos de gata que ronronea pidiendo atención y que luego es una auténtica pantera.

Hay ojos de niña traviesa, vitales, sensuales, que llevan dentro historias duras de dolor y sufrimiento, y una fuerza interior que asusta.

Hay ojos de mujeres que contienen luchas  internas  por encontrarse,  caminos duros en soledad sintiéndose distintas y profundos vacíos llenados con lágrimas.

Y hay ojos de mujer que trasmiten dulzura y alegría. Una infinita ternura que mana de su interior y la energía y la confianza suficientes para seguir en pie pese a todas las adversidades.

Todos esos ojos los he visto, y a todas esas mujeres también.

Solo hay me fijarse bien.

Seguro que tu también las puedes ver.