EL ELEMENTO

 

Lo malo de ponerse a leer es que una empieza a hacerse preguntas. Lo malo o lo bueno, no lo sé.

Según un estudio reciente, hecho por mi misma, a mis amigos y conocidos, y tan reciente que lo realicé hace tres días, resulta que un noventa y cinco por ciento de las personas encuestadas, de no trabajar en lo que trabajan, lo harían en otra cosa que no está relacionada con su profesión actual.

De esas que escogerían otra profesión distinta a la suya, un sesenta y cinco por ciento lo haría en algo que no tiene absolutamente nada que ver con lo que hacen ahora. El resto aunque escogerían otra profesión distinta, si que de alguna manera estaría relacionada con lo que hacen.

Cómo es posible que una fisioterapeuta quiera ser cantante de rancheras o guardia civil?

¿Cómo es que un filósofo querría ser jardinero?

Y una profesora de música que quiere ser periodista, una ingeniera informática, reportera de un programa de viael elemento_reflexionesalbordedeloscuarentajes.

Un diseñador gráfico, alfarero u hostelero.

Un fotógrafo que quiere ser cocinero.

Hay incluso uno que quisiera ser Nacho Vidal. Lamentablemente eso no lo puede cambiar. Habría que preguntarle a Nacho Vidal si le gustaría cambiar de profesión, o si siempre quiso hacer lo que hace, aunque intuyo la respuesta.

Todas estas preguntas y respuestas que son completamente reales, nos dan una visión muy clara de la realidad que vivimos a diario.

Hay un pequeño número de personas que disfruta mucho con su trabajo, e incluso, que son, lo que siempre quisieron ser. Pero hay un número enorme que si volvieran atrás el tiempo, escogerían otro trabajo para su vida.

Eso no quiere decir que no estén satisfechos con la actividad que realizan, pero si que, de alguna manera, no es lo que les haría felices por completo.

A lo mejor en su momento no tuvieron medios económicos para realizar los estudios que hubieran querido, o que por aquel entonces les parecía la mejor opción como salida profesional, o simplemente que han cambiado su forma de ver la vida y ahora preferirían ganar menos a cambio de vivir mas tranquilos.

No lo sé.

He conocido y admirado siempre a aquellos que desde pequeños han sabido lo que querían hacer en la vida y lo llevaron a cabo. Esos que como dice Ken Robinson, que es el culpable de este post, encontraron El elemento:

– “Allí donde confluyen las cosas que se te dan bien y las que te encanta hacer”.

Lo ideal sería encontrar “El elemento” a una edad muy temprana, ayudados por padres y profesores, y por eso deberíamos apostar.

Pero hay un porcentaje enorme de personas que no lo han encontrado y lo siguen buscando todavía después de muchos años.

Esas son las más interesantes que conozco, porque la búsqueda nos lleva al conocimiento, al interior, y al que nos rodea. Y mientras lo encontramos y no, nos enriquecemos por el camino.

Se puede estar insatisfecho, pero nunca se puede abandonar la búsqueda. Y quién sabe, quizás en ese camino encontramos aquello en lo que nunca reparamos y que yacía escondido en nuestro interior.

A lo mejor “El elemento” es la búsqueda en sí misma.

Y por último, si no estamos satisfechos, nunca es tarde para cambiar.

El día que ya no podemos hacer nada es el día que morimos. Mientras tanto, el camino está por hacer.

No dejéis de buscar.

SUGERENCIAS PARA ELLOS

Después de veinte años trabajando en comercio, os podría contar miles de historias referentes a la compra/venta de regalos. Pero este post de hoy va dedicado a los señores que compran regalos para sus parejas mujeres. Hago esta especificación porque los señores que compran regalos para sus parejas hombres, no tienen nada que ver con lo que hoy nos ocupa.

Este post de hoy es una queja, o una sugerencia, o una idea, o un tirón de orejas, no lo sé muy bien. Lo que si sé, es que hay un patrón que se repite y que he comprobado a lo largo de estos veinte años, y si alguno de vosotros me lee, por favor, hacedme un poquito de caso y vuestra vida de pareja mejorará considerablemente.

Cuando trabajaba de florista era muy sencillo, o entraban a por un ramo de rosas o a por una corona, no había muchas mas opciones. En el segundo caso no había sugerencia posible. Eran muy pocos los que se aventuraban a comprar una planta o alguna flor, que si bien tenía menos valor que las rosas, quizás guardaba mucho más significado.

En la tienda de decoración, sobra decir que si entraban a por un regalo, siempre sugería algo personal, pero si el interesado se empeñaba en llevar  cualquier  artículo para la casa, yo le compadecía y envolvía el regalo con mi mejor sonrisa pensando:

-¡Pues va a ser que hoy no follas amigo!

Naturalmente también compadecía a la receptora del regalo.

Y por último en la joyería. Ahí pensaréis que está muy fácil. Pues no!

Hay un espécimen raro, muy raro, que sabe lo que a su pareja le gustaría, de qué marca es, y hasta la talla. ¡Si señores, también hay tallas!

Los anillos se miden por tallas. Incluso alguno, me trae el anillo de ella, para que yo lo mida. Estos son contados pero para comérselos.

Pero la gran mayoría, se divide en dos tipos que merecen mención.

Al primero lo define esta frase:

-“Escoge tú que tienes mas gusto y si no le gusta que lo cambie.”

De lo malo me dejan a mi el dudoso honor de escoger el regalo para su pareja, una señora a la que no conozco de nada, y que probablemente vendrá a cambiarlo pensando que la dependienta quiso timar a su marido vendiéndole lo peor de la tienda.

Y el segundo es aquel que no encuentra nada que le guste a el, a su mujer, a su bolsillo, etc…, y remata con un:

-“Prefiero ir a lo seguro así que la traigo y que escoja ella lo que quiera porque yo nunca acierto.”

A estos los estrangulaba con el lazo de envolver los paquetes.

Si nunca aciertas es porque no la conoces en absoluto, o no la escuchas, o no la miras a los ojos, o no la acaricias.

Y luego hay un tercer eslabón perdido que directamente envía a su madre a comprar el regalo para su pareja. Estos no puedo calificarlos lo siento.

He hecho una pequeña encuesta, entre mis amigas y sus respuestas han sido de lo mas instructivo. Ahí tenéis algunas sugerencias por si en algún momento os apetece dar un vuelco al corazón de la persona amada.

Nos sirve:

-Un finde de relax en pareja.

-Un par de horas en un spa.

-Un curso de surf o similar.

-Una carta de amor.

-Un perro, un gato o cualquier mascota que nos guste.

-Un picnic a solas.

-Una fiesta sorpresa con la gente que mas queremos.

-Cualquier pequeño detalle sin venir a cuento.

-Un libro firmado de nuestro autor favorito.

-Una piedra de la playa por la que paseamos la primera vez.

-Una pulsera de hilos de colores de esas que pides un deseo y hay que conservar hasta que se rompa.

-Una cena hecha por vosotros.

Como podéis comprobar, no hace falta mucho dinero para la mayoría de los regalos de esta lista. Son cosas simples escogidas con mimo y mucho amor. Detalles que valen más por su significado que por su valor económico. Sólo es necesario poner atención en la persona que tenéis al lado.

Mirarla y verla.

P.D. Nosotras también metemos la pata con los regalos, pero ese tema lo dejo para otro día.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TE ENCONTRÉ

La encontré bajo una mesa. Se había escondido. Llevaba varios años allí.

Una vez fue vital, divertida, simpática, alegre, enérgica.

Arrastraba una gran fuerza interior que ni conocía, casi tan grande como su sonrisa permanente, que a veces no le llegaba a los ojos.

Era una leona disfrazada de gacela.

Y su capacidad de amar era infinita.

Sabía curar heridas.

Enamoraba su sentido práctico para decir: “Las cosas son así, quedémonos con lo bueno”.

Y en algún momento del camino, se perdió. No supo cómo.

La rutina dejó paso al aburrimiento. La apatía se instaló en su vida.

El abandono de ilusiones, la falta de reconocerse a sí misma y valorarse a costa de que dejaran de reconocerla y valorarla.

Yo la encontré allí acurrucada, casi escondida.

Le ofrecí la mano, pero no confiaba. Creyó que no podía salir. Las piernas estaban entumecidas de permanecer tanto tiempo agachada.

Me dediqué a cuidarla, a mimarla.

Fueron horas leyéndole, cantándole, intentando sacar su luz afuera, que no sólo no se había apagado, sino que era capaz de iluminar una ciudad entera.

Y cada pequeño gesto fue un aprendizaje.

Hubo momentos duros.

Cuando conseguí que estirase las piernas un poco, dolían, el hormigueo le hacía padecer calambres. Pero aguantó el dolor.

Luego fueron los brazos, y después el resto del cuerpo.

Y tres años después conseguí que saliese de su encierro.

Una manta, cosida por cada mano amiga, la protegió del frío, y cada una de esas manos le sirvió de bastón por si tropezaba.

Recordó que antes pintaba, leía, escribía, escuchaba música.

Y entonces descubrió que sólo ella podía curarse a sí misma, con ayuda de esas manos pero desde dentro de sí.

Y entendió que reconocerse y valorarse era la mejor manera de caminar.

Y cuando se cuidó a sí misma, entonces empezó a cuidar de los demás.

Y un día alguien le preguntó si no se cansaba de atender, cuidar, proteger, escuchar.

-Jamás,  respondió, porque esa era su misión en la vida.

 

 

AUTORETRATO

Tengo una amiga que escribe postales de navidad en junio. Y yo la entiendo. ¿Por qué?, pues porque estoy igual de loca que ella.

Escribo cartas de agradecimiento como regalo de reyes, doy abrazos sin pensar, bailo sola cuando nadie  me ve.

Me emociono con un abrazo, me late fuerte el corazón con una mirada.

Lloro en las bodas, y me resguardo en mi interior en los funerales.

Respiro hondo cuando estoy sola al sol.

Digo “te quiero” sin venir a cuento.

Me gusta mojarme con la lluvia y abrazarme cuando me despierto temprano.

Me importa más una carta de amor que un anillo de brillantes.

Observo personas e intento saber cuál es su estado de ánimo por su manera de caminar, hubo un tiempo en que incluso las clasificaba por colores. Y otras veces las veo y me meto en su cuerpo y se cómo se sienten.

Me encanta sorprender a los que quiero.

Se me eriza la piel con una canción.

No tengo límites cuando me enfado. Tampoco cuando amo.

No me cuesta perdonar.

Sueño despiertautoretrato_reflexionesalbordedeloscuarentaa con el futuro.

Creo firmemente que cuando deseas una cosa con fuerza, ocurre.

También sigo creyendo en la bondad de las personas y me gusta encontrar la fibra sensible de cada una.

Tengo ideas absurdas acerca del destino, que no tienen sentido pero que para mi son completamente válidas.

Y creo que cada uno de nosotros puede cambiar si quiere y se lo propone.

Me conozco mas cada día. Y sorprendentemente, me gusto también mas cada día.