NUNCA ES TARDE

Puesto que las letras me han llevado últimamente por los caminos de la poesía y no reflexionaba hace mucho, hoy toca una larga.

Contextualicemos:

Resulta que hace años que «tenía una espinita clavada» con lo de estudiar una carrera y, por unas cosas u otras, lo fui posponiendo. El caso es que el año pasado, durante el confinamiento, preparé el curso de acceso a la universidad en la UNED y, rozando el diez, entré. Como resultado, este año, me matriculé en Historia del Arte y ya he pasado mi primer examen.

En este caldo de cultivo que es la Universidad hay grupos de Whatsapp, grupos de Facebook, por asignaturas, por comunidades, porque nos gusta relacionarnos y los bares están cerrados, etc.

En uno de estos grupos, el de Prehistoria, he encontrado estos días filón para mi post de hoy.

No sé muy bien por qué motivo hemos empezado a presentarnos con un pequeño resumen de nuestras vidas y los porqués de estudiar esta carrera y no otra.

Así, hemos conocido que uno de los administradores del grupo que además comparte generosamente sus apuntes y son magníficos, va por su tercera carrera, con sesenta y tres «añazos», que fue químico de profesión y ahora, que está jubilado, ha decidido cursar estos estudios por puro placer.

Igual que una profesora de inglés de «taitantos» que también tiene tres grados, este tercero por vocación, que dice ella que es una procrastinadora nata, pero que vistos los resultados yo no me lo creo y que además en alguna ocasión se ha presentado a un examen con tres vinos encima y sacó un notable, igual ahí está el truco.

O esa otra, también profesora de inglés pero con vocación de bibliotecaria y ahora de historiadora del arte, que empezó a estudiar durante el confinamiento para aprovechar el tiempo. También la de otra compañera, odontóloga de profesión, cuya tesis doctoral fue abandonada cuando nacieron sus hijos, tiene tres, un perro y trabaja ocho horas diarias, que dice ella que es de letras de vocación pero yo creo que es más bien de superwoman.

En un grupo de unas cien personas, podéis imaginar las historias tan bonitas que hay para contar, las profesiones tan dispares: químicos, profesoras, afinadoras de violines o maestros tostadores de café, ingenieras aeronáuticas, abogadas o fabricantes de pasta artesanal.

También cabe resaltar las circunstancias personales:

pensionistas, jubilados, en activo, aunque esta expresión es válida para todos porque no paran, estudiantes de segunda o tercera carrera, viviendo en sitios pequeños en los que no hay universidad presencial, etc.

Una de las expresiones que más se ha repetido a la hora de explicar los motivos para cursar estos estudios es: «tenia esa espinita clavada» o «me enamoré de historia del arte en bachiller pero cursé otros estudios con más salidas».

Esto nos lleva a darnos cuenta de la cantidad de espinas que llevamos dentro y lo que tardamos que quitárnoslas.

Otro de los puntos que quiero destacar, es que hay una gran cantidad de compañeros que han aprovechado esta situación de confinamientos, cierres perimetrales, cierres de bares, etc., para estudiar. Hay vida más allá del sofá y la tele y no cabe el aburrimiento en estas mentes.

El saber no tiene fin y el desánimo tampoco.

Algunos han usado el arte como escape a una depresión, como entretenimiento en su jubilación, después de accidentarse o simplemente porque estudiaron y trabajaron en algo que no les gustaba y ahora decidieron, por fin, emplear su tiempo libre en lo que les entusiasma. Casi todos trabajan, algunos tienen hijos; tampoco encuentran traba en la falta de tiempo, estudian en los hoteles en los que pernoctan por motivos de trabajo, han aprovechado bajas maternales para seguir estudiando.

Unos cuantos empezaron una carrera que nos les gustaba hace años y ahora retoman con entusiasmo los libros, pintaban en su juventud o necesitaban color en sus vidas.

De todo este abanico, quisiera destacar algunas cosas que me parecen importantes y que pueden invitar a la reflexión:

La primera es que da igual la edad o las circunstancias personales cuando uno quiere aprender. No importa si estás trabajando, jubilado, pensionado, si vives en una isla pequeña o tienes más de sesenta años cuando tu ansia de conocimiento es tan grande.

La segunda es que, en un grupo de unas cien personas, el sesenta por ciento son mujeres; un gran número de ellas son/somos, mujeres más allá de los cuarenta. Mujeres que además de trabajar, han tenido hijos y han estudiado a la vez.

También quiero resaltar a los más jóvenes, que en lugar de estar llorando por las esquinas porque no pueden salir, aprovechan su tiempo llevando hasta dos carreras a la vez, demostrando que no toda la juventud es vaga e irresponsable como algunos se empeñan en afirmar.

Todos estos compañeros han aprendido a aprovechar sus tiempos, a no aburrirse, a sacar espinas clavadas. También a lidiar con las nuevas tecnologías, no era lo mismo estudiar en los setenta u ochenta que ahora.

Mi profunda admiración para todos ellos y mi agradecimiento también por todo el material que desinteresadamente comparten.

Y por último me gustaría dejar unas preguntas para quien corresponda:

¿Qué fallo en el sistema educativo hace que tengamos que llegar a los cuarenta o cincuenta años para poder, por fin, dedicarnos a estudiar lo que nos entusiasma?

¿Quién y en qué momento de nuestra adolescencia debería enseñarnos a descubrir lo que nos apasiona, nuestro talento y potenciarlo?

¿Por qué abandonamos aquello que en nuestra juventud nos enamoraba en pro de una profesión a la que dedicaremos más de media vida pero que no nos satisface?

P.D:

A los que os hayáis equivocado de profesión o de estudios, queda aquí constancia de que nunca es tarde para cambiar.

Adelante

ANA FERNANDEZ DIAZ

Autor: Ana Fernández

Jamás olvidaré lo que soy

22 comentarios en “NUNCA ES TARDE”

  1. Mis respuestas a tus tres preguntas serían: Primera, la ignominiosa patulea de políticos empeñados en tirar el manipulador sistema del gobierno anterior para instaurar su sistema manipulador. Segunda, padres y profesores; unos fallaron por falta de tiempo o por dejadez, los otros por una alarmante falta de vocación. Tercera, porque venimos de generaciones donde se formaba la familia con cierta premura y eso, en muchos casos, obligaba a conseguir un sistema retributivo inmediato.
    Si el sistema político se depurara solucionaríamos el primer problema. Eso ya es utópico.
    Si la familia liberara sus tiempos y asumiera un fuerte sentimiento de identificación con quien está haciéndose y el sistema educativo se nutriera de elementos vocacionales solucionaríamos el segundo problema. Eso es muy improbable.
    La situación actual sí permite solucionar el tercer problema, hay menos intención de formar familia y más en adquirir un nivel académico competitivo. Partamos de esta última y habrá esperanza.
    Buena publicación, Ana.

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    1. ¡Peter for president!
      Gracias por venir Pedro. Es un placer leer tus reflexiones siempre.
      Solo son preguntas que se le ocurren a una cuarentañera loca perdida que aún cree en las utopías.
      Besos desde mi hogar. 😘

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  2. ¡Qué hermosura lo que estás estudiando! Te felicito con sinceridad.
    Nunca es tarde para aprender algo nuevo, ni para cambiar de profesión u oficio. Te lo digo por experiencia propia: arquitecto desde hace casi 25 años (“había que completar una carrera”), con título de profesor de alemán desde hace casi 30 (“terminar algo con el idioma que tanto costó aprender”), ejerzo como traductor desde hace más de 17 (¡por fin le encontré utilidad a las dos cosas juntas!) y… no me animaba a incursionar en las letras, hasta que me arrojé al agua hace algo más de 6 años, en una solitaria pieza de hotel en Buenos Aires. Como en las novelas, tenía que ser así… Vivir para contar.
    ¡Muy pronto en librerías: un nuevo estudio sobre la Venus de Willendorf…! ¡Eeh, Ana? 😉

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  3. Fantástica mi Ana, as usual, y avanzando y haciendo avanzar a los que te seguimos. Bravo. Totalmente de acuerdo contigo. Y me alegra muchísimo imaginar el gran grupo de personas que hacen de esta complicada era del confinamiento un tiempo para crecer en todos los aspectos pero especialmente en conocimiento y de disfrutar haciéndolo. Enhorabuena por esta emocionante reflexión. Un gran abrazo

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  4. Mis más sinceras felicitaciones por el emprendimiento, Ana. No responderé a tus preguntas porque otros ya lo han hecho por mí. Sólo añadiré que me has dejado una espinita de sana envidia, ya que Historia del Arte es una de las carreras que me hubiese gustado estudiar. Me alegro que lo estés haciendo y que lo estés llevando tan bien.
    (Caramba, mujer, que creces y creces y creces… y uno se queda tan chiquitito por aquí…).

    Un fuerte abrazo.

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    1. ¿Qué dices de cerrar círculos? Si apenas empiezo a abrirlos jajaja.
      Te he echado tanto de menos que esta mañana, al despertarme y ver que habías vuelto, me desbordaba la emoción.
      Bienvenido a casa, corazón!😘😘😘

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      1. Observación, ANAlisis y resolución, querida y joven estudiante. ¿No te ha llamado la atención que tu última entrada “Siempre hay alguien” no tenga ni un solo comentario? Esta madrugada a mí me resultó muy extraño y quise ser el primero en escribirte algo… pero no hubo manera. Lo intenté como cuatro o cinco veces pero WordPress daba marcha atrás y volvía a la pantalla con mi mensaje sin publicar. Aquí, sin embargo, en esta entrada podemos conversar…
        Bueno, pues en tus manos dejo la resolución de este entuerto. 🌹🌹🌹

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        1. Ay dios! Pues debo decir que si que me extrañó pero miré la configuración y todo parecía estar en orden . Se ve que no.
          Gracias por estar siempre pendiente de que mi casita reluzca en todo su esplendor. Voy a ver qué demonios ha hecho el duende de WordPress.
          Un beso amore

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  5. Te va a parecer una tontería pero me siento orgulloso de ti. Orgulloso por tu determinación y valentía, por todo lo que por el camino ha acontecido y no voy a revelar aquí y en esta tu nueva aventura/proyecto académico, una enorme montaña por escalar durante los próximos años y que no ha conseguido amedrentarte.
    Como bien dices, este parón obligado por la bofetada de humildad que nos ha dado este virus a toda la humanidad, has sabido sacarle provecho y quitarte esa “espinita” clavada en tus panties… y tirando tirando, veo que le vas a hacer una carrera!!!!!
    Felicidades, enhorabuena, te lo mereces. Sin duda vas a hacer muy buenos amigos, a nada que te conozcan un poquito.🌹🌹🌹

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    1. No me parece ninguna tontería y, ¿sabes qué? Yo también estoy orgullosa de mí. No se pueden dejar sueños por ahí sin cumplir. Eso he aprendido yo de esta calamidad que nos ha tocado.
      El camino es duro en ocasiones, pero uno aprende de cada tropezón y, si no aprende, la vida te pone otra piedrecita para que lo aprendas otra vez.
      Es una montaña alta si, pero soy asturiana, será por montañas!
      ¿Miedo? Solo a la enfermedad o la muerte. Lo demás es el caminar diario.
      Los panties me los quito en cuanto haga un poco más de calor y a caminar descalza!
      Amigos tengo unos cuantos que me han demostrado lo que es ese amor incondicional del que te hablaba antes. Amigos, familia y llenar mi alma y mi cabeza de lo que me apasiona. No puedo pedirle más a la vida.
      Gracias por tus palabras que me llenan siempre de felicidad. Tres besos enormes en ese hueco clavicular 😘😘😘

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  6. Hola, saludos a todos, Ana eres una valiente porque la mayoría pondría excusas para no ponerse a estudiar en esas circunstancias o similares, aunque en el fondo de sus corazones siga esa espinita clavada, porque el miedo les supera probablemente. En mi caso, cuando llegó el momento de ir a la universidad mis padres no se lo podían permitir, así que tuve que empezar a trabajar, y por trabajo me trasladé de murcia a Barcelona, y en cuanto logré un trabajo que me permitiese pagar alquiler, vida y estudios y por fin pude hacer la carrera que quería aun trabajando a jornada completa y en catalán
    sin tener apenas idea del idioma, fue duro pero muy gratificante a la vez. Y me quité orgullosa esa espínita que tenía clavadita desde hacía demasiado tiempo. Gracias por tu post, me ha encantado

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