LA DESESPERANZA

Necesito un remedio

A este dolor que siento porque no estás conmigo

A esta incertidumbre que me acecha

A este contagio masivo de tu latente brecha

A este espacio infinito que nos une y nos separa

A esta duda que no cesa

A este no saber dónde vaga tu cabeza

Necesito algo que me ayude

A vivir esta maltrecha espera

Incierta como incierto el destino de ser dos o no ser nada

Aquí espero sentada

Como aquella estación de tren

Donde Penélope esperaba

Sentada en el andén vacío de esta sala

Escribiendo agarrada al bolso de la desesperanza.

Ana Fernández Díaz

LA HORA DEL SUEÑO

Llega la hora del sueño,
atraviesa el silencio un recuerdo,
se detiene ante mi y lo arrullo en mi seno;
lo miro de frente.
Quiero atraparlo y se va lentamente;
un olor, un sabor, un instante vivido.
Evoca mi mente también un sonido
una voz que me llama insistente.
Me despierto en estado semiinconsciente.
Ya no está, ya se ha ido.
Sigo en vigilia esperando el siguiente.

Ana Fernández Díaz

SIGO

El castillo de naipes caído,
la dama de corazones
rota en pedazos al suelo;
Solo queda en pie una carta,
esta, desde la que te escribo:
que aunque no quiera, sigo.
Con tambaleantes pasos

y el corazón encogido,

sin castillo, sin rey, sin destino,
sin mañana, pero sigo.
Y no quiero,
porque seguir es esfuerzo

doble, penoso, cansino.
Y este tiempo detenido,
incrementa este vacío.
No quiero seguir,
pero sigo.

Ana Fernández Díaz

POEMA DE OTRA VIDA

Muda de razones para amarte, consciente de ganar esta batalla…

Muda de razones para amarte,

consciente de ganar esta batalla

contra el tiempo y la razón que me acompañan,

a ratos entregándome a la euforia,

a retazos confundida en la nostalgia.

Sin razón para encontrarme en otra historia,

sin motivos van mis huesos enterrados,

tus recuerdos ocupando mi memoria,

entre escombros del derrumbe sepultados

Ana Fernández Díaz

ESTE ENCIERRO

Rebuscando dentro de la nada,
como un mendigo en un cubo de basura,
un resto que alimente ese fondo vacío,

en otro tiempo lleno de ternura;
Vacío de nutritivas palabras
enriquecedoras veladas,
ahora mas bien vanas.
Las agujas silenciosas
girando implacables este encierro.
El anhelo por volver a respirar la libertad
y un nuevo sueño.

Ana Fernández Díaz

AMANECÍ

Amanecí al tenerte entre mis brazos.

Amanecí a la vida que me llenó de gotas de rocío

entre mis muslos tibios donde habitas

como ermitaño celoso en su retiro.

Y habitas

en cada poro de mi piel aunque te vayas.

Dormitas entre los lunares de mi espalda.

Yaces vivo en las caricias que prodigas

y yo contemplo ese milagro callada,

tan atenta a todo que hasta olvido

que tienes que volver a irte mañana.

Y escribo un poema en cada encuentro

única manera de sellar

un momento

en el que ambos,

llegamos en éxtasis al cielo.

ANA FERNÁNDEZ

SU OLOR

Me acerco al armario cerrado,
demasiado tiempo sin atreverme a tocarlo.
Una prenda me llama
desde la percha colgada,
no puedo evitar acercarla a mi cara.
Cerrando los ojos aspiro su olor y el tiempo se para.
Unos brazos me rodean y una lágrima baña mi cara.
No sé cuánto tiempo ha pasado; me separo despacio.
Vuelvo a dejar la puerta cerrada.

Ana Fernández

A million reasons

ENTENDER

Entender,

solo es necesario entender,

que un jirón quebrado de mi piel

fue corriendo tras él.

Digerir ese trago amargo de hiel
abriéndome en canal al beber.

Ser capaz de llenar, el trecho abismal,

navegando sin puerto al que atracar;
y después
rota en mil pedazos
tras la tormenta voraz,
levantarme otra vez.

Ana Fernández
Adoro esta banda sonora…

I’ll never love again

ALGUIEN QUE ME DIGA

Alguien que me diga, cómo se cierra una herida

que me explique cómo parar el chorro de tinta

empapando el papel y la vida;

una mano tendida que sepa cómo encontrar la salida

a este pozo de locura en que estoy hundida,

una puerta, ventana, escalera,

que me saque del mal que me aqueja

y que deje entrar aire

a estos pulmones sin sangre,

a este pecho aplastado,

a esta boca vacía;

alguien que me diga que sigo con vida.

Ana Fernández Díaz