NUESTRO VIERNES DE POESÍA

Ven

tócame el corazón

quiero que veas que late

sin sentido y sin razón.

Esta es una versión de mis viernes de poesía, que ha surgido de un poema compartido, escrito a cuatro manos y dos latidos con un amigo muy querido para mi. Este es un poema nacido de una frase: —«¿Hacemos uno al alimón?»— y no sé si ha sido al alimón o a la naranja pero nos ha salido así…

POEMA A DOS LATIDOS

Ven,

acércate a mi

quiero decirte bajito

todo lo que me haces sentir.

Ven

tócame el corazón

quiero que veas que late

sin sentido y sin razón.

Ven,

voy despacio hacia ti

apenas rozo tu corazón

y lo oigo retumbar

como oleaje terco,

en la cueva más honda

de mi sensibilidad.

Y me dejo empapar de ti

de tus húmedos sueños

que se abren en caricias de rocío.

Ven, amor

cobíjate en mi sombra

y siente

mi corazón desbocado con el tuyo.

Dame un abrazo fuerte,

abriga mi alma triste,

pon tus manos en mi cara

y dime que todo pasa.

Que siempre estarás ahí,

que no vas a soltar mi mano,

que escribiremos juntos

poemas a cuatro manos

de deseos y de sueños

de dos locos enamorados.

Siempre estaré ahí

esperando tus sueños

escribiendo ternura a manos llenas

sobre tu piel de seda.

Derramaré palabras

como pétalos

sobre tu vientre de jazmín

y se quedarán temblando

enredadas en tu pelo

e irán cayendo despacio

hasta encontrar el molde de tus labios.

G.A.F.

QUISIERA

Me gustaría esta noche

que estoy tan cansada,

dormirme en tus brazos

sin que me soltaras…

Me gustaría esta noche

que estoy tan cansada,

dormirme en tus brazos

sin que me soltaras,

mecida en tu aliento

tranquila y calmada,

serena y feliz.

Quisiera saber que me guardas

un espacio

para el descanso,

que me arrullas,

que me mimas.

para no despertarme

hasta la madrugada.

Y cuando abra los ojos

ver que estás allí

sentir que aún me amas.

ANA FERNÁNDEZ

MI VIERNES DE POESÍA…

Si volviera a nacer,

si viviera dos veces

buscaría tus huellas

caminando descalza,

MIS HUELLAS

Si volviera a nacer,

si viviera dos veces

buscaría tus huellas

caminando descalza,

y por cada vereda

dejaría las marcas

de mis pies desnudos

sobre todas las tuyas

para hacerlas eternas,

impasibles al tiempo,

a la lluvia, al granizo,

imborrables al paso

de mil huellas de otros

como si en granito

las hubieran tallado

unas manos expertas.

ANA FERNÁNDEZ

DORIS

Hoy os voy a hablar de Doris.

Doris es una cubana de casi setenta años que he tenido la suerte de conocer.

La conocí no hace mucho tiempo cuando entró a comprarme unos pendientes. Con ese acento maravilloso que adorna a cada cubano, me dijo que quería unos «un poco largos, que seguramente le gente pensará que a dónde va una señora de mi edad con estos pendientes», pero reflexiona ella:

-Yo “mija” estoy en una edad en la que me pongo lo que me apetece, porque una nunca sabe hasta dónde llegará.

-Pues me parece estupendo, póngase lo que le apetezca.

Y le conté que había leído una frase en la que una famosa decía que a sus sesenta y cinco años sólo quería hacer las cosas que le daban felicidad. Me responde Doris que a ella le ocurre lo mismo, que tiene sesenta y nueve años y que está en una edad…

-¡Ay qué edad! Fíjate como estoy que me acabo de comprar una bicicleta.

-¿En serio?

-¡Si!. Yo veía a los jóvenes por ahí andando en bicicleta y me apetecía tanto, que me he ido al centro comercial y me he comprado una. ¡Mira qué bonita!

Y Doris saca su teléfono y me enseña las fotos de su bici mientras me cuenta que a su hijo no le gustó mucho la idea, más que nada porque ella no sabía montar en bicicleta, de hecho esta es la primera que ha tenido en su vida, pero es tal la ilusión que pone al contármelo que me la imagino como una niña con zapatos nuevos.

-¿Y sale mucho en bici?

-¡Pues claro, ando como una bala! He ido muchos domingos al parking del centro comercial a dar vueltas para aprender y ahora no paro.

No pude evitar preguntarle su nombre y prometerle que le dedicaría una entrada en mi blog porque me encantan las personas que como ella jamás pierden la ilusión por aprender, por experimentar, por VIVIR.

Muerta de risa me dice —Ay mi niña, qué encanto— y se le llenan los ojos de lágrimas. Y a mi que me encanta hacer feliz a la gente, no me cabe el corazón en el pecho, y lo que no sabe Doris es que la que me ha hecho feliz a mi, es ella.

¡Ole tú Doris! Ole tú y todos los que son como tú.

MI VIERNES DE POESÍA

Allá por el mes de Abril, uno de mis poetas favoritos, escribía en su blog una composición fabulosa acompañada de una canción que yo he compartido con vosotros en una entrada de la semana pasada.

Allá por el mes de Abril, uno de mis poetas favoritos, escribía en su blog una composición fabulosa acompañada de una canción que yo he compartido con vosotros en una entrada de la semana pasada. Al leer su poema, a mí me brotó otro. Como muchas de las veces que Pink y yo nos leemos, el que lee, deja su aportación en los comentarios en forma de poema o de relato que completa la entrada del que escribe. Bien, pues esta semana Pink me ha pedido que publique en mi blog aquel poema que yo le dejé y como no puedo negarle nada porque le adoro, aquí os lo dejo. Para entenderlo mejor os aconsejo que leais el suyo primero. Lo podéis encontrar aquí.

CELOS DE LA LLUVIA

No des más vueltas

no busques nada

ni tengas dudas,

es mi mirada

la que te busca enamorada.

Mis emociones y nuestro llanto

¡Cómo he podido extrañarte tanto!

Es mi sonrisa

que tu dibujas,

tus labios dulces

los que la ocupan.

No tengas celos

ni de la lluvia,

atardeciendo y enloqueciendo

soy solo tuya.

Y aunque me moje

y me acaricie

no tengas dudas.

ANA FERNÁNDEZ

MI VIERNES DE POESÍA

En el límite del tiempo

me amaste como aquel día,

en silencio,

quedo.

Construyendo ese momento

que guardamos para siempre

en secreto.

Un momento de ternura

en tus brazos

adherida a tu pecho

resguardada del viento

segura.

En aquel bello paraíso,

todo paz, calma y sosiego.

Luego llovió,

relámpagos, truenos.

Tu abrazo y nuestra pasión,

hicieron el resto.

EL ÚLTIMO BESO

Sin darme cuenta

me encuentro buscando

el último beso que dejaste

aquí olvidado.

Era pequeño,
travieso.

Sin darme cuenta

me encuentro buscando

el último beso que dejaste

aquí olvidado.

Era pequeño,

travieso.

—A ver si me encuentras—

dijo ufano,

y echó a correr entre mis manos.

Subió a mis hombros,

de allí al pecho

bajando como un rayo

hasta el ombligo.

Saltando sin mesura

y sin mirar atrás

recorrió mi cintura.

De allí

al centro de mi cuerpo tierno.

Apareció entre mis muslos de acero,

de puntillas pasó a la rodilla.

Se deslizó hasta mis pies.

Como un pianista

saltó sobre mis dedos

y cansado de correr

se durmió sin remedio entre ellos.

SER FELICES TIENE UN PRECIO MUY ALTO

—¿Sabes esta sensación de querer decir mucho y no saber por dónde empezar?

—Si, esa misma.

Hoy va una reflexión desde la más pura emoción. Es una entrada como aquellas primeras que escribí hace ya cuatro años, en las que cada palabra salía de mi corazón, brotando sin control.

No sé muy bien si seré capaz de decir lo que quiero decir, o si se me entenderá.

Lo voy a intentar.

Desde hace ya un tiempo, por algún motivo que desconozco, muchas personas, amigos, depositan en mi su confianza contándome pedazos de sus vidas, momentos duros, tragedias a veces, tristezas, dudas. Yo escucho, también tengo esa capacidad, escucho, acojo, motivo, curo. No sé cómo, pero lo hago. Y lo hago de buena gana, me gusta servir de ayuda. Quizás una enorme capacidad para entender y no juzgar, quizás el cariño que pongo en las palabras, en los gestos, en la mirada.

Cada una de esas personas, atribulada, por motivos de trabajo, de dinero, de amor, de amistad, me entregan su dolor, y yo intento calmar en la medida de lo posible su pena.

De todas ellas, varias me han dicho con la emoción en el rostro, que se dan cuenta de que han perdido su vida siendo infelices.

Y a mi, se me cae el alma a los pies. La angustia me invade y solo me apetece gritar:

—¿Por qué?

—¿Por qué demonios perdemos la vida siendo infelices?

—¿Por qué no tomamos las decisiones que sabemos que nos llevarían al camino de la felicidad?

—¡Si solo tenemos una vida, solo una!

Y anoche una amiga muy querida —Nata, gracias— me dio la respuesta.

«Ser felices tiene un precio alto Ana»

Ser felices significa tomar decisiones dolorosas, ir contra la corriente, oponerte a la mayoría. Ser felices significa salirte del camino marcado. Tropezar, caer, arañarse, y levantarse de nuevo. Darte cuenta de que el lugar en el que estás, no es tu lugar, ni lo será nunca. Darte cuenta de que lo que aprendiste que debía ser, no es lo que tu quieres que sea. Darte cuenta de que los que te rodean no son como tú y has de buscar otros.

La gran tragedia es darte cuenta de todo esto demasiado tarde.

—¿Y cuándo es demasiado tarde?

—Cuando ya no te queden fuerzas para cambiar el rumbo, en ese momento, estarás muerto por dentro.

Así que, ajusta las velas y cambia de rumbo. Se avecina tormenta, pero tras las nubes grises, volverá a salir el sol de nuevo. No desperdicies tu vida siendo infeliz, si sabes cuál es tu porqué en la vida, ve a por el, si sabes qué es lo que no te hace feliz, sácalo de ella, si sabes lo que necesitas para sentirte bien, hazlo.

Y si no lo sabes, pero estás seguro de que algo falla, empieza a hacerte preguntas, miles de preguntas. Si te haces muchas preguntas, entre todas ellas, cuando estés en calma, si eres capaz de escuchar a tu corazón, encontrarás todos los motivos. Todas las respuestas están dentro de ti.

Y todo este rollo sale porque he visto un video —de estos que alguien comparte en una red social— de un programa de talentos en el que un chico, canta una maravillosa canción que dedica a un amigo que tuvo que irse antes de tiempo. Os recomiendo verlo. Su manera de interpretarla es magnífica, porque está cantada desde el profundo sentimiento de amor y dolor por la pérdida. Cuando uno pone el corazón en lo que hace, consigue transmitir, y hoy yo, quería trasmitir este mensaje de la misma manera, desde el corazón.

Solo eso.

No sé si lo he conseguido

P.D. Esta entrada no es para aquellos que nunca se han preguntado nada en la vida. Yo cada día tengo menos certezas.