POESÍA BAJO LA PIEL

Y en esa noche en que te hice perder la cabeza

la poesía surgió de entre los pliegues de la piel

y de las sábanas,

de entre los suspiros de tu boca y la mía

de cada gota de sudor compartida,

del suave y acompasado ritmo,

de entre la ternura y la sal,

de cada palabra que callamos o que pronunciamos

sin nada de más ni nada de menos,

de entre todo el tiempo que te eché de menos,

de la penumbra de la noche oscura

y el rayo de sol del amanecer,

bajo la cama, entre las cortinas.

del precipicio al que nos atamos

con el hilo del placer y la vida.

ANA FERNÁNDEZ DÍAZ

NOS LEVANTAREMOS

A menudo, cuando estamos mal, pensamos que no vamos a poder levantarnos, que todo es oscuro y difícil, que nunca volveremos a estar bien. Afortunadamente siempre hay manos que ayudan, oídos que escuchan, abrazos que curan, amigos que entienden tu lucha, la que sea. A veces esos amigos nos joden el día con su sinceridad, rompiendo esquemas, destrozando teorías, pero están ahí, para levantarnos a golpe de carcajadas o collejas.

Y gracias a ellos vuelves a levantarte y mueves montañas.

Va por ellos, aunque me hagan llorar, a ratos de risa y otros ratos a lágrima viva.

Alguien que sea capaz de encontrar

bajo la superficialidad cotidiana

nuestras cicatrices más profundas

que entienda los porqués de las heridas

que nos acompañe mientras curan

y aliente nuestra vida con ternura.

Que adivine lo que quiebra nuestras voces

que empape nuestras lágrimas

y que escuche con respeto nuestra historia.

Dos manos capaces de recomponer nuestros pedazos

unirlos nuevamente con abrazos

Mil amaneceres en silencio

contemplando el mar desde el mismo faro.

sin juicios ni reproches, sin preguntas

con respeto, sin rencores.

Mientras tanto, soñamos

ANA FERNÁNDEZ DÍAZ

MI MOTIVO

Estos días en los que no dejamos de cocinar, de comer, de hacer limpiezas varias, me he puesto a hacer limpieza también por aquí. Hay mucha obra que hacer, algunas cosas viejas para tirar, algunas para restaurar, colocar los cajones y colgar algún cuadro…

Entre todo eso, encontré mi primera entrada en este blog, en la que resumo mi porqué de estar aquí y de escribir; había pensado cambiarla porque ya está desfasada por las fechas, pero he decidido que no, la dejó como la escribí en un principio, así es como debe estar y así es como todo empezaba en este universo. Algunas cosas han cambiado mucho, entre ellas, que ya no tengo casi cuarenta, voy rondando los cincuenta, ya no estamos noche a noche pegados al Facebook y solo algunos mantenemos contacto, pero en este domingo de tremenda nostalgia, quiero compartirla de nuevo con vosotros porque conviene recordarse, de vez en cuando, quiénes fuimos, quiénes somos y a dónde nos dirigíamos antes de la catástrofe. No es bueno perder el rumbo y yo, había perdido mi brújula.

Junio 2012

EL REENCUENTRO

Durante toda mi infancia y parte de la adolescencia viví y estudié en un maravilloso pueblecito de la montaña asturiana. Como era un sitio pequeño, lo habitual era que tus compañeros de colegio fuesen siempre los mismos, de manera que desde los cinco años hasta los dieciséis compartías vida y experiencias con esos compañeros.

Después de eso era obligado marcharse a estudiar o trabajar fuera y la mayoría de ellos así lo hicieron, igual que yo. A algunos volví a verlos en ocasiones, a otros nunca más.

Hace un año, el destino y la vida que da muchas vueltas, decidieron que volviera a encontrar a alguno de ellos a través de una red social que todos conocemos y sin la que ya no podríamos vivir.

En Facebook encontré a Elia y a Carlos y en un café recordando los viejos tiempos pensamos que al destino, a veces, hay que ayudarle un poco. Decidimos reunir al resto de nuestros compañeros después de veintidós años en una cena a la que llamaríamos «El Reencuentro». Gracias a la colaboración de algunos más y después de mucho planificar, formamos nuestro grupo en Facebook y logramos reunirnos diecinueve de los treinta y uno que formábamos el último curso del instituto.

 El día 7 de Abril de 2012 fue una noche mágica para todos que disfrutamos como nunca. A partir de ese momento, nuestro espacio de encuentro es ese muro de compañeros, al que arribamos día tras día y en el que con cierta asiduidad, he ido publicando mis reflexiones; unas veces dedicadas a ellos y otras, a experiencias, sensaciones o rutinas cotidianas. Todos esos compañeros están en cada reflexión, alguno de manera más intensa.

De ahí surgió la idea de este blog, que nace sin ninguna pretensión más, que la de plasmar las ideas de una mujer de casi cuarenta, a la que la emoción de encontrarse con amigos a los que no veía desde hace veintidós años, le ha despertado una vena literaria que tenía escondida en algún rincón, esperando el catalizador que le hiciera salir. A mis compañeros, que han sido ese catalizador, va dedicado de principio a fin.

Gracias a todos por estar en mi vida

Ana Fernández Díaz

FRAGMENTOS DE UNA VIDA, O DOS.

«Esto tienes que escribirlo» –dijo mientras se miraban antes de dormirse y pensó que no sabría encontrar la palabras necesarias para contar lo que estaban viviendo.

Había tenido una vida plena en experiencias afectivas pero no imaginaba que a su edad fuera capaz de vivir y sentir todo el torrente de emociones que le embargaba desde que se conocieron.

Si unos meses atrás le hubieran dicho que se iba a enamorar de aquella forma, se habría reído con ganas.

Un mente hecha para los números, para los negocios, para las decisiones complicadas en cuestión de segundos, no albergaba siquiera la idea remota de que podía existir el amor a corazón abierto.

En su juventud tuvo experiencias claro y en la edad adulta,ya formalizada su vida, todo ocurrió según los parámetros establecidos, sin sobresaltos, boda, hijos, lo normal.

Y entonces ocurrió.

Se encontraron y se amaron.

Sus reservas de ternura, nunca antes exploradas ni explotadas, fueron inagotables, sorprendiéndoles cada vez que se amaban hasta el llanto emocionado.

Nunca antes la ternura y nunca antes la pasión. Nunca tanta piel añorada, nunca excelsas caricias después de amarse. Nunca antes, deseó terminar de amar para empezar a acariciar.

Entonces fue cuando descubrió que hasta que tocó su piel, sus manos estuvieron vacías.

Sintió miedo, pánico, incertidumbre. Sintió dolor, pavor ante lo inevitable. Todo fueron preguntas y la única respuesta y la única certeza fue que se amaban. Nada más y nada menos.

Despertaron horas después, sudorosos, sus cuerpos pegados, adheridos a la otra piel, ajada ya por el paso del tiempo. El olor impregnando las sábanas, se abrazaron sabiendo que eran la tabla de salvación del otro y que jamás se sentirían solos porque tenían a otro viviendo bajo su piel. Volvieron a dormirse pensando en su amor crepuscular, como les gustaba llamarlo.

Y soñaron…

Fragmentos de una vida

Ana Fernández Díaz

MI VIERNES DE POESÍA

Este viernes llego un poco tarde, ya lo sé. La idea era subir un video recitando un poema en la Jam de hoy, pero no ha sido posible recitarlo por falta de tiempo, así que os dejo solo el poema y una pequeña explicación del por y para qué.

Cuando se es joven, más cerca de los treinta que de los cuarenta o incluso antes, y se sufre por amor, se piensa que ese dolor no acabará nunca. Bueno ese dolor se puede aplicar a cualquier edad, solo que después de los cuarenta, sabemos que uno se acaba recuperando y lo ve todo de un modo más sereno. Desde hace un tiempo, una persona a la que quiero, está pasando por un momento de estos que cuento. Para ella escribí este poema de hoy. Para ella y para todas aquellas personas que estáis viviendo algo parecido.

No puedo mostrarte el camino, ni devolverte los besos que diste.

No puedo estañar tus heridas, ni reembolsarte todas las caricias.

No puedo explicarte el porqué, de tantas y tantas mentiras.

No puedo ni debo engañarte, llorarás como nunca María.

Pero puedo cogerte la mano, arrullarte, mimarte si que puedo,

empeñarme en que vuelvas a SER,

insistir en que salgas adelante.

Es muy duro, lo sé, estoy contigo,

Pero todo se pasa mi niña.

Duele, quema, destroza por dentro,

es así de jodida la vida.

ANA FERNÁNDEZ DÍAZ

MI VIERNES DE POESÍA…

Bueno hoy es «nuestro», mío y de mi querido Pedro J. Guirao, con el que compuse este poema en el transcurso de una charla sobre multiuniversos, teorías de cuerdas, átomos, etc., que habla de amistades y afectos que trascienden distancias, fronteras, universos…

Gracias Pedro.

Latiendo al compás

de un único ritmo

existencias concebidas

de la misma primigenia sustancia.

Sin fronteras

sin distancias

sólo un abismo

y el hilo que las separa.

Compartir razones

conciliar miradas

un pacto no escrito

de inesperada sorpresa.

Los acerca

los vincula

y hasta el insondable abismo

repudia su faz tenebrosa

ANA FERNÁNDEZ Y PEDRO J. GUIRAO

DIARIO DE TRIANA XI

Aparqué el coche en batería, justo en la calle que conducía a tu apartamento. Enfrente, la playa, esta vez tu playa. La lluvia empapaba los cristales impidiéndome ver con claridad la calle desierta, de manera que decidí bajarme y pasear. Abrí el paraguas y descendí accionando el mando para cerrar el coche. Y en ese momento te vi. Allí, en la acera de enfrente, con la media sonrisa, esperando bajo la lluvia que en ese momento era fina y constante. Nos miramos, apenas unos segundos mientras yo cruzaba la calle. Recuerdo tu cara llena de emoción, y el gesto de tu mano, abierta, esperando la mía. No hubo beso, ni abrazo, solo mi mano, que sabía el camino y se deslizó en la tuya que la acogió mientras me susurrabas:

—No digas nada, déjame disfrutar de este momento.

Y supe que había llegado a mi hogar.

Caminamos a lo largo de varios metros, en silencio, acariciando el instante largamente esperado, y deseado. Miradas que decían lo que tanto habían callado, corazones latiendo fuerte en el pecho.

De repente empezaste a hablar, nervioso, contando mil cosas a la vez, y yo solo pude mirarte enamorada al tiempo que te paraba y cerraba tus labios con un beso.

Por fin estábamos juntos de nuevo. No sé cómo entramos en el portal, ni en tu casa, solo recuerdo mi mano acariciando tu cara, tu pelo, tus manos, y la urgencia por tener tu piel en la mía.

—Déjame que acaricie tu piel, solo eso— pediste.

Lentamente —como siempre me dices— me quitaste la ropa, de pie, mis manos temblaban desabotonando tu camisa, y unimos nuestro pecho, por fin, las pieles erizadas, se tocaban después de tanto tiempo.

—TriAna, quiero guardar tu olor dentro de mi, dijiste mientras te arrodillabas deslizando tu nariz sobre mi vientre. Mis dedos en tu pelo, llevaron tu cabeza del ombligo al monte de Venus, y la boca sedienta me hizo promesas calladas de placer latiente.

La alfombra del salón hizo de cama improvisada cuando de rodillas a tu lado besé tu boca aún con sabor a mi. Parecíamos penitentes purgando sus pecados, allí de rodillas, desnudos, delimitando la piel del otro. Desbordado de deseo, tumbado esperándome. Rebosante de calor, sentada sobre ti, cerré los ojos cuando nos unimos por completo.

—Mírame TriAna

Los abrí, para contemplarte mientras me decía que me amabas. Permanecimos el uno en el otro, quietos, hasta que el deseo fue más fuerte que nosotros. Entonces estallamos de placer con todo el amor que nos teníamos.

Después nos dormimos el uno en los brazos del otro, sin deshacer la unión hasta que la naturaleza permitió que salieras de mi, mientras recitaba en un susurro un poema en tu oído.

Por este momento

merece la pena la espera

la incertidumbre,

la ingratitud de la ausencia.

Tu ausencia.

Por este momento contigo,

tu piel adherida a la mía

desnudo tu cuerpo y mi alma.

Por fin te tengo

y ahora

ya no dejaré que te vayas.

Descansa Mi amor

POEMA TRANSOCEÁNICO

Esta tarde la inspiración llega de la mano de alguien que está muy lejos y a la vez muy cerca y brota un poema como este:

“Eres erótica hasta en los silencios”

y cerró su boca con un beso.

“Si un jadeo pudiese escribirse, llevaría tu nombre en estos momentos”.

El jadeo salió de sus labios

expresando así el deseo

de tapar con ese beso

cada esquina de su cuerpo.

ANA FERNÁNDEZ Y NANDA REY

LA HECHICERA

Cuando el amor entra por la puerta

la poesía sale por los poros.

Ana Fernández

LA HECHICERA

Apareció de repente, traía una sonrisa

Después, abrió su corazón y su cuaderno de poemas

La magia revoloteaba a su alrededor

Las pócimas secretas cuidadosamente

anotadas en su cuaderno

Recetas que cocinaban los sueños y los

hacían eternos

Sí, así de sencillo es todo

Pero, no creía en la magia

Por eso estaba perdido.