NUNCA ES TARDE

Puesto que las letras me han llevado últimamente por los caminos de la poesía y no reflexionaba hace mucho, hoy toca una larga.

Contextualicemos:

Resulta que hace años que «tenía una espinita clavada» con lo de estudiar una carrera y, por unas cosas u otras, lo fui posponiendo. El caso es que el año pasado, durante el confinamiento, preparé el curso de acceso a la universidad en la UNED y, rozando el diez, entré. Como resultado, este año, me matriculé en Historia del Arte y ya he pasado mi primer examen.

En este caldo de cultivo que es la Universidad hay grupos de Whatsapp, grupos de Facebook, por asignaturas, por comunidades, porque nos gusta relacionarnos y los bares están cerrados, etc.

En uno de estos grupos, el de Prehistoria, he encontrado estos días filón para mi post de hoy.

No sé muy bien por qué motivo hemos empezado a presentarnos con un pequeño resumen de nuestras vidas y los porqués de estudiar esta carrera y no otra.

Así, hemos conocido que uno de los administradores del grupo que además comparte generosamente sus apuntes y son magníficos, va por su tercera carrera, con sesenta y tres «añazos», que fue químico de profesión y ahora, que está jubilado, ha decidido cursar estos estudios por puro placer.

Igual que una profesora de inglés de «taitantos» que también tiene tres grados, este tercero por vocación, que dice ella que es una procrastinadora nata, pero que vistos los resultados yo no me lo creo y que además en alguna ocasión se ha presentado a un examen con tres vinos encima y sacó un notable, igual ahí está el truco.

O esa otra, también profesora de inglés pero con vocación de bibliotecaria y ahora de historiadora del arte, que empezó a estudiar durante el confinamiento para aprovechar el tiempo. También la de otra compañera, odontóloga de profesión, cuya tesis doctoral fue abandonada cuando nacieron sus hijos, tiene tres, un perro y trabaja ocho horas diarias, que dice ella que es de letras de vocación pero yo creo que es más bien de superwoman.

En un grupo de unas cien personas, podéis imaginar las historias tan bonitas que hay para contar, las profesiones tan dispares: químicos, profesoras, afinadoras de violines o maestros tostadores de café, ingenieras aeronáuticas, abogadas o fabricantes de pasta artesanal.

También cabe resaltar las circunstancias personales:

pensionistas, jubilados, en activo, aunque esta expresión es válida para todos porque no paran, estudiantes de segunda o tercera carrera, viviendo en sitios pequeños en los que no hay universidad presencial, etc.

Una de las expresiones que más se ha repetido a la hora de explicar los motivos para cursar estos estudios es: «tenia esa espinita clavada» o «me enamoré de historia del arte en bachiller pero cursé otros estudios con más salidas».

Esto nos lleva a darnos cuenta de la cantidad de espinas que llevamos dentro y lo que tardamos que quitárnoslas.

Otro de los puntos que quiero destacar, es que hay una gran cantidad de compañeros que han aprovechado esta situación de confinamientos, cierres perimetrales, cierres de bares, etc., para estudiar. Hay vida más allá del sofá y la tele y no cabe el aburrimiento en estas mentes.

El saber no tiene fin y el desánimo tampoco.

Algunos han usado el arte como escape a una depresión, como entretenimiento en su jubilación, después de accidentarse o simplemente porque estudiaron y trabajaron en algo que no les gustaba y ahora decidieron, por fin, emplear su tiempo libre en lo que les entusiasma. Casi todos trabajan, algunos tienen hijos; tampoco encuentran traba en la falta de tiempo, estudian en los hoteles en los que pernoctan por motivos de trabajo, han aprovechado bajas maternales para seguir estudiando.

Unos cuantos empezaron una carrera que nos les gustaba hace años y ahora retoman con entusiasmo los libros, pintaban en su juventud o necesitaban color en sus vidas.

De todo este abanico, quisiera destacar algunas cosas que me parecen importantes y que pueden invitar a la reflexión:

La primera es que da igual la edad o las circunstancias personales cuando uno quiere aprender. No importa si estás trabajando, jubilado, pensionado, si vives en una isla pequeña o tienes más de sesenta años cuando tu ansia de conocimiento es tan grande.

La segunda es que, en un grupo de unas cien personas, el sesenta por ciento son mujeres; un gran número de ellas son/somos, mujeres más allá de los cuarenta. Mujeres que además de trabajar, han tenido hijos y han estudiado a la vez.

También quiero resaltar a los más jóvenes, que en lugar de estar llorando por las esquinas porque no pueden salir, aprovechan su tiempo llevando hasta dos carreras a la vez, demostrando que no toda la juventud es vaga e irresponsable como algunos se empeñan en afirmar.

Todos estos compañeros han aprendido a aprovechar sus tiempos, a no aburrirse, a sacar espinas clavadas. También a lidiar con las nuevas tecnologías, no era lo mismo estudiar en los setenta u ochenta que ahora.

Mi profunda admiración para todos ellos y mi agradecimiento también por todo el material que desinteresadamente comparten.

Y por último me gustaría dejar unas preguntas para quien corresponda:

¿Qué fallo en el sistema educativo hace que tengamos que llegar a los cuarenta o cincuenta años para poder, por fin, dedicarnos a estudiar lo que nos entusiasma?

¿Quién y en qué momento de nuestra adolescencia debería enseñarnos a descubrir lo que nos apasiona, nuestro talento y potenciarlo?

¿Por qué abandonamos aquello que en nuestra juventud nos enamoraba en pro de una profesión a la que dedicaremos más de media vida pero que no nos satisface?

P.D:

A los que os hayáis equivocado de profesión o de estudios, queda aquí constancia de que nunca es tarde para cambiar.

Adelante

ANA FERNANDEZ DIAZ

LA MIRADA

Esta tarde, a punto hemos estado de decretar el estado de sitio en esta casa. Internet se ha caído y eso, con una adolescente en casa puede suponer una tragedia de dimensiones insospechadas.

El caso es que esta circunstancia, me ha llevado a retomar una lectura que tenía por ahí a medias. Se trata de “La comunicación no verbal” de Flora Davis. Casualmente, el capítulo que tocaba trata sobre el lenguaje de los ojos. De todos es sabido la importancia de las miradas en las relaciones interpersonales, pero llama la atención que también ocurra con algunos animales. Davis alude a algún estudio en el que se observan las reacciones de los primates en algunos experimentos con humanos, cómo estos adoptan unos comportamientos u otros dependiendo de la forma en que el humano les mira; de frente a veces, en las que se muestran iracundos; confiados y tranquilos cuando se presenta ante ellos con los ojos cerrados e incluso mostrando actitud deprimida y triste cuando el humano los mira desde otra habitación desde la que no le pueden ver. Parece ser que son extremadamente sensibles a las miradas. Entre otros muchos estudios, hay uno sobre la dilatación de las pupilas en distintas situaciones, sobre todo en el marco de conversaciones entre jóvenes que no se conocen, otros que se sienten atraídos, o cuando se encuentran ante una figura de autoridad.
Las pupilas se dilatan cuando nos gusta alguien, cuando resolvemos un problema aritmético, cuando vemos algo que nos gusta mucho; pero también cuando escuchamos una pieza musical que nos agrada o probamos una comida deliciosa. La pupila nos delata en múltiples ocasiones y lo que más me sorprende es que afirma la autora que tal vez por eso, las parejas hacen el amor a oscuras para evitar así el único contacto, el visual que es el que más tiende a profundizar en la intimidad sexual. Aquí tengo que discrepar con ella. Si evitamos profundizar en la intimidad, no se puede llamar a eso hacer el amor. No recuerdo haber hecho el amor con la luz apagada; para ser honestos, en este momento no recuerdo ya hacerlo, pero cuando lo he hecho, no ha sido con la luz apagada. ¿Habrá algo más bonito que mirar a los ojos en ese momento en total comunión? Lo dudo. Y pienso que en este tiempo en que habitamos, lo que más se echa de menos es precisamente el contacto visual cercano. Vemos a la gente de lejos, sin profundizar, a veces ocultos tras una mascarilla, sin pararnos a mirar a los ojos fijamente. Las miradas han pasado a ser tan lejanas como las distancias que nos separan.
Espero y deseo que seamos lo bastante inteligentes para aprender mucho de todo esto y también que seamos capaces de volver a mirarnos de cerca, muy de cerca, a los ojos.

ELLA

Se tomó unos minutos para volver a sí misma

tumbada boca arriba sobre la cama

las manos sobre el pecho,

consciente de su respiración

los ojos clavados en la luz.

Se vio entonces, en la sombra que la lámpara dibujaba en el techo

descubriendo los matices proyectados sobre el suelo.

Arriba y abajo como esa luz, sombras a veces, otras claros.

Estaba, era.

Allí, en ese instante, volvió a ser ella

ANA FERNÁNDEZ DÍAZ

MI VIERNES DE POESÍA…

El frío helaba sus huesos

cada vez que asomaba el invierno

a través del gran ventanal que mostraba su pueblo.

El frío helaba sus huesos

cada vez que asomaba el invierno

a través del gran ventanal que mostraba su pueblo.

Languidecía escribiendo poemas

deslizando sus manos con tiento

recogiendo la manta de lana que abrigaba su cuerpo.

En la gran chimenea aullaba

la madera alimentando el fuego

mientras ella miraba sin ver, el color del que viven los sueños.

Imaginaba que allí estaba él

cogiendo su mano, acariciándole el pelo.

Blancas sienes ordenadas

descoloridas por el tiempo,

mil arrugas en el rostro, huellas de dolor intenso.

Cicatrices de la vida

como un papel impreso

fueron dejando tatuados todos los duros momentos.

Serena y callada escribe

ya solo espera el final

con la paz que da el saber, que hizo bien sin importar

si le era devuelto un día

lo que dio sin pedir nada.

Ana Fernández Díaz

EL CUENTO DE LA PRINCESA

Hace un tiempo cayó en mis manos este vídeo que os pongo más abajo.

Es un poco largo pero merece la pena que lo veáis.

Se titula NO DUELEN SOLO LOS GOLPES, y Pamela, su protagonista nos cuenta su experiencia de una manera muy gráfica. Me impacta la historia, la fuerza de Pamela, la manera de contarlo. Me impactan las reflexiones a las que me lleva este vídeo, y lo único que puedo añadir es que hay muchas maneras, más sutiles, que aquí no cuenta Pamela, pequeños gestos diarios, frases sin intención o con ella, que una tras otra esconden la esencia del machismo. Y que debemos estar muy atentos porque esto, todo esto, lo estamos transmitiendo a nuestros hijos, y si no lo evitamos, la historia se repetirá cada día.

¡Y se repite eh!

Esto que ella cuenta lo vemos a diario en los adolescentes, bueno y en los que no lo son también…

Este verano, sin ir más lejos, tuve la ocasión de presenciar una escena en la playa, que para aquel que sólo va a tirarse a la toalla y criticar al vecino, pasaría desapercibida, pero para mi, que estoy atenta a todo lo que me rodea, me impactó profundamente.

Dos parejas de jóvenes, de unos dieciocho, quizás más. Muy chulitos y gritones ellos, muy guapas y sumisas ellas. Bromas y risas, que a mi ni puñetera gracia me hacían porque resaltaban esa esencia de machito que puebla determinada juventud. Una de las parejas decide ir al agua, el otro chico también se anima pero su rubia acompañante le recuerda que ya le había dicho al salir de casa que no se iba a bañar. El novio en cuestión le dice que si ella no va, el tampoco saldrá esa noche. Mi cara es un poema y espero la reacción de ella, que empieza a dar varias explicaciones, entre las que se cuenta que no quiere mojarse el pelo. Y su adorable acompañante, con voz muy bajita, para que nadie le escuche, empieza a susurrarle palabras, de esas que no intentan convencer a base de amor y respeto. No eran esas no… Eran esas otras amenazantes, sibilinas, sin voces, pero que hacen más daño porque maltratan desde dentro, mientras que ella sigue dando explicaciones de su negativa a ir a bañarse, hasta que llega al borde de las lágrimas de pura impotencia.

Por favor, que le mande a tomar por el culo y se vaya a su casa —pensaba yo—. Ella muy digna se levanta, y con toda su chulería le contesta —vale, pero el pelo no me lo mojo— y se va a bañar convencida de que se sale con la suya. A mi solo me apetece cogerla y decirle que si va al agua, está perdida, que si le «obedece» esta será la primera de muchas otras, que no vaya, que le deje, que salga con sus amigas esa noche y mande a la porra al imbécil ese que la obliga a ir al agua solo porque a él le apetece.

Y me quedo en la toalla, callada, con un nudo en el estómago, sin saber qué hacer…

Solo hubo algo que agradecí esa tarde. Mi hija, presenció la escena conmigo, y tuve la oportunidad de explicarle lo ocurrido con detalle. No os voy a poner lo que me contestó pero con el carácter heredado de su querida madre, os lo podéis imaginar. Me eché a reír y le pedí que jamás se dejase llevar por alguien así.

—¡No te preocupes mamá!

Ojalá me haga caso…

NO SOLO DUELEN LOS GOLPES

EL SAUCE

Hace un tiempo, una amiga puso en mis manos un artículo de una empresa italiana que proponía cambiar el modo tradicional de enterrar a las personas fallecidas, por otro mucho más ecológico. Se trataba de introducir el cadáver en una cápsula ecológica, en la que se plantan unas semillas del árbol que la familia elija y de esta manera el cuerpo genera los nutrientes necesarios para que este árbol crezca. A mi me pareció una idea preciosa y las dos intercambiamos opiniones sobre el tipo de árbol que nos gustaría ser. De todos, mi favorito era el sauce llorón. Entonces lo escogí por mi tendencia natural a las lágrimas, pero meses después he leído mucho sobre este maravilloso árbol y ahora sé por qué lo escogí.

El sauce simboliza el ciclo de la vida.

«En la mitología clásica, el sauce estaba relacionado con Perséfone, que tenía un bosque de sauces bajo su advocación. Por un acuerdo entre los dioses del Olimpo y el de los infiernos, Perséfone tenía que pasar la mitad del año en el submundo (otoño e invierno) y la otra mitad (primavera y verano) con su madre, Démeter, la diosa de la agricultura. Así explicaban el origen de la sucesión de las estaciones e identificaban al sauce con este ciclo anual».

«Las hojas caen a la tierra y su descomposición proporciona alimento al bosque que renace en la siguiente primavera, así año tras año. Al igual que las hojas del sauce al caer, los hombres al morir renacen en el gran espíritu».

«La muerte, la nostalgia, la eternidad, el ciclo de la vida, el destino que acaba cumpliéndose pese a nuestros esfuerzos por evitarlo. Todos ellos son temas recurrentes en literatura, donde el sauce aparece a menudo».

Estas son sólo algunas de las definiciones que encontré sobre el sauce llorón, hay muchas más, pero estas han sido suficientes para inspirarme un poema.

Aunque pueda parecer un tema triste el que hoy os comparto, para mí no lo es. Habla de renovación, de ciclos vitales y del viaje de la vida que espero que sea muy largo.

EL SAUCE

Si llegaste a pensar

por un sólo momento

que me ahogaría en la lluvia,

que caería al abismo,

has errado el tiro.

Soy la rama del sauce

que se dobla hasta el suelo,

y alimenta la tierra

a la que está unida

renovando su ciclo.

Y sus duras raíces

se abren paso hasta el agua

quebrando los muros

que quieren atraparla

y matarla de sed.

ANA FERNÁNDEZ

APAGA TU TELÉFONO

Como medio WordPress está de vacaciones, y el otro medio, estamos un poco vagos, hoy os dejo una de mis entradas de hace tiempo, y de paso me doy un respiro. Y hablando de desconectar va un post de desconexiones, o no…

¡FELICES VACACIONES A TODOS!
Acabo de ver un vídeo que se titula “Look Up, apaga tu celular y conéctate al mundo”
El protagonista viene a decirnos mediante un poema que desconectemos el móvil y el ordenador y que salgamos a la calle, porque nos estamos perdiendo la vida y somos una generación de imbéciles que dejamos pasar la oportunidad de vivir por estar conectados todo el día.
Lo dice este chico desde un vídeo en YouTube que recorre Internet claro, por eso lo estoy viendo, esta es la primera incoherencia.
Tiene 422 amigos y no conoce en persona a ninguno de ellos aunque les habla todos los días.
El imbécil es él por creer que como los conoce en la red son sus amigos.!
Yo tengo bastantes menos y conozco al 99% de ellos, y a los que no conozco aún, es porque no he tenido la oportunidad pero ya llegará.
Dice después, que esto que vivimos en las redes sociales es sólo una ilusión, lo que no sabe es la ilusión que me ha producido a mi encontrarme con mis amigos de la infancia después de 22 años, a través de estas redes, cosa que habría sido impensable de otra manera, porque cuando yo dejé de estudiar y me fui de mi pueblo no teníamos teléfonos móviles que darnos unos a otros.
Nos vendemos a nosotros mismos a través de la red, dejando ver sólo la parte buena, pero de eso se trata. La manera de comunicarse hoy en día ha cambiado y si antes en las discotecas ligabas bailando bien, o haciéndote la interesante, o encontrabas trabajo enviando un currículum con alguna que otra trampilla, hoy se hace a través de la red, no ha cambiado nada más que el canal, la información sigue siendo la misma.
Aconseja este chico que si estás en público y te sientes solo, dejes el móvil y hables con la gente.
Yo lo siento pero si estoy en público y me siento sola prefiero hablar con un amigo aunque sea por mensaje, que escuchar cualquier bobada de alguien que ni me conoce, ni probablemente le interesa nada de lo que yo tengo que contarle.
La gente está muy sola, es cierto, pero no la que está conectada mucho tiempo a Internet, que también los habrá, sino la de la calle, la que vemos todos los días.
Yo trabajo de cara al publico y estoy cansada de que vengan personas de avanzada edad a contarme sus vidas, y esas seguro que no tienen perfil en Facebook.
Continúa diciendo que ahora los parques están vacíos porque los niños solo saben jugar con el Ipad en casa, que ya no hay rayuela, ni comba. Este se ve que no pasó por el parque de al lado de mi casa en hora punta, que no cabe ni un alfiler.
Parece ser que somos una generación de idiotas por estar conectados a Internet.
-Estás todo el día con el teléfono, te vas a quedar boba!
-Y tu viendo el Sálvame y yo no digo nada!
Sugiere también que si no levantas la vista del teléfono, a lo mejor no conoces a la mujer de tu vida, y encima te pinta esa vida como idílica.
Pues hay cantidad de parejas que se han conocido en Internet, algunas de ellas amigas mías, y están felizmente casadas ahora.
Lo de no compartir con el resto los momentos felices ya es de risa, porque ahora se comparte por mensajes o en redes sociales, pero es que antes también se hacía.
Todos nos hemos ido de viaje y traído vídeos y fotos para martirizar a familia y amigos con el reportaje. Lo hacíamos en una reunión en casa, pero ahora con el poco tiempo que tenemos, pues en red es mucho más rapidito.
Es cierto que no se pueden sustituir momentos personales como el primer beso o el nacimiento de un hijo, pero tampoco nunca antes hemos podido enviar la foto de ese primer hijo a un hermano que vive lejos o compartir con nuestra mejor amiga ese primer beso, en tan poco tiempo.
Sal a conocer el mundo dice por último.
Pues mira querido eso lo dices siendo jovencito, sin cargas familiares y con mucho tiempo libre y te digo, pues si, sal a conocer el mundo y déjate de mirar el teléfono.
Pero hay muchas circunstancias que impiden que salga yo a conocer el mundo, sobre todo cuando llega la noche y estoy agotada de trabajo, casa y demás, con lo cual, mi mejor manera de mantenerme informada, aprender cosas a diario, mantener el contacto con personas a las que quiero mucho pero no las puedo ver todo lo que quisiera, y relacionarme, en encender mi ordenador o mi teléfono móvil y conectarme con el resto del mundo.
Podría estar viendo culebrones en la tele o programas insufribles, socialmente es mucho más aceptable, pero es que a mi nunca me han gustado los culebrones.
Mi reflexión final es la siguiente.
TODO CON MODERACIÓN

NUESTRO VIERNES DE POESÍA

Ven

tócame el corazón

quiero que veas que late

sin sentido y sin razón.

Esta es una versión de mis viernes de poesía, que ha surgido de un poema compartido, escrito a cuatro manos y dos latidos con un amigo muy querido para mi. Este es un poema nacido de una frase: —«¿Hacemos uno al alimón?»— y no sé si ha sido al alimón o a la naranja pero nos ha salido así…

POEMA A DOS LATIDOS

Ven,

acércate a mi

quiero decirte bajito

todo lo que me haces sentir.

Ven

tócame el corazón

quiero que veas que late

sin sentido y sin razón.

Ven,

voy despacio hacia ti

apenas rozo tu corazón

y lo oigo retumbar

como oleaje terco,

en la cueva más honda

de mi sensibilidad.

Y me dejo empapar de ti

de tus húmedos sueños

que se abren en caricias de rocío.

Ven, amor

cobíjate en mi sombra

y siente

mi corazón desbocado con el tuyo.

Dame un abrazo fuerte,

abriga mi alma triste,

pon tus manos en mi cara

y dime que todo pasa.

Que siempre estarás ahí,

que no vas a soltar mi mano,

que escribiremos juntos

poemas a cuatro manos

de deseos y de sueños

de dos locos enamorados.

Siempre estaré ahí

esperando tus sueños

escribiendo ternura a manos llenas

sobre tu piel de seda.

Derramaré palabras

como pétalos

sobre tu vientre de jazmín

y se quedarán temblando

enredadas en tu pelo

e irán cayendo despacio

hasta encontrar el molde de tus labios.

G.A.F.

EL ÚLTIMO BESO

Sin darme cuenta

me encuentro buscando

el último beso que dejaste

aquí olvidado.

Era pequeño,
travieso.

Sin darme cuenta

me encuentro buscando

el último beso que dejaste

aquí olvidado.

Era pequeño,

travieso.

—A ver si me encuentras—

dijo ufano,

y echó a correr entre mis manos.

Subió a mis hombros,

de allí al pecho

bajando como un rayo

hasta el ombligo.

Saltando sin mesura

y sin mirar atrás

recorrió mi cintura.

De allí

al centro de mi cuerpo tierno.

Apareció entre mis muslos de acero,

de puntillas pasó a la rodilla.

Se deslizó hasta mis pies.

Como un pianista

saltó sobre mis dedos

y cansado de correr

se durmió sin remedio entre ellos.

SER FELICES TIENE UN PRECIO MUY ALTO

—¿Sabes esta sensación de querer decir mucho y no saber por dónde empezar?

—Si, esa misma.

Hoy va una reflexión desde la más pura emoción. Es una entrada como aquellas primeras que escribí hace ya cuatro años, en las que cada palabra salía de mi corazón, brotando sin control.

No sé muy bien si seré capaz de decir lo que quiero decir, o si se me entenderá.

Lo voy a intentar.

Desde hace ya un tiempo, por algún motivo que desconozco, muchas personas, amigos, depositan en mi su confianza contándome pedazos de sus vidas, momentos duros, tragedias a veces, tristezas, dudas. Yo escucho, también tengo esa capacidad, escucho, acojo, motivo, curo. No sé cómo, pero lo hago. Y lo hago de buena gana, me gusta servir de ayuda. Quizás una enorme capacidad para entender y no juzgar, quizás el cariño que pongo en las palabras, en los gestos, en la mirada.

Cada una de esas personas, atribulada, por motivos de trabajo, de dinero, de amor, de amistad, me entregan su dolor, y yo intento calmar en la medida de lo posible su pena.

De todas ellas, varias me han dicho con la emoción en el rostro, que se dan cuenta de que han perdido su vida siendo infelices.

Y a mi, se me cae el alma a los pies. La angustia me invade y solo me apetece gritar:

—¿Por qué?

—¿Por qué demonios perdemos la vida siendo infelices?

—¿Por qué no tomamos las decisiones que sabemos que nos llevarían al camino de la felicidad?

—¡Si solo tenemos una vida, solo una!

Y anoche una amiga muy querida —Nata, gracias— me dio la respuesta.

«Ser felices tiene un precio alto Ana»

Ser felices significa tomar decisiones dolorosas, ir contra la corriente, oponerte a la mayoría. Ser felices significa salirte del camino marcado. Tropezar, caer, arañarse, y levantarse de nuevo. Darte cuenta de que el lugar en el que estás, no es tu lugar, ni lo será nunca. Darte cuenta de que lo que aprendiste que debía ser, no es lo que tu quieres que sea. Darte cuenta de que los que te rodean no son como tú y has de buscar otros.

La gran tragedia es darte cuenta de todo esto demasiado tarde.

—¿Y cuándo es demasiado tarde?

—Cuando ya no te queden fuerzas para cambiar el rumbo, en ese momento, estarás muerto por dentro.

Así que, ajusta las velas y cambia de rumbo. Se avecina tormenta, pero tras las nubes grises, volverá a salir el sol de nuevo. No desperdicies tu vida siendo infeliz, si sabes cuál es tu porqué en la vida, ve a por el, si sabes qué es lo que no te hace feliz, sácalo de ella, si sabes lo que necesitas para sentirte bien, hazlo.

Y si no lo sabes, pero estás seguro de que algo falla, empieza a hacerte preguntas, miles de preguntas. Si te haces muchas preguntas, entre todas ellas, cuando estés en calma, si eres capaz de escuchar a tu corazón, encontrarás todos los motivos. Todas las respuestas están dentro de ti.

Y todo este rollo sale porque he visto un video —de estos que alguien comparte en una red social— de un programa de talentos en el que un chico, canta una maravillosa canción que dedica a un amigo que tuvo que irse antes de tiempo. Os recomiendo verlo. Su manera de interpretarla es magnífica, porque está cantada desde el profundo sentimiento de amor y dolor por la pérdida. Cuando uno pone el corazón en lo que hace, consigue transmitir, y hoy yo, quería trasmitir este mensaje de la misma manera, desde el corazón.

Solo eso.

No sé si lo he conseguido

P.D. Esta entrada no es para aquellos que nunca se han preguntado nada en la vida. Yo cada día tengo menos certezas.