UN UNIVERSO

“Me celebro y me canto a mí mismo. Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti, porque lo que yo tengo lo tienes tú y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también”.

Walt Whitman

De tus confidencias tengo, un lápiz carbón, un lienzo en blanco sobre el que pintar un cuento, cabañas nevadas, vino, risas y un fuego.

Tres voces que llaman y curan heridas abiertas de un tiempo, recuerdos de fresas salvajes que saben a pueblo.

Muros abiertos, arrugas de piel y de años, canas en el pelo.

Tengo semillas traídas por el viento, confianza ciega guardada en carpetas de nubes, oídos que escuchan susurros, baúles de besos.

Una mesa redonda cómplice del juego.

Pozos oscuros, cajones con fotos de ensueño.

Sacos de mimos vacíos y todo el universo que me dejas dentro.

ANA FERNÁNDEZ DÍAZ

SINERGIAS

Durante este confinamiento al que hemos estado sometidos, algunas personas emplearon su tiempo de encierro de múltiples formas diferentes: cocina, limpieza, bricolaje, repostería, etc. Confieso que he hecho incursiones en algunas de ellas, sino en todas y todas, me han aburrido soberanamente.

Tirando de mis facetas artísticas, decidí retomar la pintura, con la que había experimentado tangencialmente años atrás. Sorprendentemente no se me olvidó lo poco que sabía y he añadido nuevos conocimientos gracias a la omnipresente internet.

Aparejada a la actividad artística, he recibido noticias de valiosas amistades, algunas de las cuales me han inspirado para este pequeño experimento que hoy os muestro.

Por una parte, una amiga muy querida a la que admiro muchísimo como escritora y como persona, dejó en mis manos un audio con una preciosa voz interpretando uno de sus textos con una música de fondo.

Por otra parte, un amigo muy querido al que admiro muchísimo como persona y como escritor, decidió crear un blog en wordpress y en una de nuestras charlas durante la creación de su espacio, mencionó la idea de recitar poemas de otros con su cálida voz radiofónica.

Os recomiendo que visitéis sus respectivos espacios web porque son canela fina.

Todo esto y el tiempo libre que abundaba durante la cuarentena me llevó a valorar la idea de hacer mi propio vídeo poema; una idea que rondaba mi cabeza desde que recité algunos en público, pero que no había llevado a término todavía.

Como mis conocimientos tecnológicos son bastante escasos, nuevamente eché mano de mi querido Pedro que realizó toda la parte técnica, soportando mis cambios de opinión con estoica paciencia.

En su blog podéis encontrar el poema con una versión distinta de la pieza musical que lo acompaña y recitado por su voz, que suena infinitamente mejor que la mía.

Gracias Pedro

Espero que os guste

Ana Fernández Díaz

EL JODIDO NÚMERO PRIMO

Yo soy el centro de todo

no un vértice al que llegar cuando ya no tienes otro camino que andar.

Yo soy el plano sobre el que transitar

plagado de puntos en línea hacia la eternidad.

Yo soy la raya del medio, a veces continua y a veces salteada.

Soy conjunto de blancos y negros, pero todos muy claros.

Soy infinita en afectos, en miedos y en sueños.

Y por una fracción de segundo, soñé que era par.

Fue solo un sueño.

Era prima.

Ana Fernández

AMANECÍ

Amanecí al tenerte entre mis brazos.

Amanecí a la vida que me llenó de gotas de rocío

entre mis muslos tibios donde habitas

como ermitaño celoso en su retiro.

Y habitas

en cada poro de mi piel aunque te vayas.

Dormitas entre los lunares de mi espalda.

Yaces vivo en las caricias que prodigas

y yo contemplo ese milagro callada,

tan atenta a todo que hasta olvido

que tienes que volver a irte mañana.

Y escribo un poema en cada encuentro

única manera de sellar

un momento

en el que ambos,

llegamos en éxtasis al cielo.

ANA FERNÁNDEZ

A VECES

A veces, me derrumbo;
y cada piedra que cae
provoca un estruendo a mis pies.
A veces me asomo a un abismo infinito
que trae un eco de vuelta del centro de mi,
Intento escuchar esa voz que, a veces, ahogada, pronuncia mi nombre y después, confundida, se apaga.
A veces, solo a veces, quiero ser y no soy.

Ana Fernández
Hoy escuchaba canciones de amor.
Una de las más bonitas es esta de Lady Gaga.

Is that alright?

Qué bonito es el amor así, puro y limpio como la voz de esta mujer.

Feliz Domingo

LA POESÍA SIGUE VIVA

Desde este rincón de mi mundo

asomada a la ventana de la serena belleza madura,contemplo el pasar de la vida, callada,sin juzgar más que el paso del tiempo, implacable,que apremia a vivir con plenitud cada instantey me recuerda que estamos de paso,finitos, fugaces.Desde este rincón miro el mar que me recuerdalo gigante que soy,y a la vez,lo pequeña.

Ana Fernández Díaz

FUE

Y fue, la playa y la arena, que se escapa entre los dedos de quien quiera cogerla.

Fue la estufa que caldea una estancia y fue la escarcha.

Fue también el pudor unas veces, y la más sinvergüenza.

Fue la risa y el llanto, fue pasión y apatía, alegría y lamento, la decisión y la duda, el placer y el tormento.

Todas ellas fue ella. Completa, imperfecta. Creativa, abierta.

Mil mujeres en ella y con ella, mil una.

ANA FERNÁNDEZ DÍAZ

ELLA

Se tomó unos minutos para volver a sí misma

tumbada boca arriba sobre la cama

las manos sobre el pecho,

consciente de su respiración

los ojos clavados en la luz.

Se vio entonces, en la sombra que la lámpara dibujaba en el techo

descubriendo los matices proyectados sobre el suelo.

Arriba y abajo como esa luz, sombras a veces, otras claros.

Estaba, era.

Allí, en ese instante, volvió a ser ella

ANA FERNÁNDEZ DÍAZ

LA ENCONTRÓ

Su incansable curiosidad, le llevó a explorar hasta encontrarla.

La buscaba en cada mirada perdida.

Entre las hojas caídas de los árboles que se arremolinaban en los parques con la brisa de otoño y en ese torbellino inquieto veía su exaltado carácter.

La buscaba en cada ola que besaba la arena y en el vaivén cadencioso adivinaba su elegante paso.

Escrutaba en el cielo nocturno el centelleo de una estrella lejana,

encontrando en ese fulgor el brillo de su sonrisa clara.

La soñó sin tenerla ni cerca,

la añoró sin llegar a tocarla

y cuando supo de su existencia, salió a buscarla.

Escaló puertos, navegó montañas.

Su equipaje de mano lo formaban su extensa ternura y la curiosidad desbordada

«Amor puro» —decía, cuando haciendo el amor la miraba.

Ana Fernández Díaz