OJOS DE MUJER

Una de las señales inequívocas de que me estoy haciendo mayor es que me veo mucho mejor sin maquillaje o con apenas un poquito que resalte lo bueno, que con la cara cubierta intentando tapar lo menos bueno.

Otra de las señales es que empiezo a ver a las otras mujeres con admiración, y me gusta mirarlas a los ojos e intentar descubrir lo que llevan dentro.

Los ojos de las mujeres maduras encierran tesoros escondidos que para aquel o aquella que sepa mirar fijamente pueden resultar treméndamente valiosos, esclarecedores, atractivos, sugerentes, profundos, reveladores y muchas cosas mas.

Pero es necesario mirar y ver.

Hay ojos de mirada pícara, alegres, sonrientes, que encierran deseos de crecer, de aprender, ojos de gata que ronronea pidiendo atención y que luego es una auténtica pantera.

Hay ojos de niña traviesa, vitales, sensuales, que llevan dentro historias duras de dolor y sufrimiento, y una fuerza interior que asusta.

Hay ojos de mujeres que contienen luchas  internas  por encontrarse,  caminos duros en soledad sintiéndose distintas y profundos vacíos llenados con lágrimas.

Y hay ojos de mujer que trasmiten dulzura y alegría. Una infinita ternura que mana de su interior y la energía y la confianza suficientes para seguir en pie pese a todas las adversidades.

Todos esos ojos los he visto, y a todas esas mujeres también.

Solo hay me fijarse bien.

Seguro que tu también las puedes ver.

 

 

 

DECIR TE QUIERO

Siempre me ha costado mucho decir te quiero.

Era uno de mis defectos.

Creo que a la mayoría de las mujeres de mi generación y sobre todo las que han vivido en una zona rural donde había poco tiempo para arrumacos y mucho para trabajar les ocurrirá lo mismo.

Mis padres no acostumbraban a decírmelo. Yo sé que me querían, por supuesto, pero no recuerdo escucharlo de pequeña.

El primer “te quiero” siempre da mucho miedo, y posiblemente llegó de mi primera pareja aunque he de confesar que no lo recuerdo, o tal vez si, fue hace tantos años…

Con el paso del tiempo sale mas fácil y puedo decir que todos mis “te quiero” han salido de lo mas profundo del corazón y durante mucho tiempo fueron solamente dirigidos a parejas sentimentales.

Luego llegó mi hija y se lo he dicho hasta la saciedad, tanto, que a veces con voz un poco contrariada me dice:

-Ya lo sé mamá, si me lo dices muchas veces.

Es por si  se le olvida…

Y al llegar a los cuarenta, he empezado a repartir “te quieros” como si no costaran.

Esta vez no es a una pareja sino a amigos y amigas o a familiares.

Se lo digo constantemente a todas las personas importantes de mi vida, sobre todo a aquellas que me entienden en mis contradicciones, que me adoran en mis necedades, que me soportan en mis nubes grises, y que a pesar de mí siguen a mi lado.

¿Por qué?

Pues porque cuando personas a las que has querido mucho se van de este mundo sin haber escuchado un “te quiero” tuyo, empiezas a pensar  que puede que mañana ya no puedas decir ninguno mas, que cabe la posibilidad de que tus “te quieros” no dichos hoy, se pierdan y a lo mejor mañana no los puedes decir.

Ademas tengo la gran suerte de que en un alto porcentaje de las veces he tenido uno de vuelta, que no ha sido un “yo también”, sino que ha sido otro “te quiero”, y ya sabéis que no es lo mismo.

Recordaba una frase que es parte de una canción de Jose Luis Perales que dice: “…quizás para mañana sea tarde…”, y tiene toda la razón.

Por si mañana no amanece

TE QUIERO