EMOCIONES TÓXICAS

¡Qué suerte tengo!.
Resulta que mi amiga fisioterapeuta, además de curarme la espalda, me da muy buenos consejos.
Uno de los últimos fué la lectura de un libro que se titula “Emociones toxicas”.
Encarecidamente me recomendó que lo leyese sin tardar.
También me habló de otro que se titula “Personas tóxicas”, pero de ese ya os hablo otro día.
Total que a ello me puse como ferviente lectora que soy y mira por dónde a mis  cuarenta añazos descubro que soy perfeccionista.
 En la vida se me ocurrió a mi pensar que era perfeccionista, es más, pensaba que era mas bien algo desastrosa, ligeramente anárquica y un poco dispersa que diría otra amiga mía.
Y leyendo, leyendo, resulta que soy perfeccionista.
En cuanto leí el título del capítulo “Text: ¿Eres perfeccionista?”, pensé
-No, que va, yo perfeccionista no soy.
Rellene con una X según corresponda….
-¡Nada, esto está tirado!.
 De diez preguntas, contesté mitad y mitad.
-Ves, ya lo decía yo, de perfeccionista nada.
Sigo leyendo:
-Si has contestado SI a más de tres de las preguntas está claro, ¡eres un perfeccionista!
¡Acabáramos! A partir de ahí la hecatombe.
Todo el capítulo me define de principio a fin.
Y lo peor del caso es que se lo cuento a otra amiga que también tiene lo suyo, con lo del perfeccionismo, y me dice:
– Clarooooo. Como si fuese lo más evidente del mundo.
Hay que ver lo diferente que es el concepto que tienen los demás de nosotros comparado con el que tenemos de nosotros mismos.
¡Y que para saber esto haya tenido que cumplir cuarenta!
¡Tiene narices!
Os recomiendo encarecidamente leer este libro.