FUE

Y fue, la playa y la arena, que se escapa entre los dedos de quien quiera cogerla.

Fue la estufa que caldea una estancia y fue la escarcha.

Fue también el pudor unas veces, y la más sinvergüenza.

Fue la risa y el llanto, fue pasión y apatía, alegría y lamento, la decisión y la duda, el placer y el tormento.

Todas ellas fue ella. Completa, imperfecta. Creativa, abierta.

Mil mujeres en ella y con ella, mil una.

ANA FERNÁNDEZ DÍAZ

ELLA

Se tomó unos minutos para volver a sí misma

tumbada boca arriba sobre la cama

las manos sobre el pecho,

consciente de su respiración

los ojos clavados en la luz.

Se vio entonces, en la sombra que la lámpara dibujaba en el techo

descubriendo los matices proyectados sobre el suelo.

Arriba y abajo como esa luz, sombras a veces, otras claros.

Estaba, era.

Allí, en ese instante, volvió a ser ella

ANA FERNÁNDEZ DÍAZ

DESPERTÓ

Y el amanecer del nuevo día la sorprendió

en una cama ajena que no conocía

escrutando alrededor algún vestigio de vida.

Silencio

Calor

Inmóvil debido a la presión

que otro cuerpo sobre el suyo ejercía

otros brazos rodeando los suyos

atrapada en sus manos

percibiendo su aliento.

Silencio.

Calor

Olor

A pasión de la noche anterior

al sudor del esfuerzo por llegar hasta allí

a cama repleta de sueños y besos.

Sonrió

Susurró un Te quiero

Dulce sueño

Ana Fernández Díaz