LO DIVERTIDO EMPIEZA A LOS CUARENTA

Bueno pues hoy resulta que una amiga comparte un enlace en facebook, podéis leerlo aquí “Cosas que hacer antes de casarse“, y se suscitan los comentarios de rigor.
El enlace en cuestión es del periódico La Voz de Galicia, y hay un articulo en la sección de tendencias, que hace una serie de recomendaciones sobre las cosas importantes que no debes dejar de hacer antes de casarte.
Si, resulta que en cuanto te casas o pasas de los cuarenta, estás muerta nena, vete haciéndote a la idea.
Yo como estoy en esta edad terrible y me siento más viva que nunca, me voy a permitir el lujo de contestar a la persona que escribe el artículo, que por cierto no lo firma, porque a mi es que, que me quieran poner a hacer punto de cruz, y sentarme en los bancos del parque a ver la vida pasar antes de tiempo, pues qué quieres que te diga, no me gusta ni un pelo.
Voy a aglutinar los tres primeros consejos que son: “Duerme, sal de fiesta y ten una resaca como dios manda”.
Bueno, pues mira, yo tengo cuarenta y uno, y no suelo beber, pero si hay que ir, se va. He salido de fiesta, de cena de antiguos compañeros, de despedida de soltera, en fin, y he llegado a las tantas, he tenido resaca, y he dormido al día siguiente como una marmota. Casada, con hijos y con cuarenta y uno.
En cuanto a lo de comprarme coche, pues resulta que también lo he hecho, es más, hace como quince años que tengo carné de conducir y sólo hace tres que decidí aprender de nuevo porque nunca antes había tenido coche ni conducido.
Lo de hacer algo que nunca me atrevería a hacer, bueno, he hecho unas cuantas, unas se pueden contar y otras no.
“Aprende a cocinar”, dice la siguiente.
Yo ya sabía, pero he probado muchos sabores nuevos que no conocía y experimento mucho más ahora de lo que lo he hecho en toda mi vida.
-Viaja…..
¡Ah! ¿Qué pasa que casada y con niños está prohibido?
-“Disfruta de la vida de soltero en la ciudad”.
Esta si que, estando casado, no la puedes hacer, pero puedes disfrutar de la vida de casado en la ciudad, o no?
-“Lee mucho”
El verano pasado mientras la gente menuda de mi casa jugaba en la arena de la playa, me leí dos trilogías. Si, si, una de ellas esa que es un poco picante de la que todo el mundo habla…
Vivir sólo durante una temporada yo ya no lo haré hasta que la nena vaya a la universidad creo, pero hay un montón de jubilados que viven solos, y no por temporadas, sino para todo el resto del tiempo. Habría que preguntarles si se sienten encantados con esta situación.
-“Ten una aventura con alguien mayor que tu”
Esta me encanta porque a mi de jovencita, me gustaban los hombres mayores que yo y ahora me gustan mucho mas lo jóvenes. ¡Seré una vieja verde!
El deporte de riesgo lo he practicado, ya os conté alguna vez que me propuse patinar, ya sabéis que cuando algo se me mete en la cabeza, no hay quien me pare.
Y en cuanto a lo de no hacer nada,  me he tirado Domingos enteros viendo pelis, infantiles, eso si, pero vegetando delante de la tele y comiendo palomitas.
Queda demostrado pues, que uno no se muere cuando se casa, o cuando cumple cuarenta.
Jamás debemos dejar de hacer cosas nuevas, ni de aprender, ni de experimentar, y todo lo que dice este artículo, lo puedes hacer estando soltero, casado, viudo, divorciado, con pareja, sin ella, con cuarenta o con ochenta, el caso es que nadie te imponga la sensación de que o lo haces ahora o ya no habrá tiempo.
Porque siempre tenemos tiempo si queremos y nos apetece.
¡Lo mejor de la vida empieza a los cuarenta señores!
Por cierto el artículo está ilustrado con una foto de la famosa película Thelma  y Louise. Un selfie de estos que están de moda, y casualidades de la vida, yo tengo una exactamente igual de la semana pasada con mi amiga del alma. No íbamos solas como las protagonistas de la peli, sino con tres niñas en el asiento de atrás del coche, pero igual de felices y cantando con la música de la Pantoja a todo volumen.

RECUERDOS DE INFANCIA I

Hace unos días durante una charla tranquila alguien me contó sus mejores recuerdos de infancia. Uno de ellos era cuando su abuela le rascaba la espalda, mientras se sentaba en el sofá viendo la tele. Es increíble las cosas tan aparentemente insignificantes que nos hacen tan felices en su momento que recordamos aunque hayan pasado mas de treinta años.
Mis mejores recuerdos de infancia también tienen ese sello de cosas pequeñas sin aparente importancia, pero que, a día de hoy, recuerdo como de absoluto placer.
Las manos de mi tía cuando me lavaba la cara con agua muy fría antes de ir al cole o cuando mi abuelo materno, me llevaba a las fiestas de pueblo, o me sentaba en su regazo de hombre de metro noventa de estatura y yo me sentía en la cima del mundo.
Son recuerdos tan valiosos que permanecerán para siempre en mi memoria.
En el contrapunto de estos, hay también malos recuerdos, que aunque pareciesen igual de insignificantes en su momento, nos marcan para toda la vida. No son recuerdos dramáticos afortunadamente, pero para una niña de siete años tienen su importancia.
Como cuando durante las fotos de la comunión de mi hermano, alguien me dijo que tenía unas piernas muy torcidas, y durante toda mi vida he arrastrado el complejo de que mis piernas no eran nada bonitas.
Parece mentira lo que pueden hacer unas simples palabras, dichas sin maldad, en la autoestima de un niño.
A medida que pasan los años, los malos recuerdos van dejando paso sólo a los buenos.
Y al llegar a los cuarenta, me he puesto la minifalda más corta que he llevado en toda mi vida, y me he dado cuenta de que tengo unas piernas estupendas. De mujer madura, pero estupendas.
Aceptándome como soy.
Y cuando la charla de la que hablaba al principio tuvo lugar, sólo vinieron a mi memoria los recuerdos más bonitos.
¿Es en este momento en el que nuestros malos recuerdos dejan paso a los buenos cuando empezamos a perdonar y a perdonarnos, o es al revés y en el momento que nos aceptamos como somos, empezamos a perdonar y perdonarnos?
Algún psicólogo seguro que me da la respuesta.
Yo he llegado al punto en que sólo quiero quedarme con los buenos, insignificantes, dulces y placenteros momentos, de mi infancia, y del resto de mi vida.
A que estáis evocando ya vuestros mejores recuerdos de la infancia….