DIARIO DE TRIANA XI

Aparqué el coche en batería, justo en la calle que conducía a tu apartamento. Enfrente, la playa, esta vez tu playa. La lluvia empapaba los cristales impidiéndome ver con claridad la calle desierta, de manera que decidí bajarme y pasear. Abrí el paraguas y descendí accionando el mando para cerrar el coche. Y en ese momento te vi. Allí, en la acera de enfrente, con la media sonrisa, esperando bajo la lluvia que en ese momento era fina y constante. Nos miramos, apenas unos segundos mientras yo cruzaba la calle. Recuerdo tu cara llena de emoción, y el gesto de tu mano, abierta, esperando la mía. No hubo beso, ni abrazo, solo mi mano, que sabía el camino y se deslizó en la tuya que la acogió mientras me susurrabas:

—No digas nada, déjame disfrutar de este momento.

Y supe que había llegado a mi hogar.

Caminamos a lo largo de varios metros, en silencio, acariciando el instante largamente esperado, y deseado. Miradas que decían lo que tanto habían callado, corazones latiendo fuerte en el pecho.

De repente empezaste a hablar, nervioso, contando mil cosas a la vez, y yo solo pude mirarte enamorada al tiempo que te paraba y cerraba tus labios con un beso.

Por fin estábamos juntos de nuevo. No sé cómo entramos en el portal, ni en tu casa, solo recuerdo mi mano acariciando tu cara, tu pelo, tus manos, y la urgencia por tener tu piel en la mía.

—Déjame que acaricie tu piel, solo eso— pediste.

Lentamente —como siempre me dices— me quitaste la ropa, de pie, mis manos temblaban desabotonando tu camisa, y unimos nuestro pecho, por fin, las pieles erizadas, se tocaban después de tanto tiempo.

—TriAna, quiero guardar tu olor dentro de mi, dijiste mientras te arrodillabas deslizando tu nariz sobre mi vientre. Mis dedos en tu pelo, llevaron tu cabeza del ombligo al monte de Venus, y la boca sedienta me hizo promesas calladas de placer latiente.

La alfombra del salón hizo de cama improvisada cuando de rodillas a tu lado besé tu boca aún con sabor a mi. Parecíamos penitentes purgando sus pecados, allí de rodillas, desnudos, delimitando la piel del otro. Desbordado de deseo, tumbado esperándome. Rebosante de calor, sentada sobre ti, cerré los ojos cuando nos unimos por completo.

—Mírame TriAna

Los abrí, para contemplarte mientras me decía que me amabas. Permanecimos el uno en el otro, quietos, hasta que el deseo fue más fuerte que nosotros. Entonces estallamos de placer con todo el amor que nos teníamos.

Después nos dormimos el uno en los brazos del otro, sin deshacer la unión hasta que la naturaleza permitió que salieras de mi, mientras recitaba en un susurro un poema en tu oído.

Por este momento

merece la pena la espera

la incertidumbre,

la ingratitud de la ausencia.

Tu ausencia.

Por este momento contigo,

tu piel adherida a la mía

desnudo tu cuerpo y mi alma.

Por fin te tengo

y ahora

ya no dejaré que te vayas.

Descansa Mi amor

DE MUDANZA

cropped-reflexionesalbordedeloscuarenta.jpgPues si, resulta que me mudo. Mi alojamiento habitual era cómodo, estaba hecha a sus defectos, conocía sus rincones, no había cambios.

Pero conocí otro nuevo. Mas amplio, cómodo, sencillo. Me costó decidirme. Decorarlo me llevó su tiempo, porque no quería repetir los mismos errores, pero ya lo tengo listo.

Me voy de Blogger porque he encontrado un sitio mejor. En WordPress he encontrado lo que estaba necesitando. El cambio siempre asusta, pero seguiré adelante.

Espero veros pronto por aquí.

Saludos