HASTA MAÑANA

Hoy, como cada día desde que empezó esta locura, a las ocho me he asomado a la ventana para aplaudir a todos aquellos que están cuidando de nosotros. Como cada día, en el tercer piso del edificio de enfrente, se asoma una señora de edad avanzada, es difícil saber la edad precisa desde la distancia que nos separa y con lo mal que veo yo, pero parece mayor. Como cada día, aplaude frente a mí, mirando el resto de las ventanas. Desde hace unos días, cuando el aplauso se silencia después de varios minutos, me dice adiós con la mano y yo le digo adiós. Ayer tardaba en salir y la eché en falta. Me alegré cuando la vi de nuevo. Esta tarde a la misma hora, en la misma ventana, el mismo ritual. Al finalizar, la busco y me dice adiós, esta vez, me habla elevando un poco la voz para que la escuche:

-Hasta mañana -le oigo decir mientras me dice adiós con la mano.

Le tiro un beso con mi «hasta mañana».

Y se me hace un nudo en la garganta.

Un nudo que tarda un buen rato en deshacerse.

«El mundo está cambiando», es la frase que más escucho últimamente y yo pienso que para mejor.

¡Hasta mañana!

Ana Fernández Díaz