DIARIO DE TRIANA X

Nuevo ejercicio del curso de escritores Felming Lab en el que participo, de la mano de Juan Re Crivello. Está siendo muy divertido cambiar de registro en cada nueva entrada y esta vez me tocaba relato erótico. Los que ya conocéis a Triana, os podéis imaginar que ya era hora de que volviese, y para los que no la conocéis, os diré que en este blog, dentro del apartado que lleva su nombre, os podéis ir adentrando un poco en su casa de la playa. Poco a poco, no vaya a ser que contribuyamos al calentamiento global. Yo no me hago responsable de nada…

Ejercicio número siete del curso para escritores de Fleming Lab.

DIARIO DE TRIANA ARDIENDO

El calor plomizo caía sobre la tarde de Septiembre en la casa de la playa, y a pesar de que el sol se empezaba a resguardar tras las montañas que adornaban la parte trasera, los insoportables treinta grados me hacían sudar por cada poro.

Desde la cocina me asomé para contemplar cómo regaba mis preciados rosales, quitaba las hojas marchitas y removía la tierra. Preparé un té para mí y un café para el. Su torso desnudo ejercía una poderosa atracción sobre mí desde que le vi por primera vez. No era el cuerpo definido de alguien que pasa horas en el gimnasio pero a mi me atraían sus hombros torneados y las prominentes venas de los brazos.

Con dos golpecitos en el cristal hice que me mirase y le enseñé la cafetera con un guiño — ¿Quieres un café con hielo?— le pregunté con mi mejor sonrisa. Asintió con la cabeza mientras sujetaba la manguera entre las rodillas para lavarse las manos y la cara.

Preparé dos vasos grandes. En uno de ellos introduje medio limón y azúcar de caña para mi infusión, en el otro sólo el azúcar y café.

Descalza me moví hacia la nevera en busca del hielo. El fresco del congelador se escapó acariciando mis piernas sudorosas y dando una pequeña tregua al sofoco.

Cuando él entraba en la cocina volqué la cubitera sobre el mármol de la encimera y los pequeños cubitos salieron resbalando hacia los lados. Recogí varios de ellos para echarlos en el vaso de café y el resto en el té. Uno de ellos había recorrido un camino más largo y fue a estrellarse contra su mano que lo atrapó con agilidad, al tiempo que me miraba. De un paso se colocó frente a mí y deslizó el trocito helado sobre mis labios entreabiertos como a cámara lenta, una traviesa gota resbaló por sus dedos hasta caer justo en el centro de mi escote, provocando que dos prominencias se despertaran bajo mi vieja camiseta de tirantes. El hielo siguió su recorrido conducido magistralmente por la mano experta desde mis labios a lo largo del cuello dejando un rastro que lejos de refrescarme, aumentaba mi temperatura.

Mis brazos rodearon su cuello mientras me colocaba sobre la gran isla que ocupaba la parte central de la cocina. Tendida, acalorada, y mojada.

Abrió uno de los cajones justo debajo de donde me encontraba y sacó unas tijeras.

Con sumo cuidado cortó la camiseta desde abajo hacia el escote, en cortes precisos, certeros hasta dejarla caer a ambos lados de mi cuerpo. Después hizo lo propio con mi pantalón corto, empezando por un lado y subiendo hacia la cintura y luego el otro.

Dio un trago a su café y con uno de los hielos en la boca fue recorriéndome, erizando mi piel con los roces helados desde la boca al cuello y de ahí hacia abajo con cuidado de no dejar un solo milímetro sin el refrescante contacto. Al llegar al ombligo dejó caer allí el cubito a medio derretir para darle una tregua a sus labios y nuevamente lo recogió bajando después hacia mi vientre. Cada gota de agua resbalaba cadenciosa por mis ingles yendo a parar a la encimera, mojando los trozos de mi pantalón cortado. Cerré los ojos y disfruté del contacto cuando llegó al centro de mi ser con el hielo entre los labios de ambos. La fría caricia no me enfriaba, me encendía. Y el agua goteante se unió a mi goteante marea. Una helada lengua la fue recogiendo. El infierno empezó con un hielo.

ANA FERNÁNDEZ

DIARIO DE TRIANA IX

Llegué a mi casa de la playa a media tarde. Había estado unas semanas de viaje y estaba deseando recorrer descalza el camino de arena que separaba la carretera de mi pequeño refugio al lado del mar.

Llegué a mi casa de la playa a las seis tarde. Había estado unas semanas de viaje y estaba deseando recorrer descalza el camino de arena que separaba la carretera de mi pequeño refugio al lado del mar. Dejé la maleta a mi lado, en el suelo y me agaché para quitarme los zapatos. Mis pies agradecieron el contacto con la arena fresca después de varias horas de viaje y cerrando los ojos disfruté por unos segundos de la sensación. Llené mis pulmones del aire con olor a mar, del aroma de la tarde, de mi hogar en medio de la naturaleza. Cogí la maleta con una mano y mis zapatos con la otra y muy despacio, contando los pasos, caminé hasta la casa.

Todo estaba en calma. No sabía si habría alguien esperándome, pero lo que si sabía era que todo lo que necesitaba eran mi ducha y mi cama en ese momento, volver a mi hogar, a mi refugio.

Busqué una llave que siempre escondía bajo el porche, y allí estaba, lo que significaba que la casa se hallaba vacía y subí los dos peldaños de madera, notándola cálida bajo mis pies. Entré y el olor a rosas que invadía la estancia me llenó por completo. Suponía que él había recogido unas cuantas de la maceta que había tras la casa y adornaban un jarrón sobre la chimenea.

Dejé la maleta en la entrada y subí a mi habitación. Recorrí con mis dedos la barandilla de la escalera que daba acceso al piso de arriba, mis muebles, la cómoda, la mecedora que adornaba el hall entre mi habitación y el baño. Todo estaba limpio y recogido. Sobre la cama descansaba un precioso camisón de raso blanco, esperándome.

Lo recogí y entré en el baño. Mi reflejo en el espejo me devolvió una sonrisa y la cara de paz, señal de que me sentía en casa. Abrí el grifo de la bañera redonda y mientras el agua se calentaba me desnudé dejando caer toda la ropa al suelo despreocupadamente. Me di un baño relajante, mientras veía  a través de la ventana cómo caía la tarde sobre mi playa y el rojo del sol sobre el horizonte enmarcaba una postal perfecta para mí.

Me sequé con una de las toallas que guardaba en la estantería. Luego extendí una generosa capa de crema hidratante sobre mi cuerpo. Olor a jazmín que se mezclaba sutilmente con el olor de mi piel. Me puse el camisón de raso que erizó cada vello de mi cuerpo a su contacto frío, después recogí la ropa y me tumbé en la cama. Me quedé dormida boca abajo.

Unos labios dulces, suaves, tiernos, besaban mis pies, con ligerísimos toques en mis dedos, el empeine y los tobillos. No me moví, sólo disfruté de esa maravillosa sensación de una boca recorriéndome. Unos labios que quemaban mis piernas, a ratos como mariposas flotando sobre ellas, y a ratos devorándome. Una lengua exploradora acariciaba el interior de mis muslos hasta llegar a la frontera que el blanco camisón marcaba. Esos mismos labios que yo conocía tan bien, recogieron la prenda sedosa llevándola más arriba descubriendo mis nalgas redondas. La suave tela se escurrió sobre mi cintura y los labios abrasadores la siguieron por mi cadera y el costado derecho produciendo un estremecimiento y un gemido ahogado, al tiempo que escribían poesía sobre mi espalda.

Los labios torturadores subieron por mi columna vertebral hasta mi cuello arrastrando consigo el raso frío sobre mi piel ardiente. Ladeé la cabeza para dejarles paso hacia mi cuello, mi oreja y el mentón, y ellos no se detenían sino que reclamaban más territorio buscando mi boca para ahogar mis ya imparables gemidos.

Y mientras que una lengua ardiente poseía mi boca y buscaba mi lengua, unas piernas separaban las mías, unas manos se aferraron a mis manos y un cuerpo cubría el mío llenándolo de calor y deseo, entrando en mí sin esfuerzo.

-Te he echado de menos preciosa, susurraron los carnosos labios en mi oreja.

Y tras esas palabras, el propietario de los labios embistió mi cuerpo, con mesura primero y sin freno después, durante un rato en el que el placer fue el único protagonista.

Qué bueno es volver al hogar.

 

40 PREGUNTAS BY ANITA FOR VALERIA

Esta entrevista os va a encantar.

Voy a desvelar los más íntimos secretos, —no eso no, que ya los cuenta ella en su blog— voy a descubrir las pasiones secretas, —bueno no que esas también las cuenta ella—  voy a describir la vida sexual,  —mierda no, que eso también os lo relata ella—. Bueno pues nada, poco os puedo contar de Valeria que no sepáis ya, alguna cosita sin importancia, como que su chico no toma vitaminas ni nada o que ella no tiene tatuajes. También que afirma que su calidez es debido a que es de Tenerife —a ver si el resto de tinerfeños piensan igual— yo más bien pienso que es la juventud, que como solo tiene veintiséis pues está en plena efervescencia, aunque yo tengo cuarenta y dos y …¡uy ! que me pierdo…

Es rencorosa, fiel y pocas veces le duele la cabeza. De su chico admira su buen humor. Normal, cómo no va a estar siempre de buen humor si tiene a su lado una mujer estupenda, guapa e inteligente, sexualmente muy activa y que comparte a sus amigas con él, o a él con sus amigas —el orden de los factores  no altera el producto—, ese es el sueño de cualquier hombre. Y su fuerza de voluntad también admira, claro porque habrá días que el chico llega cansado  y no le apetece el encuentro carnal pero ella aparece con las mencionadas amigas y el pobre hace el esfuerzo y las complace. Voluntad de hierro diría yo.

Se emociona con facilidad, no podría vivir sin ilusión, le molestan las injusticias, esa es la cara que más me gusta de ella. Lo demás lo podéis descubrir aquí, o en su maravilloso y sensual blog «Los labios de Valeria»

Valery hija qué vicio tienes!

Mil gracias por todo.

1 ­-¿Hay alguna pregunta que quieres que te haga?

La verdad es que no. Puede que me esperara alguna, pero no, voy a decir que no.

2 -¿Cuál es tu postura favorita para hacer el amor?

¿Hay que escoger sólo una? Jajajaja.

3- ­¿Follas tanto como cuentas?

Para qué mentir….

4- ­¿En qué piensas antes de dormir?

En lo que tengo que hacer al día siguiente.

5- ­¿Qué es para ti algo imprescindible para vivir?

Tener ilusión.

6 ­-¿Qué serías capaz de hacer por amor?

Pues no lo sé, lo que haga falta dada la situación.

7 ­-¿Perdonarías una infidelidad?

No, jamás, nunca.

8- ­¿Te has emborrachado alguna vez?

La verdad es que no.

9 -­¿Sabes perdonar?

En realidad creo que no. Yo digo que sí, pero luego me las guardo, creo que soy un poco rencorosa…

10 -­¿Nunca te duele la cabeza?

De vez en cuando.

11 -­¿Qué tomas para estar siempre tan cálida?

¡Soy de Canarias!

12 -­¿Has sido infiel alguna vez?

No.

13 ­-¿Por qué empezaste a escribir?

Es algo que siempre me ha gustado pero el por qué, no lo sé. Supongo que como todo el que tiene un blog, la necesidad de contar algo. En mi caso, me gusta provocar, pero así, a escondidas…

14 ­-¿A qué hora te levantas?

A la hora que requiera el día.

15 -­¿Cuándo fue la última vez que lloraste?

Con el poema de las flores de Margui.

16­ -¿Te ves casada y con hijos?

Ahora mismo, no.

17­ -¿Alguna vez te apetece partirle la cara a alguien?

Muchas…

18­ -¿Cambiarías alguna decisión del pasado?

Creo que no.

19 -­¿Qué te hace perder los papeles?

Las injusticias, la gente desconsiderada o incívica.

20 ­-¿Qué vitaminas toma tu novio?

Jajajaja, dieta sana, nada más.

21 ­-¿Cómo le conociste?

En una cafetería, no quedaban sitios libres y compartimos mesa.

22- ­¿Qué dijo cuando le contaste tus gustos sexuales?

“Ah, vale”.

23 -­¿Qué es lo que más feliz te hace del mundo?

Cientos de pequeñas cosas.

24- ­¿Tienes una amiga por la que darías la vida?

Si.

25 -­¿Qué haces cuando no estás trabajando o escribiendo?

Aparte de las cosas que cuento en el blog, cosas normales cotidianas, dibujar, leer blogs, comentar, hacer ejercicio… No me queda mucho más tiempo en el día.

26­ -¿Has ido a la universidad?

Si.

27 -­¿Cuál es tu canción favorita?

Uff, hay muchas… Dije en un relato que me gustan los ritmos latinos, pero que soy rockera, así que, voy a decir Talk dirty to me, de Poison, creo que me pega jajaja.

28­ -¿Recuerdas el primer libro que leíste?

La verdad es que no, aunque recuerdo con cariño uno del cole, Borja.

29 -­¿Qué es lo que más admiras en una pareja?

Honestidad, comunicación, aunque en realidad no lo admiro, es algo que doy por hecho. Te puedo decir que de mi chico admiro su buen humor, su positivismo y su fuerza de voluntad.

30 ­-¿Sin qué no podrías vivir?

Ilusión, proyectos, siempre tengo algo en mente. Aparte de cosas como el chocolate, el queso, el sexo…

31 -­¿Cuántos años tienes?

26

32­ -¿Ese lunar es natural o tatuado?

No tengo tatuajes, aunque es algo que me desconsuela.

33 -­¿Por qué o por quién lo dejarías todo?

Por mi chico, obviamente.

34 -­¿Crees en dios?

Si.

35­ -¿Qué crees que pasará cuando se acabe la pasión?

¿Por qué tiene que acabarse?

36 -­¿Existe el amor para toda la vida?

Pues claro!!!

37 ­-¿Tienes buenos recuerdos de tu infancia?

Muchísimos!!!

38­ -¿Eres celosa?

No.

39 ­-¿Qué no soportas en una pareja?

Que sea desconsiderada, irrespetuosa.

40 -­¿Te arrepientes de algo en la vida?

No.

DIARIO DE TRIANA VII

 

Llovía a mares, y el frío otoñal calaba los huesos.

Salí a por un poco de leña, que guardaba bajo el porche de madera, para la chimenea. Tiritando cogí unos troncos gruesos y un par de piñas que usaba para encenderla como había aprendido de mi madre, siendo aún muy pequeña, cuando vivíamos en la casa del pueblo. El ritual de encender la cocina nos acompañaba cada mañana, arrimaba una piña que calentaba en el fogón de gas y cuando ésta se encendía, la introducía en la cocina, apoyaba sobre ella otra piña más y rodeándola unos pequeños trozos de madera.

Entré en casa, me descalcé y me arrodillé delante de la chimenea. Cogí un encendedor que siempre guardaba en la repisa que la enmarcaba y empecé el ritual, las piñas, los pequeños trozos de madera…Era necesario esperar unos minutos para que el fuego prendiese bien la madera, y los aproveché para poner música, Alison Moorer empezó a cantar country llenando de nostálgicas notas la estancia.

Llené la chimenea de troncos. Cogí mi libro favorito y mi mantita. El sofá frente al fuego y la mullida alfombra enmarcaban el cuadro perfecto para la tarde de noviembre.

La paz de la lectura y el calor  provocaron que me quedase dormida, tras largas noches de insomnio no era muy difícil.

No le escuché llegar, ni abrir la puerta, ni arrodillarse a mi lado sobre la alfombra. Me contemplaba con brillo en los ojos, enmarcado por la luz de la chimenea, acercándose para besarme cuando empezó a sonar A soft place to fall.

-¿Bailas preciosa?

-Por supuesto.

La manta resbaló del sofá al suelo cuando cogí la mano que me ofrecía para bailar.

Estrechó mi cuerpo en sus brazos, la mano en mi espalda, abierta, notando cada uno de mis músculos con los dedos, provocando una descarga eléctrica con el contacto largamente esperado, al tiempo que empezaba a mecerme al ritmo de la música. Cerré los ojos y floté.  Nuestros cuerpos pegados, rodeados por el calor sofocante del fuego, no sé si de la chimenea o de nuestro fuego interior debido al deseo acumulado durante la ausencia.

Inclinando mi cabeza sobre su hombro acerqué más mi cuerpo, entrelazando las piernas en el baile lento, notando su deseo por mi en cada movimiento, sintiendo sus latidos en mi pecho. Subí mis brazos alrededor de su cuello, estirándome para poder besarle. Mis labios en los suyos, mi lengua invadiéndole mientras sus manos recorrían ya sin censura la parte baja de mi espalda.

Mis manos bajaron a la cintura, buscando el final del jersey que fui subiendo hasta quitárselo, dejando su pecho al descubierto para posarlas justo en él y entretanto le besaba con mimo a la vez que las manos seguían su recorrido esta vez quitando el cinturón y desabrochando botones. Sus gruñidos me mostraban el camino indicado. Le empujé al sofá, dejándole ahí sentado mientras me desnudaba al ritmo de la música. Su media sonrisa y los ojos entrecerrados hicieron que me enamorase más si cabe.

-Te he echado de menos

-Ven aquí, me susurró.

Y fui… y me senté sobre él, en el sofá que había permanecido tanto tiempo con mi sola presencia y que ahora soportaba dos cuerpos en llamas consumidos por horas de esperas, de ausencias, de deseos contenidos, de amor a distancia. Los suspiros se mezclaron con la música, el calor del fuego con nuestro calor. Allí permanecimos hasta que se hizo completamente de noche.

-Bienvenido a casa.

 

 

 

 

 

DIARIO DE TRIANA IV

Como cada noche desde hacia tiempo, me despertaba de madrugada.

Siempre era igual. Abría los ojos, tumbada en posición fetal, el frío no era externo, sino que emanaba de mi interior, me rodeaba, y el edredón no conseguía subir mi temperatura corporal hasta pasadas varias horas.

Pero esa noche, abrí los ojos, un calor sofocante me inundaba.

Unos brazos firmes, los tuyos, me rodeaban entera, en un abrazo tan cálido que me sobraba hasta la piel, sudando, completamente pegada a ti.

Me sentía tranquila, feliz, en calma.

Sonreí, y repasé cada curva de tu anatomía. Tus manos cogiendo las mías, entrelazando los dedos, tus brazos rodeando mi cuerpo.

Tu pecho en mi espalda. Noté tu respiración tranquila, el aliento en mi pelo.

El vientre firme pegado a mi, las piernas atrapando las mías.

Me acerqué un poco mas. Era casi imposible estar más cerca, pero un poco mas. Y enseguida supe que estabas despierto, no podías negarlo.  Tu cuerpo medio dormido reaccionó a mi cercana presencia.

Me di la vuelta y me perdí por completo en tus brazos. Mi pierna se apoyó en tu cadera.

Bebí tu aliento a tragos largos, emborrachándome con tu lengua.

-Estás aquí…..

-Claro preciosa, estoy aquí.

Y en un recorrido perfecto de dulcísimos besos cubriste  toda mi cara.

Como un magnífico pianista tocando una delicada melodía recorriste mi piel en bellísimas notas. Reconociendo cada centímetro. Repasando cada curva, cada poro, cada pliegue, comprobando mi deseo y alimentándolo a la vez con el delicado roce.

Y cuando pensaba que ya no podía sentir más placer entraste en mi cuerpo, sólo en mi cuerpo porque de mi alma nunca te vas. Me amaste horas o siglos, de todas las formas posibles, hasta quedarnos dormidos exhaustos.

Cuando estamos juntos el mundo desaparece.

El recuerdo de esa madrugada perdura en mi.

Te espero, siempre.

Triana