DOMINGO

Estaba viendo pasar algunas personas con la barra de pan bajo el brazo.
Es domingo.
No puedo evitar recordar mi niñez, en un pueblo de apenas veinte casas, donde el pan llegaba dos veces por semana, en una furgoneta que solo traía barras y hogazas; nada de las «tropecientas» variedades que hay ahora en el mercado.
En mi casa, se compraba una hogaza o dos; a veces éramos seis y a veces, alguno más.
El día que había pan fresco era estupendo, el resto, también. Nadie se quejaba por comer pan del día anterior o del anterior. Con las sobras, mi madre hacia «rabadas», que ahora se llaman picatostes, aunque eran un poco diferentes. Mojar en leche y huevo y freír. Espolvorear con azúcar. Manjar de dioses.
¡Y sigo viva!
¡Cuánta tontería tenemos, oiga!

Ana Fernández Díaz