MI VIERNES DE POESÍA…

El frío helaba sus huesos

cada vez que asomaba el invierno

a través del gran ventanal que mostraba su pueblo.

El frío helaba sus huesos

cada vez que asomaba el invierno

a través del gran ventanal que mostraba su pueblo.

Languidecía escribiendo poemas

deslizando sus manos con tiento

recogiendo la manta de lana que abrigaba su cuerpo.

En la gran chimenea aullaba

la madera alimentando el fuego

mientras ella miraba sin ver, el color del que viven los sueños.

Imaginaba que allí estaba él

cogiendo su mano, acariciándole el pelo.

Blancas sienes ordenadas

descoloridas por el tiempo,

mil arrugas en el rostro, huellas de dolor intenso.

Cicatrices de la vida

como un papel impreso

fueron dejando tatuados todos los duros momentos.

Serena y callada escribe

ya solo espera el final

con la paz que da el saber, que hizo bien sin importar

si le era devuelto un día

lo que dio sin pedir nada.

Ana Fernández Díaz

EL ELEMENTO

 

Lo malo de ponerse a leer es que una empieza a hacerse preguntas. Lo malo o lo bueno, no lo sé.

Según un estudio reciente, hecho por mi misma, a mis amigos y conocidos, y tan reciente que lo realicé hace tres días, resulta que un noventa y cinco por ciento de las personas encuestadas, de no trabajar en lo que trabajan, lo harían en otra cosa que no está relacionada con su profesión actual.

De esas que escogerían otra profesión distinta a la suya, un sesenta y cinco por ciento lo haría en algo que no tiene absolutamente nada que ver con lo que hacen ahora. El resto aunque escogerían otra profesión distinta, si que de alguna manera estaría relacionada con lo que hacen.

Cómo es posible que una fisioterapeuta quiera ser cantante de rancheras o guardia civil?

¿Cómo es que un filósofo querría ser jardinero?

Y una profesora de música que quiere ser periodista, una ingeniera informática, reportera de un programa de viael elemento_reflexionesalbordedeloscuarentajes.

Un diseñador gráfico, alfarero u hostelero.

Un fotógrafo que quiere ser cocinero.

Hay incluso uno que quisiera ser Nacho Vidal. Lamentablemente eso no lo puede cambiar. Habría que preguntarle a Nacho Vidal si le gustaría cambiar de profesión, o si siempre quiso hacer lo que hace, aunque intuyo la respuesta.

Todas estas preguntas y respuestas que son completamente reales, nos dan una visión muy clara de la realidad que vivimos a diario.

Hay un pequeño número de personas que disfruta mucho con su trabajo, e incluso, que son, lo que siempre quisieron ser. Pero hay un número enorme que si volvieran atrás el tiempo, escogerían otro trabajo para su vida.

Eso no quiere decir que no estén satisfechos con la actividad que realizan, pero si que, de alguna manera, no es lo que les haría felices por completo.

A lo mejor en su momento no tuvieron medios económicos para realizar los estudios que hubieran querido, o que por aquel entonces les parecía la mejor opción como salida profesional, o simplemente que han cambiado su forma de ver la vida y ahora preferirían ganar menos a cambio de vivir mas tranquilos.

No lo sé.

He conocido y admirado siempre a aquellos que desde pequeños han sabido lo que querían hacer en la vida y lo llevaron a cabo. Esos que como dice Ken Robinson, que es el culpable de este post, encontraron El elemento:

– “Allí donde confluyen las cosas que se te dan bien y las que te encanta hacer”.

Lo ideal sería encontrar “El elemento” a una edad muy temprana, ayudados por padres y profesores, y por eso deberíamos apostar.

Pero hay un porcentaje enorme de personas que no lo han encontrado y lo siguen buscando todavía después de muchos años.

Esas son las más interesantes que conozco, porque la búsqueda nos lleva al conocimiento, al interior, y al que nos rodea. Y mientras lo encontramos y no, nos enriquecemos por el camino.

Se puede estar insatisfecho, pero nunca se puede abandonar la búsqueda. Y quién sabe, quizás en ese camino encontramos aquello en lo que nunca reparamos y que yacía escondido en nuestro interior.

A lo mejor “El elemento” es la búsqueda en sí misma.

Y por último, si no estamos satisfechos, nunca es tarde para cambiar.

El día que ya no podemos hacer nada es el día que morimos. Mientras tanto, el camino está por hacer.

No dejéis de buscar.