40 FRASES PARA MI HIJA

Los hijos, nuestra mayor preocupación y también nuestra mayor alegría. Siempre pensando si lo estamos haciendo bien o haremos de ellos un completo desastre. El gran miedo a equivocarnos, a decir o hacer de más o de menos. Educar es el trabajo más difícil al que yo me he enfrentado y supongo que muchos de los que estáis al otro lado de la pantalla pensaréis lo mismo. Es muy fácil dar consejos cuando no se tienen hijos, o cuando se tienen y pensamos que somos los padres perfectos. Hoy recuerdo una anécdota que me contaba siempre mi madre, cuando de pequeña me portaba mal —que no era casi nunca porque yo he sido buenísima—, pero cuando eso ocurría, una vecina le solía decir a mi madre «Si es mía, la mato», a lo que mi madre respondía «Si fuera tuya, yo también la mataba, pero es mía».Pues eso, que los padres perfectos no existen, he oído hablar de ellos si, pero yo no he visto ninguno, y en esto, como en otras cosas, yo tengo que ver para creer. El caso es que me he puesto a hacer una lista de las cosas importantes que yo le quiero decir a mi hija mientras va creciendo. Algunas pueden parecer muy obvias, quizás por eso no se las decimos a nuestros hijos y eso creo que es un error. Estas son vitales para que crezcan felices, con una fuerte autoestima y que sepan que les queremos por encima de todo. Esta lista no es la perfecta, pero es la mía. Podría poner muchas más, pero entonces nos haríamos viejos leyendo.

1- Puedes conseguir todo lo que te propongas.

2-Tendrás que trabajar duro.

3-No tienes que depilarte si no quieres.

4- Tampoco maquillarte, porque tu ya eres hermosa.

5-No juzgues a las personas por su aspecto sino por su corazón, o mejor aún, no juzgues a nadie.

6-Busca tu sitio y a los que son como tú.

7- Lee mucho.

8-Tener estudios te dará conocimientos, pero no educación.

9-No eres más que nadie, pero tampoco menos.

10-Nada de lo que hagas puede decepcionarme.

11-No necesitas tener hijos para sentirte realizada.

12-Anota tus sueños y no los dejes por nada ni por nadie.

13-Quiérete más que a ninguna otra persona.

14-Puedes escoger tener pareja o no.

15-Esa pareja puede ser del sexo que tú decidas.

16-Ayuda siempre que puedas a los demás.

17-Sé generosa.

18-Ganar, no siempre da satisfacción.

19-Viaja.

20-Una casa y un coche no te harán más feliz, un abrazo si.

21-Disfruta de las cosas sencillas de la vida.

22-Lucha por tus derechos y por los de los demás.

23-Haz lo que consideres que es justo sin importarte lo que opinen otros.

24-Abraza mucho.

25-Nunca dejes de aprender.

26-Aliméntate bien.

27-Haz deporte.

28-Respétate.

29-No te dejes arrastrar por la marea.

30-Concédete un capricho de vez en cuando.

31-Sé ordenada.

32-No bebas.

33-No fumes.

34-No te drogues.

35-No maltrates tu cuerpo de ninguna forma, solo tienes ese.

36-Equivócate.

37-Cuando te equivoques llámame,estaré a tu lado.

38- Si no eres feliz cambia de rumbo.

39-Fórmate en aquello que te haga disfrutar.

40-Escoge bien a tus amigos y cuídales mucho.

Cuarenta se me han quedado cortas, no me llegaría una lista de mil. Creo que se las iré poniendo en el plátano de la merienda cada día. Ojalá me haga caso en al menos la mitad de ellas.

TRY EVERYTHING

¿Os habéis dado cuenta de todos los mensajes negativos que escuchamos o emitimos a lo largo del día?

A mi me hacía falta una tarde en el parque, haciendo nada, mientras mi hija juega, para darme cuenta de esto. Os lo recomiendo encarecidamente, ni libro, ni revista, ni portátil, ni teléfono, solo observando. Este era uno de mis deportes favoritos hace tiempo, porque se puede aprender mucho de la naturaleza humana en ese momento de vida contemplativa.

El caso es que lo que escuché, lejos de animarme el día y relajarme, me dejó la moral por los suelos. Padres atendiendo a sus hijos, pasando un rato de diversión en el parque, convierten el rato de relax, en una retórica de sentencias, a veces sobre ellos, a veces sobre cualquier tema, que desmotivan, que son pesimistas, y lo peor de todo es que los niños hacen lo que ven, aprenden imitando y es descorazonador pensar que esos pequeños, de entre dos y diez años más o menos, lo que escuchan de sus padres son, una tras otra, frases negativas.

—Si te subes ahí, te vas a caer,—vamos a tener que marchar porque con esas nubes tan negras seguro que llueve, —como llueva fijo que se me moja la ropa, —por ahí no te metas que te vas a hacer daño…

Podría seguir porque la lista era enorme. Los progenitores acompañando a sus retoños eran numerosos y entre los que tenía más cercanos, a los que escuchaba con claridad, no hubo ni uno solo que dijese a su descendiente una frase motivadora, positiva, de refuerzo, ni uno.

No nos damos cuenta pero esa negatividad, se la transmitimos a los pequeños, y no solo son frases, son actitudes vitales, eso se extiende, es contagioso, como una plaga, si uno se queja y protesta, el otro lo hace más y mejor. No digo que les enseñemos que todo es sencillo, feliz, carente de peligro, pero es que les ponemos el moratón y la tirita antes siquiera de que se hayan caído.

—Súbete poniendo toda la atención en lo que haces y si te caes yo te ayudo.

—Aprovecharemos todo el tiempo posible en el parque y puede que ni siquiera llegue a llover.

—El próximo día antes de venir al parque tenderé dentro la ropa para no tener que irme corriendo.

—Si te metes por ahí agáchate bien y conseguirás salir si lo haces con cuidado.

Podrían ser algunos ejemplos para cambiar las frases anteriores.

Creo que es importante desterrar un poco el «no puedes» y empezar a usar el «inténtalo de nuevo», dejar de lado el pesimismo, el sentimiento de que todo es adverso, perjudicial, e intentar sustituir esas expresiones que acaban pesando como lápidas, no solo en nuestra prole, sino en cada uno de nosotros.

Esto me recordó a una madre, que para reforzar la autoestima de su hija, y de paso darle seguridad y amor, cada día le escribía en el plátano que llevaba al colegio una frase motivadora. La niña no podía esperar a la hora del recreo para leer la lección que su madre le dejaba escrita y se levantaba por la noche a ver lo que le había puesto. Sus amigas esperaban a que ella lo sacase de la mochila para leer a diario lo que ponía, hasta su profesora le hizo fotos a la fruta. No eran grandes retóricas, apenas unas palabras valorando aspectos de su personalidad, deseándole un buen día y un te quiero al final. A menudo la frase era tan reveladora para la mamá como para su hija, porque le hacía pararse a pensar en las palabras escritas y se las aplicaba a sí misma.

Eso es lo que debemos buscar, motivar, animar, valorar, a los niños y a nosotros mismos, y poco a poco ir desterrando esas frases inofensivas, pero negativas que usamos a diario, cambiándolas por otras que significan lo mismo si, pero dicho de otra manera. Porque esas palabras se quedan en el subconsciente, y van acumulándose, pasando a formar una costra que nos desluce, que nos apaga, y no deja que brillemos en todo nuestro esplendor.

Os propongo que me regaléis una de esas frases negativas que usáis cada día y podemos intentar cambiarla por otra incentivadora y estimulante.

 

 

 

 

UNA MADRE

Ahí va la de hoy, esta vez dedicada a todas las madres, a ver a cuántas de vosotras os suena el relato.
Madrugón el domingo para planchar porque con este calor es imposible hacerlo a otra hora que no sean las ocho de la mañana.
Después del tute de plancha, el desayuno y demás, salgo a correr, me hago mis kilometrines y sólo pienso en la maravillosa ducha que voy a dar cuando llegue a casa.
Entro por la puerta….
-Mamá ¿qué me pongo?
-Mamá no encuentro el cargador de la consola
-Mamá…….
Podéis añadir las preguntas que queráis, hay un amplio repertorio.
Después de estirar un poco mientras respondo preguntas varias, sobre ubicaciones varias e indumentarias varias, anuncio:
-Me voy a duchar!
En mi caso, la ducha dura aproximadamente unos diez minutos, quince si contamos el pipí de antes y la crema hidratante de después, que ya es lujo del todo.
Pues yo me pregunto, cómo es posible que mi familia no pueda pasar sin entrar al baño, en casa tenemos dos, por lo menos tres veces en lo que dura mi ducha?
A mi no me molesta que entren al baño, que yo para eso no soy nada maniática, pero por dios, un poquito de compasión, que quiero una ducha relajante y tranquila de diez minutos!
¿Es mucho pedir?
¿Os suena de algo?
Si es que madre no hay más que una…

TODAVÍA QUEDA ESPERANZA

Pues eso, que todavía quedan esperanzas, os lo prometo que no está todo perdido.
Ayer me reconcilié con el género humano. Un sencillo gesto, apenas sin importancia, me dio la clave. Os cuento. Resulta que estábamos comiendo en uno de esos restaurantes de comida rápida que todos conocéis. Un Domingo, de comidas familiares, en los que la mayoría de los niños, muestran la educación que reciben de sus padres en su más amplia expresión, casi siempre de la peor manera posible, todo hay que decirlo.
En un momento mientras me tomaba la mini tarta de queso, que por cierto está brutal, me quedo mirando una escena. Una pareja con sus dos hijos. Me fijaba en ellos porque la mujer me parecía muy guapa y estilosa. LLegaron con sus bandejas y se sentaron en una de esas mesas que han puesto ahora en estos restaurantes, que son redondas, bajitas y con cuatro asientos de colores llamativos, que dicho sea de paso, están anclados al suelo y no hay quien los acerque a la mesa para comer. Pues cuando se sentaron, la mujer puso dos chaquetas en el respaldo del asiento y se dispuso a comer con su familia. Entonces las dos chaquetas se cayeron al suelo en el preciso momento que pasaba por el pasillo una niña. Era pequeñita, quizá tendría tres años, no se si llegaría. Vestía un peto vaquero y medias rojas, y tenía una melena llena de tirabuzones. Con cara de sorpresa se quedó mirando las dos chaquetas que se acababan de caer a sus pies. Y entonces pensé: -Ya está, les va a pasar por encima y a tomar por el saco el mundo!!!
Y con su cara de ángel, recogió las dos prendas, que abultaban más que ella, y con expresión tímida se las entregó a la pareja en cuestión, que se quedaron con la misma cara de bobos que yo, y con una caricia en la cara se lo agradecieron con un cálido: “gracias cariño”.Y miraron a los papás de la nena que  estaban sentados al lado con una sonrisa en los labios. Y si una nena pequeñita, que sólo piensa en jugar, porque para eso es una niña y es lo que tiene que hacer, se detiene un momento a recoger algo que se le ha caído a alguien al suelo, a mi me parece que es el no va más de la buena educación.
 Puede pareceros una bobada, pero a mi me hizo pensar que no está todo perdido por Dios!!! Aún quedan esperanzas…
Hoy esta reflexión va dedicada a esa niña…y a sus padres!!!

DEMASIADOS ESTÍMULOS

Bueno, pues hoy mi reflexión va dedicada a todas las mamás, bueno y a los papás. Resulta que creo que a veces nos exigimos demasiado como padres. Quiero decir con esto que pretendemos no reñirles demasiado, ayudarles a estudiar, intentar que no se frusten si algo no les sale como esperan, no castigarles, estimular su imaginación con juegos, llevarles a teatro, al cine, al circo, a exposiciones,  a conciertos, al Botánico, al Acuario, a la Warner, a Disney…….bufffff. Todo un derroche de imaginación, dinero y planes para que nuestros hijos tengan todo lo que necesitan y mil cosas más que no necesitan. Y yo, soy una persona, a la que mi madre ha reñido mucho y un poco más, a la que nunca ayudaron a estudiar ni hacer los deberes, es más, con las explicaciones de clase, me bastaba, y hasta que terminé lo que entonces era la EGB, no necesité estudiar en casa. Si me frustraba por algo que no me salía bien, mi madre sacaba la zapatilla y ¡oye! se me pasaba en el acto. También me castigaron unas cuantas veces, y no necesitaba que estimularan mi imaginación, yo ya imaginaba de lo lindo, porque con dos  muñecas sólo que tenía, como para no imaginar. No fuí al teatro hasta que me hice muy mayor, y el circo pasaba por mi pueblo cada varios años. La primera película que vi en el cine fué “Coktail”, en la que salía Tom Cruise, y tendría yo más o menos 14 años. Por supuesto tampoco había Jardin Botánico, pero sabía mucho más de flora y fauna de lo que muchos de nuestros hijos saben ahora, el vivir en el pueblo es lo que tiene.
En resumen, a veces deberíamos pararnos a pensar un poco en todo eso que les damos de más a nuestros hijos. Reflexionar acerca de la cantidad de información que les metemos en la cabeza, de las prisas que les inculcamos, del poco tiempo que tenemos para, simplemente, mirarles a los ojos y escucharles lo que nos quieren decir. Y es que pensamos que tanta sobreestimulación les hará mejores personas, o más inteligentes, y que si les ponemos límites o consecuencias (antes se llamaban castigos), les vamos a marcar para toda la vida. Y sinceramente, yo ni tengo ningún trauma, ni creo que mis padres lo hayan hecho tan mal.