TRY EVERYTHING

¿Os habéis dado cuenta de todos los mensajes negativos que escuchamos o emitimos a lo largo del día?

A mi me hacía falta una tarde en el parque, haciendo nada, mientras mi hija juega, para darme cuenta de esto. Os lo recomiendo encarecidamente, ni libro, ni revista, ni portátil, ni teléfono, solo observando. Este era uno de mis deportes favoritos hace tiempo, porque se puede aprender mucho de la naturaleza humana en ese momento de vida contemplativa.

El caso es que lo que escuché, lejos de animarme el día y relajarme, me dejó la moral por los suelos. Padres atendiendo a sus hijos, pasando un rato de diversión en el parque, convierten el rato de relax, en una retórica de sentencias, a veces sobre ellos, a veces sobre cualquier tema, que desmotivan, que son pesimistas, y lo peor de todo es que los niños hacen lo que ven, aprenden imitando y es descorazonador pensar que esos pequeños, de entre dos y diez años más o menos, lo que escuchan de sus padres son, una tras otra, frases negativas.

—Si te subes ahí, te vas a caer,—vamos a tener que marchar porque con esas nubes tan negras seguro que llueve, —como llueva fijo que se me moja la ropa, —por ahí no te metas que te vas a hacer daño…

Podría seguir porque la lista era enorme. Los progenitores acompañando a sus retoños eran numerosos y entre los que tenía más cercanos, a los que escuchaba con claridad, no hubo ni uno solo que dijese a su descendiente una frase motivadora, positiva, de refuerzo, ni uno.

No nos damos cuenta pero esa negatividad, se la transmitimos a los pequeños, y no solo son frases, son actitudes vitales, eso se extiende, es contagioso, como una plaga, si uno se queja y protesta, el otro lo hace más y mejor. No digo que les enseñemos que todo es sencillo, feliz, carente de peligro, pero es que les ponemos el moratón y la tirita antes siquiera de que se hayan caído.

—Súbete poniendo toda la atención en lo que haces y si te caes yo te ayudo.

—Aprovecharemos todo el tiempo posible en el parque y puede que ni siquiera llegue a llover.

—El próximo día antes de venir al parque tenderé dentro la ropa para no tener que irme corriendo.

—Si te metes por ahí agáchate bien y conseguirás salir si lo haces con cuidado.

Podrían ser algunos ejemplos para cambiar las frases anteriores.

Creo que es importante desterrar un poco el «no puedes» y empezar a usar el «inténtalo de nuevo», dejar de lado el pesimismo, el sentimiento de que todo es adverso, perjudicial, e intentar sustituir esas expresiones que acaban pesando como lápidas, no solo en nuestra prole, sino en cada uno de nosotros.

Esto me recordó a una madre, que para reforzar la autoestima de su hija, y de paso darle seguridad y amor, cada día le escribía en el plátano que llevaba al colegio una frase motivadora. La niña no podía esperar a la hora del recreo para leer la lección que su madre le dejaba escrita y se levantaba por la noche a ver lo que le había puesto. Sus amigas esperaban a que ella lo sacase de la mochila para leer a diario lo que ponía, hasta su profesora le hizo fotos a la fruta. No eran grandes retóricas, apenas unas palabras valorando aspectos de su personalidad, deseándole un buen día y un te quiero al final. A menudo la frase era tan reveladora para la mamá como para su hija, porque le hacía pararse a pensar en las palabras escritas y se las aplicaba a sí misma.

Eso es lo que debemos buscar, motivar, animar, valorar, a los niños y a nosotros mismos, y poco a poco ir desterrando esas frases inofensivas, pero negativas que usamos a diario, cambiándolas por otras que significan lo mismo si, pero dicho de otra manera. Porque esas palabras se quedan en el subconsciente, y van acumulándose, pasando a formar una costra que nos desluce, que nos apaga, y no deja que brillemos en todo nuestro esplendor.

Os propongo que me regaléis una de esas frases negativas que usáis cada día y podemos intentar cambiarla por otra incentivadora y estimulante.

 

 

 

 

AGOTADA

Hace ya un tiempo que llevo rumiando esto y hoy por fin consigo sacarlo.
Estoy cansada. Muy cansada.
Cuando yo era pequeña, tener hijos y criarlos era algo instintivo. Había una cosa que se llamaba instinto maternal que te solucionaba la mayoría de los problemas, en parte porque había que sobrevivir y en parte porque hasta que yo tuve unos ocho años en mi casa no había televisión y vamos, Internet ni se había inventado creo yo. Así que engendrar y cuidar se hacia como la madre naturaleza y las vecinas indicaban.
Ahora no.
Bueno en realidad ahora no se muy bien como va, porque, yo ya soy madre, pero os juro que estoy mas perdida que un pulpo en un garaje.
Empezando por el parto, primero que parto natural y en casa, luego epidural e inducido y ahora vuelta  a lo natural.
Primero que si los bebes han de dormir solos, cuando ya los acostumbras resulta que no, que ahora deben dormir con los padres.
Y además de dormir solos debían dormir de lado, pero ya no, ahora boca arriba y con una almohada que tiene un agujero, esto también depende del profesional que te toque.
Primero que si biberón, luego no porque lactancia materna.
Primero que si tienen que tomar mucha leche para tener huesos sanos y fuerte, que no, que ahora la leche es poco menos que veneno.
Primero llegabas a casa, merendaba pan con mantequilla y a hacer los deberes, ahora ya no. La mantequilla ni olerla y ni se le ocurra al profesor poner deberes que le lapidamos.
Primero que hay que apuntar a los niños a muchas actividades para estimularles, que no, que ahora tienen que tener tiempo para aburrirse.
Primero que vacunas para evitar enfermedades y ahora que las vacunas son las que provocan la mayor parte de las alergias.
Primero……y ahora…
Es tal la cantidad de información, ahora de una manera y después de otra, que ser madre o padre se ha convertido en un Master en pedagogía, psicología, medicina, pediatría, con un sentimiento de culpa por no hacer las cosas bien que tengo la terrible sensación de que algo como la maternidad que debe ser maravilloso se esta convirtiendo en una carga muy pesada y para alguien como yo que me he descubierto perfeccionista en exceso, resulta tremendamente frustrante no hacer ni una bien.
Porque lo que ayer era blanco, hoy resulta que es negro y lo que mañana sera azul, el año próximo ya no se ni de que color sera.
Dejenme ser madre sin mas. Porque saberme la responsable de las posibles enfermedades  físicas de mi hija debido a los errores en su alimentación, o las mentales debido a los errores en su desarrollo afectivo o de las intelectuales debido a los errores en su educación  es una carga demasiado pesada. Lo hago lo mejor que se pero a veces solo se que no se nada….
Agotada

MIEDO A SER MADRE

-Mamá te metes conmigo un poquito en la cama?
-Si cariño, claro que si.
-¡Biennnnnn!
-¿Por qué te gusta tanto que duerma contigo mi niña?
-No lo se mamá…
Y la mamá empieza a recordar cuando su padre se iba de viaje y tenía el privilegio de dormir con su madre, que ahora ya es la abuela, y se metía con ella en la cama, sintiendo su abrazo protector, su calor y olor de madre, y la sensación de que no podía pasarle nada malo mientras estuviese en sus brazos.
La seguridad de que estaba protegida contra todo y contra todos.
Lo que no sabía la madre entonces, pero ahora si que lo sabe, es que aquella otra, que ahora es abuela, quizás también sentía tanto miedo como ella, pero jamás se lo demostró.
Tanto como el que siente ella ahora al abrazar a su hija, pensando:
-¿Cómo voy a protegerla yo y darle seguridad, si tengo tanto miedo como ella, o incluso mas?
Porque ella aún no es consciente de lo que es la vida…
-¿Cómo voy a hacerle sentir que no puede pasarle nada, si se, que le pasaran miles de cosas y yo no voy a poder evitarlo?
Si tengo miedo de fallarle, de sobreprotegerla y hacerla débil, o de no pasar suficiente tiempo con ella.
Miedo de que sufra.
Miedo de que enferme.
Miedo de no darle todo lo que necesite, o darle demasiado.
Miedo de que no sea feliz.
Y mientras escucha su respiración tranquila de niña dormida, se abraza fuerte a su cuerpo y piensa que precisamente quien la protege a ella es su pequeña, que mientras ella esté a su lado, no puede pasarle nada, porque ella es su ángel de la guarda.

ESTíMULOS

Hace mucho que no escribo….creo que demasiado, pero para que broten las palabras necesito un estímulo y con tanta prisa de vida los estímulos pasan de largo y apenas me doy cuenta de que están.
Pero en este momento con una torre de ropa para planchar y mientras se hace la comida, resulta que me doy cuenta de que las palabras están empezando a revolverse en mi cabeza y eso es por algo.
Analiza Anina, que el estímulo está y no lo ves…
Y el estímulo son las personas tan increíbles que me rodean. Las que ya formaban parte de mi vida, y las que se unen cada día y me enseñan algo nuevo.
Con las que ya estaban, estoy viviendo una segunda juventud porque he recuperado a mis mejores amigas de la infancia y eso no tiene precio, ya lo he dicho muchas veces.
Y con las que estoy conociendo, me voy descubriendo a mi misma, y como una de ellas me dijo hace nada delante de un café, algunas personas sólo descubren su auténtico potencial cuando se reflejan en otro. Y creo que eso es justamente lo que me ocurre en esta edad tan complicada, que ya paso a pensar que es peor que una adolescencia.
Con las que ya conocía recuperé mis raíces y mi esencia profunda y con las que estoy conociendo resulta que me redescubro como persona y entiendo que aún me queda mucho por crear, por conocer, por dar y por recibir.
 Y en estas, me despierto esta mañana con un mensaje de agradecimiento por algo que he compartido. El mensaje acompaña una frase de un libro que dice lo siguiente: 
“Preparar circunstancias para la buena suerte no significa buscar sólo el propio beneficio. Crear circunstancias para que otros ganen, también atrae la buena suerte”.
Esta frase, sacada del Cuento de la Buena Suerte del escritor Alex Robira,  que por cierto os recomiendo encarecidamente, me ha hecho darme cuenta de una cosa.
Durante toda mi vida, he conocido a muchas personas interesantes, otras no tanto.
De todas esas personas, las que con más insistencia han llamado siempre mi atención, han sido aquellas que destacaban por su extraordinaria generosidad. No hablo de dar bienes materiales, sino que hablo de personas que dan lo mejor de sí mismas sin esperar nada a cambio.
Las que dan lo más valioso que poseen, sus conocimientos, su amistad, su apoyo, su cariño, su tiempo, en ocasiones varias cosas a la vez, sólo por el hecho de hacer feliz a alguien.
Y en estos tormentosos cuarenta que vivo, cada vez me encuentro más de estas personas, y me doy cuenta de que voy cribando, cribando y descubriendo que esas son las que quiero que se queden en mi vida para siempre.
Qué bueno es estar alerta a todo lo nuevo que nos ocurre, y es que hay gente a la que la vida le pasa por encima sin darse apenas cuenta, y yo en este momento no puedo estar más atenta a todo lo bueno que me ocurre. A los cuarenta no es que llegue tarde aún, pero tengo que darme prisa.

UNA MADRE

Ahí va la de hoy, esta vez dedicada a todas las madres, a ver a cuántas de vosotras os suena el relato.
Madrugón el domingo para planchar porque con este calor es imposible hacerlo a otra hora que no sean las ocho de la mañana.
Después del tute de plancha, el desayuno y demás, salgo a correr, me hago mis kilometrines y sólo pienso en la maravillosa ducha que voy a dar cuando llegue a casa.
Entro por la puerta….
-Mamá ¿qué me pongo?
-Mamá no encuentro el cargador de la consola
-Mamá…….
Podéis añadir las preguntas que queráis, hay un amplio repertorio.
Después de estirar un poco mientras respondo preguntas varias, sobre ubicaciones varias e indumentarias varias, anuncio:
-Me voy a duchar!
En mi caso, la ducha dura aproximadamente unos diez minutos, quince si contamos el pipí de antes y la crema hidratante de después, que ya es lujo del todo.
Pues yo me pregunto, cómo es posible que mi familia no pueda pasar sin entrar al baño, en casa tenemos dos, por lo menos tres veces en lo que dura mi ducha?
A mi no me molesta que entren al baño, que yo para eso no soy nada maniática, pero por dios, un poquito de compasión, que quiero una ducha relajante y tranquila de diez minutos!
¿Es mucho pedir?
¿Os suena de algo?
Si es que madre no hay más que una…

TODAVÍA QUEDA ESPERANZA

Pues eso, que todavía quedan esperanzas, os lo prometo que no está todo perdido.
Ayer me reconcilié con el género humano. Un sencillo gesto, apenas sin importancia, me dio la clave. Os cuento. Resulta que estábamos comiendo en uno de esos restaurantes de comida rápida que todos conocéis. Un Domingo, de comidas familiares, en los que la mayoría de los niños, muestran la educación que reciben de sus padres en su más amplia expresión, casi siempre de la peor manera posible, todo hay que decirlo.
En un momento mientras me tomaba la mini tarta de queso, que por cierto está brutal, me quedo mirando una escena. Una pareja con sus dos hijos. Me fijaba en ellos porque la mujer me parecía muy guapa y estilosa. LLegaron con sus bandejas y se sentaron en una de esas mesas que han puesto ahora en estos restaurantes, que son redondas, bajitas y con cuatro asientos de colores llamativos, que dicho sea de paso, están anclados al suelo y no hay quien los acerque a la mesa para comer. Pues cuando se sentaron, la mujer puso dos chaquetas en el respaldo del asiento y se dispuso a comer con su familia. Entonces las dos chaquetas se cayeron al suelo en el preciso momento que pasaba por el pasillo una niña. Era pequeñita, quizá tendría tres años, no se si llegaría. Vestía un peto vaquero y medias rojas, y tenía una melena llena de tirabuzones. Con cara de sorpresa se quedó mirando las dos chaquetas que se acababan de caer a sus pies. Y entonces pensé: -Ya está, les va a pasar por encima y a tomar por el saco el mundo!!!
Y con su cara de ángel, recogió las dos prendas, que abultaban más que ella, y con expresión tímida se las entregó a la pareja en cuestión, que se quedaron con la misma cara de bobos que yo, y con una caricia en la cara se lo agradecieron con un cálido: “gracias cariño”.Y miraron a los papás de la nena que  estaban sentados al lado con una sonrisa en los labios. Y si una nena pequeñita, que sólo piensa en jugar, porque para eso es una niña y es lo que tiene que hacer, se detiene un momento a recoger algo que se le ha caído a alguien al suelo, a mi me parece que es el no va más de la buena educación.
 Puede pareceros una bobada, pero a mi me hizo pensar que no está todo perdido por Dios!!! Aún quedan esperanzas…
Hoy esta reflexión va dedicada a esa niña…y a sus padres!!!

DEMASIADOS ESTÍMULOS

Bueno, pues hoy mi reflexión va dedicada a todas las mamás, bueno y a los papás. Resulta que creo que a veces nos exigimos demasiado como padres. Quiero decir con esto que pretendemos no reñirles demasiado, ayudarles a estudiar, intentar que no se frusten si algo no les sale como esperan, no castigarles, estimular su imaginación con juegos, llevarles a teatro, al cine, al circo, a exposiciones,  a conciertos, al Botánico, al Acuario, a la Warner, a Disney…….bufffff. Todo un derroche de imaginación, dinero y planes para que nuestros hijos tengan todo lo que necesitan y mil cosas más que no necesitan. Y yo, soy una persona, a la que mi madre ha reñido mucho y un poco más, a la que nunca ayudaron a estudiar ni hacer los deberes, es más, con las explicaciones de clase, me bastaba, y hasta que terminé lo que entonces era la EGB, no necesité estudiar en casa. Si me frustraba por algo que no me salía bien, mi madre sacaba la zapatilla y ¡oye! se me pasaba en el acto. También me castigaron unas cuantas veces, y no necesitaba que estimularan mi imaginación, yo ya imaginaba de lo lindo, porque con dos  muñecas sólo que tenía, como para no imaginar. No fuí al teatro hasta que me hice muy mayor, y el circo pasaba por mi pueblo cada varios años. La primera película que vi en el cine fué “Coktail”, en la que salía Tom Cruise, y tendría yo más o menos 14 años. Por supuesto tampoco había Jardin Botánico, pero sabía mucho más de flora y fauna de lo que muchos de nuestros hijos saben ahora, el vivir en el pueblo es lo que tiene.
En resumen, a veces deberíamos pararnos a pensar un poco en todo eso que les damos de más a nuestros hijos. Reflexionar acerca de la cantidad de información que les metemos en la cabeza, de las prisas que les inculcamos, del poco tiempo que tenemos para, simplemente, mirarles a los ojos y escucharles lo que nos quieren decir. Y es que pensamos que tanta sobreestimulación les hará mejores personas, o más inteligentes, y que si les ponemos límites o consecuencias (antes se llamaban castigos), les vamos a marcar para toda la vida. Y sinceramente, yo ni tengo ningún trauma, ni creo que mis padres lo hayan hecho tan mal.