PROTESTO

No soporto a las personas que creen que el mundo estás en su contra.
Esos que nunca ceden el paso, ni piden por favor, ni dan los buenos días o las gracias.
Los que aceleran cuando alguien cruza por un sitio que no es el paso de peatones.
Esos a los que cualquier pequeño cambio les amarga el humor para todo el día.
A los que les molesta que les pidan un favor, en lugar de hacerlo de buena gana.
Esos que nunca sonríen.
Los que se quejan porque llueve y acaban de lavar el coche, pero también si sale el sol, porque hace mucho calor.
Los que no van a ninguna parte interesante porque todo se les antoja aburrido.
Los que en lugar de dar las gracias por estar aquí, parece que le reprochan al mundo por haber nacido.
Los que no se esfuerzan por nada, y abandonan antes de empezar porque nada merece la pena.
Los que no muestran sentimientos.
Los que no se tocan con nadie ni se besan porque no les gusta el contacto humano.
Los que creen que sólo el dinero da la felicidad y valoran a los demás por lo que tienen.
Los que hablan sin pensar si están haciendo daño…
En fin, de esos conozco unos cuantos.
Pero adoro a los que, aunque las cosas vengan como vengan, son capaces de decir:
“Si estamos en este punto, es porque hemos sumado, no restado”.
De esos también conozco algunos, unos cuantos los tengo muy cerca, y aunque sean pocos, su fuerza, su luz, su sonrisa, su carisma, su alegría y su pasión, superan con creces a todos los demás.

RECUERDAME QUE NO HAGA MAS EL TONTO

Me dice una amiga mía muy querida:
-Recuérdame que no haga mas el tonto, y de paso te doy permiso para que me des de tortas!

Y yo pienso que nos pasamos la vida haciendo cosas que no deberíamos hacer, y me gustaría saber, ¿cuál es la fuerza que nos empuja en esos momentos a hacer lo que sabemos que no nos conviene para nada?.
Quizás un instinto animal, quizás una vena masoca, quizás el subconsciente retorcido que anida en nuestro interior…quién sabe?
Y aunque tengamos una persona a nuestro lado que nos dice que no hagamos más el tonto, y que nos dé de tortas por ello, pues nada oye, que seguimos erre que erre con lo mismo.
Y es que uno no escarmienta por cabeza ajena, sino que tiene que toparse quinientas veces con la misma piedra y abrirse la cabeza, para darse cuenta de que ese no es el camino. Y aún así hay veces que pensamos que si no podemos pasar por donde está la piedra, a lo mejor, podemos escalarla. Y lo intentamos hacer, olvidándonos de que no somos especialistas en altura, ni montañeros experimentados, y cuando nos caemos, otra vez nos abrimos la cabeza, y de paso nos rompemos las piernas.
Pero bueno, de caerse y volverse a levantar, es de lo que se trata la vida no?
¡Pues venga, todos a ponerse el casco, rodilleras y coderas, y que sea lo que Dios quiera!

REFLEXIONES DE DESAYUNO

 Pues resulta que, de toda la vida, a mi me ha gustado desayunar jamón serrano, con pan tostado y aceite, que siempre me ha ido más lo salado que lo dulce, además de mi cafetín con leche. Pero desde hace un tiempo, por aquello de comer sano, me hago unas magdalenas, caseras, con una harina integral estupenda, que me cuesta un ojo de la cara, y no es porque lo diga yo, pero me salen de muerte. Me desayuno esas magdalenas y me encantan.
Y esta mañana, como me paso la vida enganchada al facebook  últimamente, no tenía las magdalenas hechas, así que me dispuse a volver al jamón con pan. Y nada, que descubrí que el jamón ya no me gusta, no como antes. Hubo un día en que me encantaba, pero ya no es lo mismo. Así que pensé que por qué voy a comer jamón si a mí lo que me gustan son las magdalenas. Qué tiene que ver que hace mucho me gustase si ahora ya no me sabe igual. A lo mejor la que ha cambiado soy yo, y lo que antes me volvía loca, ahora me sabe insípido y sin sustancia. Total, que mientras pueda seguiré comiendo magdalenas, y haciéndolas que es parte de la diversión…

DESCUBRIR PERSONAS

Un día te encuentras con alguien que conoces, que hace tiempo que no ves, y con quien nunca te ha unido nada especial, salvo una relación cordial de conocidos. Y ese día, por una conjunción astral, del destino, del sabe Dios qué, una frase, una mirada o un gesto, hace que te des cuenta de que, sin saber  por qué, estáis en armonía, y fluye entre los dos una comunicación que antes no había, y que ahora de repente te apetece contarle tu vida en verso.
A mí, últimamente, esto me pasa muy a menudo, y estoy encontrándome con personas del pasado con las que estoy teniendo ese tipo de sensación. Yo lo llamo, descubrir personas, porque aunque ya las  conocía, no me unía nada especial con ellas, y ahora después de los años, descubro que sí que nos une algo.
Esta semana, me ocurrió esto con alguien, y todavía estoy pensando, cómo es posible que hace tiempo no me diese yo cuenta de que podía tener una relación estupenda con esa persona. Me ha demostrado, sólo con unas pocas palabras, que es alguien  en quien puedo confiar, con quien me puedo reir, y que si necesito un hombro para llorar, también estará ahí.
Será que con el tiempo, en lugar de pasar por alto el interior de las personas, y fijarme sólo en la fachada, he decidido que quiero conocer más, sin importarme el envoltorio, y como si de un sobre-sorpresa se tratara, lo desenvuelvo con cuidado, y cuando miro dentro, con la curiosidad que da no saber lo que te vas a encontrar, a veces descubro que lo que pensaba que sería sólo una baratija, es una joya en toda regla.
¡Me encanta descubrir personas!

QUIÉN QUIERE SABER LO QUE OCURRIRÁ MAÑANA

¿Qué es lo que nos hace a veces tomar un camino u otro en la vida?
Tomamos uno que pensamos que es el correcto y a la vuelta de los años nos damos cuenta de que ese no era.
Pero, ¿cuál era el correcto en realidad?
¿Es posible que vivamos varias vidas? Tengo la sensación de que me ha tocado vivir unas cuantas diferentes.
¿Es el destino el que nos dirige hacia el final o somos nosotros los que determinamos con nuestras decisiones lo que ocurrirá en ese final?
Yo prefiero pensar que el destino nos tiene preparadas las sorpresas y que todo lo que tenga que ser, será.
Así, declino toda la responsabilidad de lo que pase en un caprichoso orden natural. Porque si tengo que pensar que mi vida está determinada única y exclusivamente por mis decisiones, me asustaría en muchos casos el resultadony la sensación de haber desperdiciado el tiempo en ocasiones, no me dejaría vivir lo que me quede.
Prefiero pensar que no he perdido el tiempo, porque lo que soy ahora está determinado por las cosas que he vivido.
La intriga de lo que el destino me tiene preparado, son las mariposas en el estómago que alimentan mi alma cada día.

Ana Fernández Díaz

DEDICATORIA

Tengo una amiga que siempre me dice que la época más feliz de la vida es cuando uno está enamorado, pero que a ella no le gusta nada porque le dan “ganas de vomitar”.
Es lo que comúnmente llamamos “mariposas en el estómago” pero en grado superlativo!
Es decir, que no son unos simples nervios cuando vas a ver a la persona que te los provoca, si no que es una especie de nudo que no te deja respirar, y que te provoca la sensación de que si respiras hondo, echarás la comida.
Eso, yo sé que no le ocurre a todo el mundo, sólo a las personas que nos dejamos llevar mucho más por la pasión  que por la razón. Y como somos muy pasionales en todos los sentidos, todo lo que nos afecta sentimentalmente, se refleja en nuestro cuerpo de una u otra manera. A unos les dan ganas de vomitar,  a otros les sale algo en la piel que se llama rosácea, a otros les salen granos…en fin, hay para todos los gustos.
Y claro, en lugar de alejarnos del causante de nuestros males, decidimos que lo que no te mata, te hace más fuerte, y seguimos adelante a pesar de ellos.
Pero como todo en esta vida tiene un principio y un final, pues resulta que todo se acaba, y las mariposas y todo lo demás a veces dejan paso a otras sensaciones, maravillosas también, de amor, cariño y complicidad, en fin, esas cosas, y todo se vuelve tranquilo y sencillo, y los nervios se terminan y llega la calma. Otras veces dejan paso a la nada, que también ocurre.
Pero con el paso del tiempo, termine como termine,  en algún momento, llegamos a añorar esas sensaciones incontrolables.
Esta reflexión va dedicada a una amiga mía que vive esas sensaciones muy intensamente ahora, y se la dedico, además de porque se lo he prometido, para que aunque pasen muchos años, y todo se vuelva tranquilo y sencillo, sea capaz de encontrar en cada día un motivo que le vuelva a hacer sentirse igual que ahora, que no se le quiten nunca las mariposas del estómago y que sea capaz de recordar, los motivos que se las provocaban.
 Porque esas sensaciones, con el tiempo, se pierden, y si no te esfuerzas mucho, ya no vuelven….