RELACIONES

 

Hay que ver lo que da de sí ir al parque con la peque. El otro día necesitaba airearme un poco y me fuí al parque con la nena y mi amiga con sus hijos. Y mientras ellos jugaban, nosotras arreglábamos el mundo un poco.
Antes de que ellos llegasen, me senté en un banco dispuesta a mirar un poco el facebook, por aquello de que ahora tengo un móvil multimedia que me da la vida cuando no estoy en casa. Resulta que cuando voy a sacar el teléfono del bolso, de repente, miro el banco de enfrente y veo tres chicas adolescentes, de las de toda la vida, playeros, tejanos y melena al viento. Las tres muy juntas, con lo cual deduje que eran amigas, pero no por la conversación, que no la tenían.
Cada una de ellas estaba tecleando en su móvil como si les fuera la vida en ello, que seguro que “whatsappeaban” o se “twiteaban” o se “facebookeaban”, yo qué se, pero ni se miraban, ni se hablaban.
Allí estuvieron hasta que llegó mi amiga, y al cabo de un rato me dí cuenta de que se habían ido, se les habría acabado la batería o el saldo…
Y yo reflexionaba sobre las relaciones humanas, y pensaba en lo bonito que es encontrarte con un amigo y darle un abrazo, reirte a carcajadas de sus chistes, mirarle a los ojos y saber lo que piensa y que se te pase el tiempo volando cuando le cuentas tu vida o te cuenta la suya.
Y eso, se lo están perdiendo estos jóvenes, que de tanto darle al móvil, no van a saber cómo se hace el amor en su puñetera vida!!

DEMASIADOS ESTÍMULOS

Bueno, pues hoy mi reflexión va dedicada a todas las mamás, bueno y a los papás. Resulta que creo que a veces nos exigimos demasiado como padres. Quiero decir con esto que pretendemos no reñirles demasiado, ayudarles a estudiar, intentar que no se frusten si algo no les sale como esperan, no castigarles, estimular su imaginación con juegos, llevarles a teatro, al cine, al circo, a exposiciones,  a conciertos, al Botánico, al Acuario, a la Warner, a Disney…….bufffff. Todo un derroche de imaginación, dinero y planes para que nuestros hijos tengan todo lo que necesitan y mil cosas más que no necesitan. Y yo, soy una persona, a la que mi madre ha reñido mucho y un poco más, a la que nunca ayudaron a estudiar ni hacer los deberes, es más, con las explicaciones de clase, me bastaba, y hasta que terminé lo que entonces era la EGB, no necesité estudiar en casa. Si me frustraba por algo que no me salía bien, mi madre sacaba la zapatilla y ¡oye! se me pasaba en el acto. También me castigaron unas cuantas veces, y no necesitaba que estimularan mi imaginación, yo ya imaginaba de lo lindo, porque con dos  muñecas sólo que tenía, como para no imaginar. No fuí al teatro hasta que me hice muy mayor, y el circo pasaba por mi pueblo cada varios años. La primera película que vi en el cine fué “Coktail”, en la que salía Tom Cruise, y tendría yo más o menos 14 años. Por supuesto tampoco había Jardin Botánico, pero sabía mucho más de flora y fauna de lo que muchos de nuestros hijos saben ahora, el vivir en el pueblo es lo que tiene.
En resumen, a veces deberíamos pararnos a pensar un poco en todo eso que les damos de más a nuestros hijos. Reflexionar acerca de la cantidad de información que les metemos en la cabeza, de las prisas que les inculcamos, del poco tiempo que tenemos para, simplemente, mirarles a los ojos y escucharles lo que nos quieren decir. Y es que pensamos que tanta sobreestimulación les hará mejores personas, o más inteligentes, y que si les ponemos límites o consecuencias (antes se llamaban castigos), les vamos a marcar para toda la vida. Y sinceramente, yo ni tengo ningún trauma, ni creo que mis padres lo hayan hecho tan mal.

PROTESTO

No soporto a las personas que creen que el mundo estás en su contra.
Esos que nunca ceden el paso, ni piden por favor, ni dan los buenos días o las gracias.
Los que aceleran cuando alguien cruza por un sitio que no es el paso de peatones.
Esos a los que cualquier pequeño cambio les amarga el humor para todo el día.
A los que les molesta que les pidan un favor, en lugar de hacerlo de buena gana.
Esos que nunca sonríen.
Los que se quejan porque llueve y acaban de lavar el coche, pero también si sale el sol, porque hace mucho calor.
Los que no van a ninguna parte interesante porque todo se les antoja aburrido.
Los que en lugar de dar las gracias por estar aquí, parece que le reprochan al mundo por haber nacido.
Los que no se esfuerzan por nada, y abandonan antes de empezar porque nada merece la pena.
Los que no muestran sentimientos.
Los que no se tocan con nadie ni se besan porque no les gusta el contacto humano.
Los que creen que sólo el dinero da la felicidad y valoran a los demás por lo que tienen.
Los que hablan sin pensar si están haciendo daño…
En fin, de esos conozco unos cuantos.
Pero adoro a los que, aunque las cosas vengan como vengan, son capaces de decir:
“Si estamos en este punto, es porque hemos sumado, no restado”.
De esos también conozco algunos, unos cuantos los tengo muy cerca, y aunque sean pocos, su fuerza, su luz, su sonrisa, su carisma, su alegría y su pasión, superan con creces a todos los demás.

UNA DE CAL Y OTRA DE ARENA

Hoy la reflexión va sobre las personas de las que esperamos algo y no lo obtenemos.
Hay veces en la vida, que esperas algo de alguien, porque te ha demostrado, con hechos o con palabras, que obrará de una manera, y de  repente, te llevas un soberano chasco porque no hace lo que tu esperabas.
Nunca me han gustado los que me dan “una de cal y otra de arena”,  ni los de las “medias tintas”, soy más de “las cosas claras y el chocolate espeso”,¡hay que ver qué de refranes me sé!. Y cuando alguien me da una de cal y otra de arena, me pongo de muy mal humor, y además, cuando me decepciona, suelo pensar que no lo hará más porque yo no se lo voy a permitir, y cuando ya me he hecho a la idea, me da la de cal otra vez. Y como en el fondo soy una buena persona, me lo creo todo de nuevo, o me lo quiero creer, porque esa es otra, que buena si, pero tonta no, así que me creo sólo lo que me conviene.
Pero en este juego de creer o no creer, hay ocasiones en que me gustaría pensar que habrá más de cal que de arena. Todo sea por soñar un poco. Y en el fondo, muy en el fondo, la cal será la que lo inunde todo….

REPRIMIRSE

¿Por qué será que a veces no decimos lo que pensamos?
Hay momentos en que las palabras llegan a la boca y en el momento justo, las frenamos y no llegan a salir.

¿Cuántas veces en nuestra vida nos habrá ocurrido esto? ¿Y cuántas de esas veces, habría cambiado todo si las hubiésemos dejado salir?
Yo últimamente no me reprimo demasiado con lo que digo, y  casi siempre dejo que brote sin control, aunque lo hago mejor dándole a la tecla. A pesar de eso, todavía hay cosas con las que me quedo dentro que me queman no sabéis de qué manera!
Que si las hubiera dicho, no creo que hubiese cambiado nada, o tal vez si, pero que yo me habría quedado mas a gusto que un ocho.
Si reprimimos nuestros sentimientos igual que hacemos con nuestras palabras, dejamos de ser nosotros mismos para convertirnos en la sombra de alguien. Y yo no quiero ser una sombra de nada. Quiero poder decir lo que pienso o siento sin miedo a nada.
 Eso es lo que me hace con mis defectos y mis virtudes, la persona que soy, y creedme, intento quererme mucho, porque como yo, nadie lo hará!!

RECUERDAME QUE NO HAGA MAS EL TONTO

Me dice una amiga mía muy querida:
-Recuérdame que no haga mas el tonto, y de paso te doy permiso para que me des de tortas!

Y yo pienso que nos pasamos la vida haciendo cosas que no deberíamos hacer, y me gustaría saber, ¿cuál es la fuerza que nos empuja en esos momentos a hacer lo que sabemos que no nos conviene para nada?.
Quizás un instinto animal, quizás una vena masoca, quizás el subconsciente retorcido que anida en nuestro interior…quién sabe?
Y aunque tengamos una persona a nuestro lado que nos dice que no hagamos más el tonto, y que nos dé de tortas por ello, pues nada oye, que seguimos erre que erre con lo mismo.
Y es que uno no escarmienta por cabeza ajena, sino que tiene que toparse quinientas veces con la misma piedra y abrirse la cabeza, para darse cuenta de que ese no es el camino. Y aún así hay veces que pensamos que si no podemos pasar por donde está la piedra, a lo mejor, podemos escalarla. Y lo intentamos hacer, olvidándonos de que no somos especialistas en altura, ni montañeros experimentados, y cuando nos caemos, otra vez nos abrimos la cabeza, y de paso nos rompemos las piernas.
Pero bueno, de caerse y volverse a levantar, es de lo que se trata la vida no?
¡Pues venga, todos a ponerse el casco, rodilleras y coderas, y que sea lo que Dios quiera!

REFLEXIONES DE DESAYUNO

 Pues resulta que, de toda la vida, a mi me ha gustado desayunar jamón serrano, con pan tostado y aceite, que siempre me ha ido más lo salado que lo dulce, además de mi cafetín con leche. Pero desde hace un tiempo, por aquello de comer sano, me hago unas magdalenas, caseras, con una harina integral estupenda, que me cuesta un ojo de la cara, y no es porque lo diga yo, pero me salen de muerte. Me desayuno esas magdalenas y me encantan.
Y esta mañana, como me paso la vida enganchada al facebook  últimamente, no tenía las magdalenas hechas, así que me dispuse a volver al jamón con pan. Y nada, que descubrí que el jamón ya no me gusta, no como antes. Hubo un día en que me encantaba, pero ya no es lo mismo. Así que pensé que por qué voy a comer jamón si a mí lo que me gustan son las magdalenas. Qué tiene que ver que hace mucho me gustase si ahora ya no me sabe igual. A lo mejor la que ha cambiado soy yo, y lo que antes me volvía loca, ahora me sabe insípido y sin sustancia. Total, que mientras pueda seguiré comiendo magdalenas, y haciéndolas que es parte de la diversión…

DESCUBRIR PERSONAS

Un día te encuentras con alguien que conoces, que hace tiempo que no ves, y con quien nunca te ha unido nada especial, salvo una relación cordial de conocidos. Y ese día, por una conjunción astral, del destino, del sabe Dios qué, una frase, una mirada o un gesto, hace que te des cuenta de que, sin saber  por qué, estáis en armonía, y fluye entre los dos una comunicación que antes no había, y que ahora de repente te apetece contarle tu vida en verso.
A mí, últimamente, esto me pasa muy a menudo, y estoy encontrándome con personas del pasado con las que estoy teniendo ese tipo de sensación. Yo lo llamo, descubrir personas, porque aunque ya las  conocía, no me unía nada especial con ellas, y ahora después de los años, descubro que sí que nos une algo.
Esta semana, me ocurrió esto con alguien, y todavía estoy pensando, cómo es posible que hace tiempo no me diese yo cuenta de que podía tener una relación estupenda con esa persona. Me ha demostrado, sólo con unas pocas palabras, que es alguien  en quien puedo confiar, con quien me puedo reir, y que si necesito un hombro para llorar, también estará ahí.
Será que con el tiempo, en lugar de pasar por alto el interior de las personas, y fijarme sólo en la fachada, he decidido que quiero conocer más, sin importarme el envoltorio, y como si de un sobre-sorpresa se tratara, lo desenvuelvo con cuidado, y cuando miro dentro, con la curiosidad que da no saber lo que te vas a encontrar, a veces descubro que lo que pensaba que sería sólo una baratija, es una joya en toda regla.
¡Me encanta descubrir personas!

BASURILLA

¿No os ocurre muchas veces que cuando estáis limpiando las casa, vais recogiendo pequeñas cosas desperdigadas, por los rincones, que son para tirar?
Una horquilla oxidada, un trozo de plástico de un envoltorio, una etiqueta de algo que se acaba de estrenar. Los que tenéis nenes seguro que me entendéis, que dejan todo lo menudo tirado por cualquier parte, y os lo vais metiendo en el bolso del delantal, o de la chaqueta de andar por casa, para tirarlo todo luego a la basura. Luego no os acordáis de tirarlo y cuando os volvéis a poner la chaqueta, tiene el bolso lleno de basurilla.
A mi eso me pasa cantidad de veces, y en ocasiones algo que tenía que haber tirado aparece de repente y hasta le encuentras utilidad.
Hay muchos momentos en que eso nos pasa también en la vida.
Deberíamos tirar alguna cosa a la basura y de repente un día sigue ahí, guardada en nuestra memoria, y aparece de repente para que le encontremos una utilidad. 
Y entonces nos damos cuenta de que deberíamos tirar las cosas en su momento, porque si no, con el tiempo, volverán a aparecer y hasta les  encontraremos algún fin, o tal vez nos demos cuenta de que realmente no servían para nada y eran puritita basurilla. Asi que ya sabéis, rebuscad bien en los bolsillos y tirar todo lo malo que luego lo mismo vuelve