FELIZ CUMPLEAÑOS

Normalmente mis reflexiones salen solas, así a bocajarro, sin pensar demasiado.
Algunas de ellas van dedicadas, y esas son las que menos me cuestan porque emanan del sentimiento puro y duro.
Esta es una de ellas. Hace más de veinte años que te conozco y has sido mi mejor amiga durante nuestra adolescencia.
Las circunstancias de la vida, hicieron que perdiésemos el contacto, pero como los sentimientos profundos son los que mejor resisten el paso del tiempo, el destino hizo que nos volviésemos a encontrar.
Casarse tan joven y tener un hijo, entonces, me pareció la locura más grande que se puede hacer, pero me has demostrado que eres una de las personas más íntegras que conozco.
Has demostrado que eres una madre increíble, y una esposa aún mejor, y al igual que tu matrimonio, nuestra amistad a pesar de las distancias, también ha resistido los veinte años.
Pero sobre todo, eres una de las mujeres más maravillosas que he conocido.
Sensible hasta el infinito y más allá. Dulce y cariñosa como no puedes serlo más.
Me encanta tu frescura y tu buen humor.
Siempre me has parecido muy guapa, pero ahora lo eres aún más porque la mayor parte de tu belleza, está dentro de ti.
Hoy quiero desearte que tengas un cumpleaños maravilloso, con todos los que te adoramos. Y que dentro de otros tantos años, lo podamos seguir celebrando juntas.
Un beso mi niña
Te admiro y te quiero mucho Carmen.

UNOS MÍNIMOS

-Esto es el mundo al revés Anina, me dice una amiga muy querida.
Resulta que tengo varias amigas, que están solteras y sin pareja. Y no acaban de encontrar al candidato ideal, que no es que ellas sean en exceso exigentes, para nada, pero me dice esta amiga que por lo menos hay que pedir “unos mínimos”.
Yo pensaba que se refería a que tengan trabajo, casa, coche, etc…
-No nena, me contesta, me refiero a lo otro…
Y yo respondo que entonces se refiere a guapos,
educados, cultos, inteligentes…
-Que no, que no, que yo lo que pido son unos mínimos de lo importante.
Y entonces caí en la cuenta.
-Ah ya se, que tu quieres unos mínimos en cuanto a calidad y tamaño, osea que cumplan con las especificaciones y se ciñan a la media europea, vamos. Y que además tengan una funcionalidad y durabilidad  acorde a lo que se espera de ellos.Y que pasen unos controles de calidad conforme a criterios de satisfacción que estén a la altura de las expectativas.
-Eso mismo! -me dice ella sonriente, que me ha entendido a la perfección.
Y es que efectivamente, el mundo está al revés, y ya ni para lo básico sirven algunos. Afortunadamente no todos.

NADA SALE GRATIS

Estaba yo pensando que todo en esta vida tiene su parte buena, y su parte mala, todo.

Todo tiene un precio a pagar. A veces es un pequeño peaje, y a veces es mucho mayor.

Para disfrutar del sabor de una naranja, debemos pelarla primero.

Si un plato muy elaborado, hay que cocinar antes y fregar después, salvo que sea en un restaurante, que lo que pasa es que tenemos que pagar la cuenta.

Si queremos dinerito, hay que trabajar.

En resumen que todo tiene la parte placentera, que nos gusta y la otra que no tanto.

El problema, es que hay personas que viven pensando que sólo pueden o quieren lo bueno, y no aceptan lo que no lo es.

Y eso, es vivir fuera de la realidad.

Querer solamente lo que nos interesa, sin ningún tipo de sacrificio, no es posible.

Y hay muchas veces en que el precio a pagar, es tan caro que no merece la pena lo que obtenemos a cambio.

El caso es que nada sale gratis en la vida.

Hay una frase de Arturo Pérez Reverte, que dice:

“Después de una comilona en un buen restaurante, no debemos renegar del precio de la factura”

La cosa es decidir si el plato que nos comimos merecía el precio que pagamos por él. Pero eso sólo lo sabemos cuando ya nos lo hemos comido, es una lástima.

GESTIONANDO CAMBIOS

Conciliar vida laboral y familiar no es tarea fácil.
Añadir a esto, intentar seguir formándote, es complicadísimo.
Pero como a mi, ya nada se me pone por delante, intento colocar horarios, reorganizar tareas, ubicar niña y planificar un sin fin de intendencias  para poder asistir a un curso por las noches que me interesa mucho.
Llego al curso, que dura un mes, y por cuestiones burocráticas varias, se suspende hasta dentro de una quincena!!!!
Claro, yo me pongo como un basilisco, porque no nos han avisado, porque tengo que reorganizar todo de nuevo, en fin, un follón.
Cuando llego a mi casita y me siento delante del ordenador, y abro mi facebook, resulta que me han cambiado de nuevo el aspecto de la biografía, y lo que antes estaba a un lado, ahora va al otro, y lo que estaba al otro, va al uno.
Y encima dice el cartelito: “encuentra más fácil toda la información, bla, bla, bla…..”
¡Si yo ya sabía dónde y cómo tenía mi información, era mía, la coloqué yo!
En resumen, que me pongo de nuevo como un basilisco, porque no me gusta que me cambien las cosas de sitio sin mi autorización, y dos de mis amigos, (ten amigos para esto) me dicen que lo que me pasa es que gestiono mal los cambios.
¿Que gestiono mal los cambios?
Señores, llevo gestionando los cambios toda mi vida, pero ahora en los cuarenta, si que es verdad que no hago otra cosa.
Voy a la tienda a por mi crema hidratante de siempre y me han cambiado el envase, (esto es para hacer los botes más gruesos y poner menos producto).
Encima me dice la dependienta, que me ve poner cara de póker, que ahora ya no debería llevar la hidratante normal, que mejor una anti-edad, (la miro y la estrangulaba de buena gana), pero me cambio de crema sin rechistar.
Resulta que mis pantalones de siempre, ya no me quedan como siempre, porque mi trasero ya no está en el mismo sitio, así que me pongo a correr como una loca para recuperarlo.
Empezar a correr a esta edad tiene mucha miga, conlleva descubrir lesiones donde no sabías ni que tenías músculos, y encima que la fisio te diga que es que esos músculos ya no recuperan como antes.
A eso añadimos las patas de  gallo que un día me descubro en el espejo, (por eso lo de la anti-edad claro).
Me he tenido que adaptar a la nuevas formas que tienen de educar a nuestros hijos, que ya no sé ni cómo enseñarle una puñetera resta llevando.
También tengo que adaptarme a la moda, a las nuevas tecnologías…en definitiva, que mi vida es una pura gestión de cambios constantes
¿Y me dicen que gestiono mal los cambios?
Gestionar mal los cambios, es ponerse a pegar tiros como el protagonista de la película “Un día de furia”.
Lo que yo hago es una simple pataleta, una protesta inocente, que es lo único que se puede hacer cuando los cambios, además de obligatorios, nos vienen impuestos por otros que no tienen ni idea de los que tengo que gestionar a diario ya por norma.
¡Y los que me quedarán!
De todos modos tranquilos, no voy a gestionar ningún cambio en mi lista de amistades, ese creo que si que lo llevaría fatal, jajajajajaja.

 

LOS MONOS TAMBIEN LA SUFREN

Pues parece ser que sí, que existe y ha llegado a mi vida. Ya me lo había advertido una amiga hace un tiempo, cuando me compré los patines y empecé a hacer locuras.
La tan manida “crisis de los cuarenta”, que todavía no los tengo, pero la muy cabrona es como la gripe que llega sin avisar, ha aparecido.
Y como mi cabeza normalmente no suele parar de dar vueltas, pues ahora en grado sumo.
Eso quiere decir, que todo lo que antes era cómodo, tranquilo, sereno, ahora es aburrido, y lo que antes me parecía arriesgado, peligroso, sin sentido, ahora resulta que me parece hasta atractivo.
Y claro, ponerse a patinar a esta edad tiene sus riesgos, por eso me decanté por el tema de correr que es mucho menos complicado, aunque también tiene su aquel.
En esta inquietud existencial, resulta que la pregunta que con más frecuencia me viene a la mente, es acerca de cuál es mi objetivo en la vida, una vez cumplidas las expectativas que todo el mundo da por supuestas tipo: trabajo, casa, familia.
Y una de las respuestas que más me ha convencido es la siguiente:
SER UN POCO MEJOR QUE AYER.
Esta respuesta me la ha dado alguien que acabo de conocer, y se lo agradezco infinito, porque creo que en la mitad de la vida, en tiempo de descuento, como dice otro amigo mío, tener como objetivo, ser un poco mejor que ayer, es aunque no lo parezca, el mejor que se puede tener.
Ahora sólo me falta saber, en qué quiero yo ser un poco mejor que ayer, porque claro, hay cosas en las que ya soy buenísima!!!
Y en otras, en otras más mala que pa qué!!
Espero que se refiriese a ser mejor persona, aunque creo que en eso….también tengo mucho que mejorar, o no…
Y para colmo de males leo en la revista Muy Interesante que los monos también la sufren, jajajajaja
¡Pues menudo consuelo que me queda!

 

UN SACO DE MIMOS

Tengo una innata capacidad para escuchar, comprender y consolar a la mayoría de las personas que se pasan por mi existencia.
También tengo, no se por qué, un enorme imán que atrae a todo aquel que se siente desdichado, triste o compungido.
 Y por tanto, genero la confianza suficiente para que cuando se me conoce un poco, la gente tienda a confiar en mi, y me desvele sus más íntimos miedos, secretos, vicios, confesables o no, y fobias varias.
 Al final, resulta que en determinados momentos acabo ejerciendo de confesora, asesora, psicóloga y amiga, aún sin serlo.
 Y tengo un saco enorme de mimos varios, para todo aquel que los necesita, que dicho sea de paso, me agradecen infinitamente.
Ese saco no es inagotable, también se consume.
En muchas ocasiones, demasiadas, me doy cuenta de que estoy rebuscando en el fondo, a ver si consigo encontrar un puñado de ellos que creía que me quedaban, y no aparecen.
 Ese puñado, que no encuentro cuando más lo necesito, es precisamente, el que se me olvida guardar para mi.
Y es que todos nosotros deberíamos tener una pequeña reserva de mimos, de los más especiales, de los más calentitos y dulces, para nosotros.
Para nuestros momentos de auto compasión, de derrota, en los que nos lamentamos de nuestra existencia, con razón o sin ella.
 Para cuando nos sentimos pequeñitos, y sólo un buen baño de mimitos nos consuela.
 Pero como no queremos pecar de egoístas, nos dejamos en el fondo del saco, sólo las migajas, y a veces, ni siquiera eso.
A partir de ahora, prometo tener una pequeña bolsita de reserva…por si acaso, llegado el momento, los puedo necesitar.

EXCESOS

Resulta que todos los padres nos quejamos de que la tecnología está dando paso a la falta de relaciones personales de nuestros hijos. Nos queremos negar a que los Reyes traigan móviles, tablets y toda esa serie de aparatos de última generación que desconecta a los nenes del trato personal y les une a máquinas infernales de las que no se separan ni para ir al baño. Pero yo hoy quiero reivindicar lo contrario, hablando de mi caso, no como madre que lo soy, si no como usuaria de las máquinas infernales. Como ya sabéis algunos de vosotros, yo he encontrado a mis antiguos compañeros de instituto a través del facebook y gracias a varias de esas máquinas que tanto denostamos, me mantengo en contacto a diario con alguno de ellos. Nos mandamos whatsapp, no enviamos e-mails, o chateamos casi cada día. Si, a veces lo hacemos para quedar a tomar un café, que es como mejor se cuentan las cosas, pero cuando nuestras ocupadas vidas no nos lo permiten, mantenemos el contacto gracias a esa tecnología. Y cuando pasas por un mal momento, un mensaje de alguien que te aprecia, se agradece como no te puedes imaginar. Que estoy de acuerdo en que lo mejor sería un abrazo, si, pero el abrazador a veces está lejos y no puede venir a dártelo y entonces, que te dedique unos minutos de su tiempo para un mensaje, significa que estás en su pensamiento y en su corazón Y que después de veinte años, haya sido capaz de retomar el contacto con mis amigas de toda la vida, y la conexión mental que teníamos entonces haya aparecido de nuevo, y que me sienta igual de unida a ellas que entonces, aunque sea a través de una pantalla de ordenador, eso se lo debo todo a la magia de internet. Y que haya conocido a personas maravillosas, con las que he “conectado” literalmente como si de intimos amigos se tratase, eso también se lo debo a las redes sociales. Por eso elevo hoy mi voz para decir que si, que lo mejor es mirar a alguien a los ojos cuando le hablas, reirte de sus chistes, o cogerle la mano, pero a veces, cuando eso no es posible, un chateo o un “whatsapeo”, puede ser un sustituto perfecto, y al fin y cabo yo prefiero pensar que es como cuando de jovencita me escribía cartas con mis amigas, lo que pasa es que en lugar de tardar quince días en recibir la respuesta, ahora llega en segundos….
Aún así, como todo en la vida hay que mirarlo desde las dos vertientes, os dejo este enlace que habla sobre las adicciones, para que veáis la otra cara de la moneda, la de no saber poner mesura!!!
http://posturasanaconser.blogspot.com.es/2012/05/las-adicciones-bien-vistas.html

TODAVÍA QUEDA ESPERANZA

Pues eso, que todavía quedan esperanzas, os lo prometo que no está todo perdido.
Ayer me reconcilié con el género humano. Un sencillo gesto, apenas sin importancia, me dio la clave. Os cuento. Resulta que estábamos comiendo en uno de esos restaurantes de comida rápida que todos conocéis. Un Domingo, de comidas familiares, en los que la mayoría de los niños, muestran la educación que reciben de sus padres en su más amplia expresión, casi siempre de la peor manera posible, todo hay que decirlo.
En un momento mientras me tomaba la mini tarta de queso, que por cierto está brutal, me quedo mirando una escena. Una pareja con sus dos hijos. Me fijaba en ellos porque la mujer me parecía muy guapa y estilosa. LLegaron con sus bandejas y se sentaron en una de esas mesas que han puesto ahora en estos restaurantes, que son redondas, bajitas y con cuatro asientos de colores llamativos, que dicho sea de paso, están anclados al suelo y no hay quien los acerque a la mesa para comer. Pues cuando se sentaron, la mujer puso dos chaquetas en el respaldo del asiento y se dispuso a comer con su familia. Entonces las dos chaquetas se cayeron al suelo en el preciso momento que pasaba por el pasillo una niña. Era pequeñita, quizá tendría tres años, no se si llegaría. Vestía un peto vaquero y medias rojas, y tenía una melena llena de tirabuzones. Con cara de sorpresa se quedó mirando las dos chaquetas que se acababan de caer a sus pies. Y entonces pensé: -Ya está, les va a pasar por encima y a tomar por el saco el mundo!!!
Y con su cara de ángel, recogió las dos prendas, que abultaban más que ella, y con expresión tímida se las entregó a la pareja en cuestión, que se quedaron con la misma cara de bobos que yo, y con una caricia en la cara se lo agradecieron con un cálido: “gracias cariño”.Y miraron a los papás de la nena que  estaban sentados al lado con una sonrisa en los labios. Y si una nena pequeñita, que sólo piensa en jugar, porque para eso es una niña y es lo que tiene que hacer, se detiene un momento a recoger algo que se le ha caído a alguien al suelo, a mi me parece que es el no va más de la buena educación.
 Puede pareceros una bobada, pero a mi me hizo pensar que no está todo perdido por Dios!!! Aún quedan esperanzas…
Hoy esta reflexión va dedicada a esa niña…y a sus padres!!!

CORRER ENGANCHA

“El día de hoy era como para tirarse por la ventana, la peque tiene días y hoy era uno de ellos. Los que tenéis nenes me entenderéis perfectamente.
Entonces cuando ya la cosa era como para colgarse del palo mayor, a eso de las nueve, pienso: ¡Madre mía, que ganas de correr y no parar hasta Marte! Y sólo se me ocurre meterla en la cama y salir a correr.
A mitad de camino entre mi casa y la playa, ya me di cuenta de que aquello no era para mi, pero como había mucha gente por la calle, me aguanté y seguí corriendo, tenía que llegar por lo menos a la arena.
Y preguntándome: ¿Tú para qué demonios corres si no te persigue nadie?
Cuando por fin llegué a la arena, me senté al borde del mar, con los pulmones que se me salían por la boca y mientras me recuperaba pensaba:
– La gente que corre tanto,¿ por qué lo hará?, ¿Para estar en forma?, ¿Para huir de algo?, ¿O para llegar a alguna parte?.
Y en ese momento me dí cuenta de que yo corría para llegar a ese sitio exactamente, allí estaba mi meta, sentada al borde del mar, con el ruido del agua y a solas con mis pensamientos, completamente relajada y tranquila.
Luego me levanté y caminé despacio por la orilla, paseando, sin correr, disfrutando del momento de paz y soledad. Hacía mucho que no tenía un momento así. De vez en cuando necesitamos esos momentos para reencontrarnos a nosotros mismos.”
Esta reflexión la escribí hace unos cuantos meses, y hoy, después de todo ese tiempo, tengo que rectificar, que además es de sabios, y puedo decir, que ahora corro por lo menos cuatro veces por semana, y que ya encontré cual es mi motivo.
Dicen que correr es cosa de cobardes, pero para mi, es una manera de liberar tensiones, de dejar atrás malos pensamientos, de sentir que vale la pena esforzarse. Descubrí que tengo un instinto de superación infinito, y que aunque siempre he pensado que no era una persona nada perseverante, resulta que si que lo soy. Y si señores, correr engancha, y mucho!!!!

PIEL DE GALLINA

Aunque este es el título de una película ambientada en Asturias, que por cierto me encanta, porque es muy divertida, no es el motivo de mi reflexión de hoy.
La reflexión va sobre las cosas que nos ponen “la piel de gallina”.
Esta pasada Primavera, fuimos a ver a “Los Peques de León de Oro”. Para los que no los conozcáis, es un coro de 48 niños, creado en el año 2000 en Asturias. Si tenéis oportunidad, no dejéis de ir a verlos porque merece mucho la pena.
Bueno pues como decía, les estuvimos viendo y escuchando aquí al lado de casa con motivo de un certamen de masas corales que se celebra todos los años.
Hay gente que necesita emociones fuertes en su vida, subidas de adrenalina que le pongan un nudo en el estómago y la piel de gallina, riesgo, peligro…
Pero yo os puedo asegurar, que no hace falta tirarse en paracaidas, para que algo te ponga la piel de gallina, sólo hay que “sentir” con mayúsculas, para que algo te emocione de verdad.
Que te reconozcan tu trabajo efusivamente, que te abrace tu hija y te diga que te quiere, sentarte a la orilla del mar en calma total y sentir que no hay nada más, o escuchar 48 maravillosas voces de niños cantando a la vez…¡Eso si que pone la piel de gallina!