FRAGMENTOS DE UNA VIDA, O DOS.

«Esto tienes que escribirlo» –dijo mientras se miraban antes de dormirse y pensó que no sabría encontrar la palabras necesarias para contar lo que estaban viviendo.

Había tenido una vida plena en experiencias afectivas pero no imaginaba que a su edad fuera capaz de vivir y sentir todo el torrente de emociones que le embargaba desde que se conocieron.

Si unos meses atrás le hubieran dicho que se iba a enamorar de aquella forma, se habría reído con ganas.

Un mente hecha para los números, para los negocios, para las decisiones complicadas en cuestión de segundos, no albergaba siquiera la idea remota de que podía existir el amor a corazón abierto.

En su juventud tuvo experiencias claro y en la edad adulta,ya formalizada su vida, todo ocurrió según los parámetros establecidos, sin sobresaltos, boda, hijos, lo normal.

Y entonces ocurrió.

Se encontraron y se amaron.

Sus reservas de ternura, nunca antes exploradas ni explotadas, fueron inagotables, sorprendiéndoles cada vez que se amaban hasta el llanto emocionado.

Nunca antes la ternura y nunca antes la pasión. Nunca tanta piel añorada, nunca excelsas caricias después de amarse. Nunca antes, deseó terminar de amar para empezar a acariciar.

Entonces fue cuando descubrió que hasta que tocó su piel, sus manos estuvieron vacías.

Sintió miedo, pánico, incertidumbre. Sintió dolor, pavor ante lo inevitable. Todo fueron preguntas y la única respuesta y la única certeza fue que se amaban. Nada más y nada menos.

Despertaron horas después, sudorosos, sus cuerpos pegados, adheridos a la otra piel, ajada ya por el paso del tiempo. El olor impregnando las sábanas, se abrazaron sabiendo que eran la tabla de salvación del otro y que jamás se sentirían solos porque tenían a otro viviendo bajo su piel. Volvieron a dormirse pensando en su amor crepuscular, como les gustaba llamarlo.

Y soñaron…

Fragmentos de una vida

Ana Fernández Díaz

Autor: Ana Fernández

Jamás olvidaré lo que soy

48 comentarios en “FRAGMENTOS DE UNA VIDA, O DOS.”

  1. Ojalá sea una expresión artística de un hecho real. Nada más bello que la realización del acto íntegro (repto: integro) del amor.
    Me quedo con una bellísima expresión: “Sus reservas de ternura”. Todo lo que puede decirse está dicho allí. Cuando nos encontramos en un impasse, en un intermedio entre dos relaciones, nuestra ternura está siempre allí, lista para quien quiera recibirla a manos llenas.
    Quién fuera una copa de plata para contener tanto…
    Un fuerte abrazo.

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    1. !Ay Roberto! Qué bien sabes tú de lo que hablo. Cómo nos entendemos. Es una expresión artística si y sólo espero haberme expresado bien.
      En cuanto a las reservas de ternura he de decir que hay quien sabe de la suya y la prodiga pero cuando uno no es consciente de su capacidad para la ternura y de repente lo descubre, creo que entra en un universo desconocido.
      Muchas gracias por venir como siempre. Un besazo.

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      1. Insisto en la belleza y la certeza de esa expresión “Reservas de ternura”. En ese sentido los hombres están más complicados, ya que en general han sido criados bajo el espectro de una “masculinidad” mal entendida; de esa manera se pierden una parte importantísima de lo que puede ser una relación maravillosa. Saber que todos tenemos una enorme capacidad para la ternura y que debemos estar atentos para volcarla en manos de quien lo merece es una pequeña forma de sabiduría.
        Seguiré viniendo, claro está.
        Besos miles.

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  2. Cuantas llaves desveladas a través de las caricias, esas que intuyo tan especiales que transforman la piel en… tu campo de espigas preferido.
    Me alegro mucho de que el amor sea el centro de tu relato… y de tu nueva vida.
    Yo, como todos, te extrañaba.

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      1. Cerca lo que se dice cerca… teniendo en cuenta algunas rutas de aviones comerciales y que estos vuelan conmigo dentro a unos 10 o 12 kilómetros de altura, pues si, se puede decir que alguna vez he estado a poquitos kilómetros de tu tierra.
        Es todo un lujo para mi tener este pequeño espacio en tu blog. Un abrazo de los buenos.

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  3. No soy yo quien para decir nada; yo, un descreído en cuanto a eso que quienes engendráis poemas llamáis amor; yo, que no profeso mayor emoción que la vital supervivencia; pero esa carencia emocional no me impide valorar ese “Entonces fue cuando descubrió que hasta que tocó su piel, sus manos estuvieron vacías”, esa forma de evidenciar que una vida llena de experiencias, una existencia que se cree plena, puede quedarse en nada en el preciso instante en que reconoces el fragmento que perdiste hace siglos.

    Creo que como siga leyéndote voy a mutar en algo terrorífico, Ana. El antagonista entre yo y yo mismo.
    Feliz retorno.

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    1. Ese cambio está en proceso. La mutación es ya inevitable. Tanto si me lees como si no, estás en ese camino sin retorno. Y de la misma manera que reconoces el fragmento perdido hace siglos, reconocerás la piel añorada antes incluso de tocarla y encontrarás en tu interior la ternura que tu descrédito ignoraba. Estás perdido Peter de mi corazón. Al borde del abismo sujeto por sabe dios qué hilos a sabe dios qué árboles.
      Bienvenido de nuevo.

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