TE ENCONTRÉ

La encontré bajo una mesa. Se había escondido. Llevaba varios años allí.

Una vez fue vital, divertida, simpática, alegre, enérgica.

Arrastraba una gran fuerza interior que ni conocía, casi tan grande como su sonrisa permanente, que a veces no le llegaba a los ojos.

Era una leona disfrazada de gacela.

Y su capacidad de amar era infinita.

Sabía curar heridas.

Enamoraba su sentido práctico para decir: “Las cosas son así, quedémonos con lo bueno”.

Y en algún momento del camino, se perdió. No supo cómo.

La rutina dejó paso al aburrimiento. La apatía se instaló en su vida.

El abandono de ilusiones, la falta de reconocerse a sí misma y valorarse a costa de que dejaran de reconocerla y valorarla.

Yo la encontré allí acurrucada, casi escondida.

Le ofrecí la mano, pero no confiaba. Creyó que no podía salir. Las piernas estaban entumecidas de permanecer tanto tiempo agachada.

Me dediqué a cuidarla, a mimarla.

Fueron horas leyéndole, cantándole, intentando sacar su luz afuera, que no sólo no se había apagado, sino que era capaz de iluminar una ciudad entera.

Y cada pequeño gesto fue un aprendizaje.

Hubo momentos duros.

Cuando conseguí que estirase las piernas un poco, dolían, el hormigueo le hacía padecer calambres. Pero aguantó el dolor.

Luego fueron los brazos, y después el resto del cuerpo.

Y tres años después conseguí que saliese de su encierro.

Una manta, cosida por cada mano amiga, la protegió del frío, y cada una de esas manos le sirvió de bastón por si tropezaba.

Recordó que antes pintaba, leía, escribía, escuchaba música.

Y entonces descubrió que sólo ella podía curarse a sí misma, con ayuda de esas manos pero desde dentro de sí.

Y entendió que reconocerse y valorarse era la mejor manera de caminar.

Y cuando se cuidó a sí misma, entonces empezó a cuidar de los demás.

Y un día alguien le preguntó si no se cansaba de atender, cuidar, proteger, escuchar.

-Jamás,  respondió, porque esa era su misión en la vida.

 

 

Autor: Ana Fernández

Jamás olvidaré lo que soy

18 comentarios en “TE ENCONTRÉ”

  1. Lo único que le faltaba para volver a ser feliz, era encontrarse a si misma. Muy tierno y transmite sensaciones. Saludos, te invito a visitar mi blog.

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  2. Qué bonito, por favor. Nunca dejes de cuidarte ni de valorarte. Cuidar a los demás ya lo haces, y además estupendamente. Eres un amor. Me alegro de que te hayas encontrado y del resultado obtenido, aunque hayas tardado un poco. Besitos.

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  3. Qué difícil es encontrar lo que se ha perdido! Pero qué alegría más grande cuando aparece! Ese camino de perderse y encontrarse es lo que se llama experiencia y madurez en la vida. Muchas personas, por muchos años que vivan, jamás tendrán ni la madurez ni la experiencia que tú tienes Ana. Gracias por compartirlo. Y hasta ahora solo he hablado del “fondo” de la entrada. Ahora queda por hablar de la “forma”. En todas tus entradas destilas una sensibilidad que, como se ha comentado antes, “eriza la piel” y eso muy pocas personas lo consiguen Ana, y tú eres una de ellas!!!
    Que tesoro es tu blog!!!

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    1. Si, es muy dificil. A veces adquirir esa experiencia es duro pero forma parte del juego. Gracias a ti dedicar tu tiempo a leerme y por tus siempre generosos comentarios. Con lectores como tú, merece la pena seguir escribiendo. Gracias y mil besos.

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